En 1946 Argentina introdujo 20 castores para crear una industria peletera: casi 80 años después hay más de 70.000 diques inundando el bosque subantártico
En 1840 llevaron el primer camello canario a Australia para explorar el desierto: 186 años después han invadido el país
En 1982 reintrodujeron asnos en el desierto, y 40 años después han conseguido reforestar el ecosistema
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La introducción de apenas 20 castores en Tierra del Fuego terminó transformando los ecosistemas australes. El objetivo inicial era crear una industria peletera, pero los animales encontraron un territorio sin depredadores naturales y con abundantes recursos.
Décadas después, sus diques han alterado bosques, cursos de agua y suelos en Argentina y Chile.
De 20 castores introducidos en 1946 a una expansión por Tierra del Fuego
Argentina introdujo en 1946 veinte ejemplares de castor canadiense (Castor canadensis) procedentes de América del Norte. El propósito era establecer una población silvestre destinada a la producción peletera Sin embargo, la actividad económica no prosperó y los animales terminaron extendiéndose por el archipiélago.
El Gobierno de Argentina explica que la especie encontró unas condiciones especialmente favorables para multiplicarse: abundancia de agua y alimento y ausencia de depredadores naturales como osos y lobos. Su expansión alcanzó la totalidad de la Isla Grande de Tierra del Fuego y varias islas chilenas.
Según el mismo organismo, la población llegó a superar los 100.000 ejemplares durante las décadas posteriores a la introducción. Además, el 95% de las cuencas de Tierra del Fuego presenta colonización por castores, una extensión que permite entender la dimensión territorial del problema.
¿Cuántos diques han construido los castores en Tierra del Fuego?
Los castores modifican el entorno mediante la construcción de diques con troncos y ramas. Estas estructuras ralentizan o bloquean el agua y generan zonas inundadas alrededor de los cursos fluviales. El efecto no se limita a la superficie ocupada directamente por cada represa.
Un estudio difundido por el CADIC-CONICET identificó 206.203 diques de castor mediante el análisis de imágenes por satélite. De ellos, 100.951 se encontraban en el territorio argentino del archipiélago y 105.252 en el chileno.
La investigación, publicada en PLOS ONE, señala además que más del 75% de las estructuras se concentraban en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Los bosques reunían casi el 80% de los diques registrados, mientras que otros ambientes, como estepas y zonas de transición, presentaban una ocupación menor.
¿Cómo afectan los diques al bosque subantártico?
La construcción de estas represas cambia el flujo natural de los arroyos, acumula sedimentos y provoca inundaciones. Las áreas anegadas pueden convertirse en espacios donde las especies vegetales propias del bosque dejan de sobrevivir y aparecen comunidades diferentes.
El Gobierno argentino estima que el castor afecta unas 30.000 hectáreas de bosque nativo, equivalentes al 4% de esa superficie. Entre las especies perjudicadas figura la lenga (Nothofagus pumilio), característica de los bosques australes.
Argentina y Chile buscan frenar la expansión del castor
La expansión de esta especie exótica invasora ha obligado a plantear medidas de control y restauración. Argentina y Chile suscribieron un acuerdo binacional para contener el avance continental, controlar las poblaciones existentes y recuperar los ecosistemas afectados. El proyecto argentino contempla áreas piloto donde se han realizado actuaciones de remoción y restauración.
El problema, casi ocho décadas después de aquella introducción, ya no consiste únicamente en controlar una población animal. Los diques han modificado cursos de agua y bosques en un ecosistema especialmente vulnerable a una especie que no formaba parte de su evolución natural.