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Los biólogos no quieren verlo pero en realidad es una amenaza: está transformando los bosques de Baleares en masas fósiles sin futuro

Baleares
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Recientemente, el Colegio de Ingenieros de Montes de Baleares ha señalado que las cabras asilvestradas se comen las encinas jóvenes en las islas, impidiendo que los encinares se regeneren de forma natural. En un comunicado, la entidad ha señalado que «hacen falta actuaciones urgentes, contundentes y prioritarias en encinares, zonas quemadas y áreas sensibles de biodiversidad». Así, han explicado que la proliferación de rebaños de cabras sin una gestión adecuada y en altas densidades está limitando, de forma silenciosa pero constante, la regeneración natural de numerosas zonas forestales. Desde el punto de vista ecológico, esto deriva en una falta de renovación del monte o en la expansión del matorral en determinadas áreas, lo que incrementa su fragilidad y vulnerabilidad.

En este contexto, es importante no confundir la cabra salvaje mallorquina con las cabras asilvestradas, que ocasionan daños a la vegetación y a las especies endémicas. Una de las principales características morfológicas de esta última es que siempre tiene cuernos; muy grandes, abiertos y en espiral en los machos, y en forma de arco, más pequeños, paralelos y no espiralados en las hembras. Asimismo,  presentan un color rojizo de fondo, y negro en la cruz, parte de la cola, interior de los muslos, pezuñas y barriga.

El problema de la cabra asilvestrada en las Islas Baleares

«La cabra es la principal plaga de las Islas Baleares después del hombre. La densidad de la cabra está causando graves daños a los ecosistemas forestales, porque es, en mucho, superior a la ideal. En el inventario de cabras realizado en 1993 se calculó una población en la Sierra de unas 20.000 cabras. Hoy en día (14 años después) la población ha podido duplicarse. Es necesario e imprescindible reducir a una población adecuada (1.000-1.500 ejemplares), para poder garantizar la supervivencia del bosque.

La cabra se come toda la regeneración existente y provoca que los bosques sean «bosques fósiles», además en verano, arranca la corteza de los pinos y de otras especies como los olivos, e incluso, las plantas de jardín , debilitándolas y permitiendo la entrada de plagas y enfermedades, que pueden causar la muerte de las plantas y del bosque a medio o largo plazo (como el encinar fósil de Son Moragues, Valldemossa). No se debería hacer ninguna repoblación forestal sin antes impedir cualquier acceso de la cabra a la zona repoblada. Los protectores metálicos son una solución provisional que no acaba con el problema», detalla el Servicio de Sanidad del Gobierno de las Islas Baleares.

Según los ingenieros forestales de Baleares, los efectos de la presencia descontrolada de cabras «afectan de forma significativa a especies endémicas, zonas recientemente quemadas, repoblaciones forestales y otras áreas especialmente sensibles». Asimismo, consideran que no es válida la comparación con la presencia histórica del Myotragus, ya que Mallorca «no es la misma de hace miles de años». También matizan que el papel de las cabras en la prevención de incendios es discutible, puesto que, al no estar gestionadas mediante pastoreo, consumen la vegetación de forma descontrolada, reduciendo el combustible vegetal sin seguir criterios técnicos de gestión forestal.

Encinares

Los ingenieros han advertido en un comunicado del impacto negativo que están generando las poblaciones de cabras asilvestradas en distintas zonas forestales de la isla, donde su presencia se ha «enquistado» en los últimos años.

Es el caso de numerosos encinares, donde apenas se observan brotes jóvenes procedentes de bellota o renuevo, ya que son consumidos de forma constante, lo que impide su regeneración natural. Esta situación resulta especialmente preocupante en bosques no gestionados o afectados por otras plagas, según han señalado desde la entidad colegial.

Algo similar ocurre en áreas afectadas por incendios, donde en algunos casos no ha sobrevivido ningún pino de los que germinaron tras el fuego. En otros, el impacto recae sobre especies endémicas o singulares, así como en zonas recientemente repobladas, donde la totalidad de los ejemplares plantados ha resultado dañada, tal y como han explicado desde el Colegio de Ingenieros de Montes en Baleares.

En la mayoría de los casos, se trata además de espacios naturales protegidos. En este contexto, han precisado que la cabra asilvestrada, pese a ser una especie doméstica, ha ido colonizando progresivamente el medio forestal hasta adaptarse a él, alcanzando densidades superiores a la capacidad de carga del ecosistema y generando un claro desequilibrio.

Asimismo, han advertido de que su control presenta importantes dificultades. Entre ellas, la presencia de amplias zonas de titularidad privada y de difícil acceso, así como la escasez de recursos destinados a su diagnóstico y gestión. Todo ello, sumado a que se trata de un problema que implica a distintas administraciones, complica aún más su abordaje.

Finalmente, concluyen que «debería de ser compatible el control poblacional dirigido y contundente, con el aprovechamiento cinegético y con la gestión activa de parte de las poblaciones existentes, convergiendo todos los intereses, especialmente de conservación de la biodiversidad».

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