José González, experto en plantas y jardinería: «Si cortas el césped en verano, asegúrate de no dejarlo nunca a menos de 4 cm de altura»
Muchos creen que para cuidar el césped en verano basta simplemente con regarlo frecuentemente. Y en la misma línea, estos mismos propietarios de jardines cometen un error que parece razonable en pleno calor: cortar la hierba muy corta para no tener que pasar el cortacésped tan seguido. Sin embargo, ese gesto tiene el efecto contrario al que se busca.
El jardinero José González, con años de experiencia en el mantenimiento de jardines particulares, ha puesto el foco en un límite muy concreto que pocos respetan al cortar el césped en verano. Según explica, bajar de cierta altura convierte una tarea rutinaria en un problema serio para la salud de la hierba.
Los cuatro centímetros que José González marca como límite para el césped en verano
La recomendación de González es clara: «Asegúrate de no dejarlo nunca a menos de 4 cm de altura» al cortar el césped en verano. Por debajo de esa medida, según el jardinero, la hierba queda expuesta a un estrés severo, sufre quemaduras por el sol directo y termina necesitando bastante más agua para recuperarse.
Y ojo, porque no es una cifra arbitraria. Cuatro centímetros funcionan como una especie de suelo mínimo de seguridad: por debajo de esa altura, cualquier ola de calor o cualquier día sin riego puede dejar marcas visibles en forma de zonas amarillas o directamente calvas en el jardín.
La recomendación sirve como referencia general para las variedades de césped más comunes en los jardines españoles, tanto las de clima frío (festuca, ray-grass) como las de clima cálido (bermuda o grama), aunque estas últimas suelen tolerar algo mejor un corte bajo gracias a su forma de crecer en horizontal, mediante estolones, en lugar de hacerlo solo hacia arriba.
¿Por qué cortar el césped muy corto en verano perjudica también a las raíces?
La razón tiene que ver con algo que ocurre bajo tierra y que no se ve a simple vista. La longitud de las raíces del césped está directamente relacionada con la altura de la parte visible de la planta: cuanto más se recorta la hierba, menos profundas crecen las raíces, y unas raíces poco profundas aguantan mucho peor la falta de agua.
A eso se suma otro problema. Cuando la hierba es muy corta, el suelo queda directamente expuesto al sol, y el agua que hay bajo la superficie se evapora con rapidez.
La hierba más alta, en cambio, actúa como una sombrilla natural. ¿Cómo es esto? Pues tapa la tierra, reduce la evaporación y mantiene la humedad varias horas más que un césped recién rapado.
¿Qué pasa en el jardín cuando el suelo queda sin protección?
Un césped demasiado corto, además de secarse antes, se vuelve más vulnerable a las malas hierbas. En cuanto la hierba deja huecos entre sí, el suelo desnudo se convierte en el sitio perfecto para que germinen semillas de plantas invasoras, que compiten por el agua y los nutrientes que necesita el propio césped.
Por eso algunos jardineros van incluso más allá del mínimo de cuatro centímetros que marca González y recomiendan subir la altura de corte hasta los siete u ocho centímetros durante las semanas más calurosas del verano, precisamente para dar todavía más sombra a la raíz y aguantar mejor los picos de calor extremo.
El suelo desnudo tiene, además, otro problema añadido: al recibir el sol de forma directa, su temperatura sube mucho más rápido que la de una tierra cubierta de hierba, y ese calor extra llega hasta la zona donde viven las raíces.
Una diferencia de varios grados en el sustrato puede ser justo lo que decida si una raíz debilitada sobrevive a una tarde de calor o se seca del todo.
Cómo cortar el césped en verano sin castigar la hierba
La altura importa, sí, pero no es lo único. Cortar con una cuchilla poco afilada desgarra la punta de la hierba en lugar de seccionarla limpiamente, y esas puntas rotas se secan antes y abren la puerta a hongos y enfermedades. Revisar el filo del cortacésped antes de cada temporada evita ese problema.
Tampoco conviene cortar demasiado de golpe: la regla habitual entre jardineros es no eliminar nunca más de un tercio de la altura total de la hierba en un solo corte, aunque el césped lleve semanas sin pasar la máquina.
Y conviene evitar las horas centrales del día, cuando el calor sobre una hierba recién cortada añade todavía más estrés a una planta que ya está al límite.
Dejar puesta la cuchilla afilada y respetar esos cuatro centímetros de mínimo son, al final, dos gestos sencillos que marcan la diferencia entre un césped que aguanta el verano entero y otro que empieza a mostrar calvas ya en julio.