Manolete, torero: «De la vida no conozco nada y cuando me retire, empezaré a saborearla sin estas malas preocupaciones»
El primer torero español
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Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, conocido popularmente como Manolete (Córdoba, 4 de julio de 1917-Linares, 29 de agosto de 1947), fue un torero español considerado una de las grandes figuras de la tauromaquia y uno de los maestros más destacados de la década de 1940. Falleció en el Hospital de San José y San Raimundo de Linares después de sufrir una grave cornada provocada por el toro Islero, de la ganadería Miura, durante una corrida celebrada en la plaza de toros de Linares.
Su muerte lo convirtió en uno de los grandes mitos de la España de la posguerra. Reconocido como el «cuarto Califa del Toreo», Manolete está considerado uno de los toreros más influyentes de la historia y una figura fundamental de la tauromaquia. Su forma de torear, caracterizada por la elegancia y la verticalidad, supuso una importante evolución en el uso de la muleta, con un estilo basado en torear de frente y citar de perfil.
«De la vida no conozco nada y cuando me retire, empezaré a saborearla sin estas malas preocupaciones»
«Nuestras horas de la temporada son una permanente tortura, siempre con una interrogación en el cerebro: «¡Dios mío!» «¡Cómo quedaré en esta corrida?» «¿Me matará un toro en esta tarde?» «¿No volveré a ver más a mi madre?» Y sin poder disfrutar de nada, porque todo nos está prohibido. Yo he cumplido precisamente treinta años, y puede decirse que de la vida no conozco nada; ¡pero lo que se dice nada! Cuando me retire, empezaré a saborearla sin estas malas preocupaciones que le crea a uno el oficio: «¡Manolo, no bebas!»… «¡Manolo, no trasnoches!»… «¡Manolo, fumas demasiado!»… «¡No comas, que tienes que torear!»… «¡No hables tanto con esa mujer, porque te hace daño y te cambia las ideas de tu profesión!»… «¡Esa gachi te trae mala pata!»… ¡En fin; un suplicio!», recoge Plaza de la Lagunilla.
Detrás de estas palabras aparece un hombre que, pese a encontrarse en la cima de su carrera, sentía que había renunciado a buena parte de su vida personal. Precisamente, Manolete hablaba de las prohibiciones y los consejos que formaban parte de su día a día: no beber, no trasnochar, controlar el tabaco o cuidar la alimentación.
A todo ello se añadía una preocupación mucho más profunda. Cada corrida implicaba enfrentarse a un animal que podía causarle una lesión grave o incluso acabar con su vida. La paradoja es que hablaba de una vida futura que apenas tendría oportunidad de conocer. Su intención de retirarse y empezar a disfrutar de aquello que se había negado durante años quedó truncada poco después.
Con su muerte, aquellas palabras adquirieron una dimensión simbólica: cuando pensaba en el futuro, imaginaba una etapa en la que por fin podría vivir sin las obligaciones y los temores que había soportado durante su carrera.
Biografía
Manolete era hijo de un torero que también utilizaba el apodo de Manolete y de Angustias Sánchez, conocida popularmente como «doña Angustias». Debutó como novillero en Cabra, Córdoba, el Domingo de Resurrección de 1933. En aquella jornada compartió cartel con Bebé Chico y la torera Juanita Cruz. Un año antes había pasado brevemente por la escuela taurina de Montilla, donde llegó a lidiar su primera becerra.
Después de la Guerra Civil, tomó la alternativa el 2 de julio de 1939, cuando tenía 21 años, en la Real Maestranza de Sevilla. Meses más tarde, el 12 de octubre, confirmó la alternativa en la plaza de Las Ventas de Madrid. A finales de noviembre de 1939 se hizo pública una importante propuesta del empresario Domingo González «Dominguín», quien le ofreció 504.000 pesetas por participar en 42 corridas.
En 1943 pasó a encabezar el escalafón taurino. Un año después realizó una de sus actuaciones más destacadas con el toro Ratón, durante la Corrida de la Prensa celebrada en Las Ventas. Su última aparición en Madrid tuvo lugar el 16 de julio de 1947, durante la tradicional Corrida de la Beneficencia, presidida por Francisco Franco.
El 28 de agosto de 1947, Manolete se presentó en la plaza de toros de Linares junto a Luis Miguel Dominguín y Rafael Vega de los Reyes «Gitanillo de Triana II». Durante aquella corrida sufrió una grave cornada del quinto toro de la tarde, Islero, un ejemplar de la ganadería Miura que pesaba 495 kilos. El pitón alcanzó su muslo derecho y provocó una lesión de extrema gravedad.
Tras el percance fue trasladado al Hospital de San José y San Raimundo de Linares, donde murió en la madrugada del 29 de agosto de 1947 a consecuencia de las heridas sufridas durante la corrida. Fue enterrado ese mismo 29 de agosto en el panteón de la familia Sánchez de Puerta, amigos cercanos del torero. Allí permanecieron sus restos durante algo más de cuatro años, hasta que el 15 de octubre de 1951 fueron trasladados al mausoleo construido en su memoria por el escultor Amadeo Ruiz Olmos. Desde entonces, Manolete descansa en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud de Córdoba.