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Un agricultor combina ciencia y naturaleza para aumentar un 15% la producción de sus cultivos: las abejas eran la clave

abeja
Abeja.

La abeja, tradicionalmente asociada a la miel y a la biodiversidad, se convirtió en la pieza clave de un experimento agrícola a gran escala en Brasil. En un campo de soja considerado autopolinizante, un agricultor decidió introducir millones de abejas de forma planificada para comprobar si su presencia podía traducirse en un aumento real de la productividad, combinando ciencia aplicada y procesos naturales.

El experimento se desarrolló en pleno corazón agrícola de Brasil y no tuvo nada de simbólico. Millones de abejas fueron introducidas con un objetivo claro: comprobar si la polinización asistida puede traducirse en un aumento real de la productividad, incluso en un cultivo que no depende de agentes externos para reproducirse.

Millones de abejas en un campo de soja: cómo se diseñó el experimento

La experiencia tuvo lugar en Montividiu, en el estado de Goiás, una de las regiones agrícolas más productivas del país. Allí, un productor decidió aplicar la técnica de polinización asistida en 250 hectáreas de un total de 2.500, es decir, en el 10 % de su superficie cultivada con soja.

La elección no fue casual. Trabajar sobre una fracción del terreno permitió realizar una prueba controlada, con una escala lo suficientemente grande como para generar resultados medibles, pero sin comprometer la totalidad de la producción. En términos agrícolas, se trató de una apuesta calculada entre innovación y gestión del riesgo.

Para cubrir esas 250 hectáreas se introdujeron aproximadamente 25 millones de abejas, distribuidas en colmenas colocadas estratégicamente. Cada una de ellas estaba pensada para cubrir un área estimada de 5.000 metros cuadrados, lo que permitió garantizar una presencia constante de polinizadores en toda la zona intervenida.

Por qué usar abejas en un cultivo que se autopoliniza

La soja es conocida por su capacidad de autopolinización, pero eso no significa que alcance siempre su máximo potencial productivo. La lógica detrás del experimento parte de esa diferencia: poder reproducirse sin ayuda externa no implica hacerlo de la manera más eficiente posible.

La polinización asistida funciona como un refuerzo del proceso natural. Al aumentar la actividad de los insectos en el campo, se intensifica el contacto con las estructuras reproductivas de las plantas, lo que puede traducirse en un mejor rendimiento final. El objetivo no es reemplazar la autopolinización, sino potenciarla.

Esta idea no surge de la intuición, sino de antecedentes científicos. Una publicación de 2023 de la empresa brasileña Embrapa ya había señalado que la presencia de abejas en cultivos de soja podía generar incrementos de productividad de entre el 15 % y el 20 %. El ensayo de Montividiu busca comprobar esos datos en condiciones reales de producción.

Un debate abierto sobre el futuro de la soja

Aunque la polinización asistida es una práctica habitual en cultivos como el melón, la sandía o el aguacate, su aplicación en la soja sigue generando debate. Precisamente por eso, la experiencia de Montividiu despierta interés: traslada una técnica conocida a un cultivo que muchos consideraban cerrado a este tipo de intervenciones.

Más allá de los resultados finales, el experimento plantea una pregunta clave para el sector agrícola: si un cultivo autopolinizante puede mejorar su rendimiento con un manejo biológico planificado, ¿hasta qué punto se están desaprovechando procesos naturales optimizables?

En el corazón de Brasil, millones de abejas trabajan ahora como parte de una estrategia productiva que une ciencia y naturaleza. No como un gesto simbólico, sino como una apuesta concreta por redefinir los límites de la agricultura a gran escala.

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