Madrid

Podría ser una cala de Baleares pero esta joya oculta está al lado de Madrid: aguas turquesas y naturaleza

Madrid naturaleza
Embalse del Bolarque. (Foto: iStock)
Blanca Espada

Quien vive en Madrid está acostumbrado a escapadas rápidas a la sierra, a los embalses más conocidos o a los senderos que rodean la capital. Pero lo cierto es que lo mejor, tal vez, está un poco más allá. En concreto, a una hora de Madrid se encuentra toda una joya con aguas cristalinas y en plena naturaleza que nada tiene que envidiar a las calas de Baleares o de cualquier destino de costa.

De hecho, muchos madrileños pasan años sin saber que existe. No aparece en los listados habituales ni tiene el nombre mediático de otros enclaves, y quizá por eso conserva ese aire de sitio escondido. El paisaje cambia de golpe cuando uno se acerca a la zona, y entre las montañas emerge un escenario de agua que podría confundirse con cualquier rincón azul del Mediterráneo. Quien lo visita por primera vez suele quedarse en silencio en cuanto lo ve. Y no es solo por el color del agua, sino por la forma en la que encaja en un barranco, la tranquilidad que hay a su alrededor y la sorpresa de encontrar algo así entre Cuenca y Guadalajara. Ese impacto inicial es parte del encanto del embalse de Bolarque, un destino perfecto para quienes buscan un respiro sin alejarse demasiado de Madrid.

La joya oculta que está al lado de Madrid con aguas turquesas y naturaleza

El embalse de Bolarque está justo en la zona donde Cuenca y Guadalajara se tocan, un punto del mapa que sorprende porque el paisaje empieza a cambiar sin previo aviso. Al dejar atrás la llanura aparecen montes más cerrados y, de repente, un corte profundo en la roca que anuncia que el agua está cerca. La sierra de Altomira envuelve todo el entorno con sus laderas cubiertas de pinos y sus barrancos estrechos, y ese relieve tan abrupto hace que el embalse quede encajado como si fuera un escenario natural tallado con paciencia. No se parece a la estampa típica del centro peninsular y quizá por eso impacta tanto al llegar.

A pesar de su apariencia remota, llegar es sencillo. Desde Madrid el trayecto ronda la hora en coche, lo que lo convierte en una escapada rápida para quien quiere desconectar sin complicarse demasiado. Es uno de esos lugares que, pese a estar relativamente cerca de la capital, no se ha masificado. Quizá porque durante décadas fue conocido sobre todo por su papel hidroeléctrico: la central de Bolarque, inaugurada en 1910, regulaba las aguas del Tajo en un punto clave del sistema y actuaba como antesala del trasvase Tajo–Segura.

Por qué el embalse de Bolarque tiene aguas turquesas

Lo primero que llama la atención es el color del agua. Ese tono azul intenso, casi caribeño en algunos tramos, tiene su explicación. La zona funciona como un corredor ecológico encerrado entre paredes rocosas que favorecen un pequeño microclima, más cálido de lo que correspondería por ubicación. La luz cae de forma distinta, rebotando en la piedra clara y creando reflejos que intensifican el color del agua.

A ello se suma la propia naturaleza del terreno y la procedencia del agua, muy limpia y con escasa sedimentación visible. El resultado es un embalse que nada tiene que envidiar a paisajes mediterráneos. No es casual que muchos visitantes lo comparen con calas baleares o incluso con escenarios del norte de Cerdeña.

El entorno, además, es especialmente singular. La mezcla entre raíces levantinas y alcarreñas genera una variedad de vegetación inusual y podemols encontrar especies como el pino carrasco o la sabina negra y matorrales aromáticos que cubren las laderas. Ese contraste de verdes y azules crea una estampa que cuesta relacionar con el interior peninsular.

Qué se puede hacer allí

Uno de los grandes atractivos del embalse es que permite disfrutar del agua sin la presión del turismo masivo. Quien busca tranquilidad puede limitarse a pasear por la orilla, sentarse en un embarcadero o simplemente mirar cómo el sol cambia el color del agua a lo largo del día. Pero también es un espacio perfecto para quienes prefieren un plan más activo.

El embalse permite practicar actividades acuáticas como el remo o los paseos en barco, una de las formas más agradables de recorrer el entorno. Al avanzar por el cañón, el visitante se siente casi dentro de un fiordo mediterráneo. Y a diferencia de otros embalses más concurridos, aquí la experiencia suele ser mucho más calmada.

Otra sorpresa es la playa acondicionada en una de las orillas, de fácil acceso y muy apreciada en verano. Aunque estemos hablando de un entorno de interior, el baño es una de las actividades más populares. Y para los aficionados a la pesca, Bolarque es además uno de los puntos más importantes de la región ya que se pueden encontrar lucios que pueden superar los 3,5 kilos, carpas enormes, barbos que rondan los 10 kilos e incluso cangrejos, muy abundantes en la zona.

Y si la idea es seguir explorando tierra adentro, la comarca ofrece más de 525 kilómetros de caminos señalizados distribuidos en 46 rutas distintas. Un laberinto natural que invita a caminar sin prisa, descubriendo miradores, zonas boscosas y barrancos que muestran otro perfil del embalse.

Lo último en España

Últimas noticias