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No está al borde de la extinción, pero España ha perdido millones de ejemplares de una de sus aves más conocidas en las últimas décadas

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Recreación de una golondrina común posada junto a un nido de barro en una construcción rural.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

España ha perdido cerca de 15 millones de golondrinas comunes en las últimas dos décadas, una reducción de casi el 45% de su población, según los datos del programa Sacre de SEO/BirdLife. La organización calcula que el país pierde una media de un millón de ejemplares al año, lo que ha llevado a incluir a esta ave en el Libro Rojo de las Aves de España dentro de la categoría de vulnerable.

La golondrina común (Hirundo rustica) no está al borde de la extinción, pero su declive ya es comparable al de especies como la cigüeña negra o el buitre negro, según los criterios de la UICN. En Europa la caída es todavía mayor: los datos del European Bird Census Council señalan un descenso del 35% entre 1990 y 2011 en el conjunto del continente.

Por qué está en declive la golondrina común en España

El uso masivo de insecticidas en el campo elimina las moscas, mosquitos y otros insectos voladores de los que se alimenta esta ave, su única fuente de energía. Los pocos insectos que sobreviven suelen estar contaminados con pesticidas, lo que perjudica la salud de las golondrinas y reduce su éxito reproductivo.

El despoblamiento rural ha cerrado miles de explotaciones ganaderas tradicionales, establos y parideras donde antes construía sus nidos de barro. Los edificios rurales modernos, además, utilizan materiales lisos como metal o cristal y diseños cerrados que impiden que el barro se adhiera a las paredes o que las aves puedan entrar a refugiarse.

A estas causas se suma la destrucción deliberada de nidos, tanto en pueblos como en zonas residenciales, muchas veces por las molestias que generan los excrementos o el ruido. Esta práctica está prohibida por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y constituye un delito tipificado en el Código Penal desde 2015, con multas de entre 3.001 y 200.000 euros.

Qué se está haciendo para frenar el declive de la golondrina común

En el ámbito urbano y arquitectónico se están instalando nidos artificiales de cerámica o serrín prensado en fachadas, porches y garajes, allí donde los nidos naturales han sido destruidos o el barro ya no se adhiere. También se colocan repisas antifiltración a unos 30 centímetros por debajo del nido para recoger los excrementos y reducir las quejas vecinales, y se fomenta que los nuevos edificios rurales mantengan aleros, vigas de madera expuestas o pequeñas aberturas que permitan el paso de las aves.

En el campo, las administraciones impulsan la reducción de fitosanitarios y la agricultura ecológica para recuperar las poblaciones de insectos, además de apoyar económicamente a las granjas de ganadería extensiva, cuyos establos abiertos ofrecen el hábitat idóneo para que las golondrinas encuentren insectos y refugio. Algunas iniciativas locales habilitan también pequeñas charcas temporales cerca de los núcleos de cría para que las aves dispongan de barro con el que construir o reparar sus nidos.

La ley ampara además a la especie de forma estricta: retirar un nido, incluso vacío o fuera de la época de cría, exige tramitar un permiso ambiental autonómico y hacerlo siempre fuera del periodo de reproducción.

SEO/BirdLife, por su parte, mantiene programas de ciencia ciudadana en los que miles de voluntarios censan y vigilan las colonias urbanas para detectar agresiones y proteger los núcleos de cría activos.

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