Madrid

Ni el KM 0 ni el Parque del Retiro: 3 sitios de Madrid que sólo conocen los auténticos madrileños

sitios Madrid
Blanca Espada

Madrid es una ciudad que tiene la capacidad de sorprender incluso a quienes llevan años caminando por sus calles. Porque más allá de los lugares que todos conocen, como la Puerta del Sol, el Retiro o la Gran Vía, la ciudad guarda pequeños tesoros que no siempre salen en las guías turísticas ni aparecen en los vídeos de las redes sociales. Rincones que sobreviven al ruido, al turismo masivo y al paso del tiempo, y que los madrileños de verdad se reservan casi como un secreto. Tres sitios de Madrid que puede que no sean los más famosos, pero que una vez descubres no puedes dejar de visitar.

Muchos visitantes creen que lo han visto todo tras pasar por los grandes museos, hacer la típica foto al Oso y el Madroño o recorrer Malasaña en busca de terrazas con encanto. Pero la esencia de Madrid está en otros sitios. Lugares que no necesitan que todo el mundo los muestre en su Instagram o en TikTok porque tienen algo mejor: historia, autenticidad y ese algo difícil de explicar que hace que quieras volver. Así que, si ya has estado en Madrid unas cuantas veces, o si vives aquí y sientes que te falta conocer la ciudad de verdad, apunta bien. Porque hoy no hablaremos del Kilómetro Cero ni del Parque del Retiro. Hoy toca descubrir tres sitios de Madrid que sólo los auténticos madrileños conocen y disfrutan.

Cine Doré

Si vas caminando por la calle Santa Isabel, es fácil que te lo pases sin mirar. Y, sin embargo, ahí está: el Cine Doré, con esa fachada color salmón que parece sacada de otra época. A tan sólo unos pasos del metro Antón Martín, este edificio guarda algo que va mucho más allá de su aspecto llamativo. No es un cine cualquiera. Es un lugar de los que descubres casi de casualidad y una vez lo fichas, ya no quieres dejar de ir.

Dentro te espera la Filmoteca Española y una programación que cambia cada semana: clásicos, películas raras, coloquios, joyas que no verás en ninguna plataforma. Si puedes, elige una proyección en la Sala 1. No es sólo  por la peli. Es el sitio. Un teatro antiguo que se ha conservado con mimo, donde el ambiente hace la mitad del trabajo. Y además, la entrada cuesta sólo 3 euros. Pero eso casi da igual. Lo que vale es la experiencia que como ya sabrás, no se paga con dinero.

El Parque de las Siete Tetas

Dicen que desde aquí se ve todo Madrid. Y es verdad, pero lo mejor no es lo que ves, sino cómo se ve. Este parque está en Vallecas, aunque muchos lo conocen por su apodo: las Siete Tetas. Su nombre real, Cerro del Tío Pío, suena más formal, pero casi nadie lo llama así. Son colinas, siete montículos que parecen puestos a propósito para que te sientes a mirar el horizonte sin que nada estorbe.

Desde lo alto se distinguen las Cuatro Torres, los tejados infinitos, y si el día está claro, hasta la Sierra. Pero no esperes el típico parque con bancos colocados al milímetro ni grupos haciendo ruido. Aquí viene gente del barrio, sobre todo al atardecer. No hay terrazas, ni luces bonitas, sólo silencio, alguna guitarra de fondo y el cielo de Madrid que, cuando se pone naranja, te deja casi levitando. Si subes por la tarde, lleva algo de abrigo. Refresca más de lo que esperas. Pero merece la pena.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Marisa (@marisa_lofe)

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y por último, muy cerca de la Puerta del Sol, escondida entre tiendas, tráfico y turistas, hay una puerta que pocos miran dos veces. A veces ni los propios madrileños saben lo que se guarda ahí dentro. Es la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, un sitio que no suele salir en las guías, pero que guarda más arte del que imaginas. No tiene colas, no tiene multitudes. Y precisamente por eso, tiene algo que los grandes museos han perdido: calma.

Lo curioso es que en  sus salas tenemos obras de Goya, Zurbarán, Murillo, Madrazo, incluso Van Dyck y lo mejor es que las podemos ver sin agobios. No necesitas entrada con antelación, ni esquivar grupos con guías, ni seguir una ruta marcada. Vas, te paras donde te apetece, y listo. Además, entre semana, justo a la hora de comer (de 13:30 a 15:00), la entrada es gratuita. También hay días concretos, como el 18 de mayo, el 12 de octubre o el 6 de diciembre, en los que puedes entrar gratis todo el día. No hace falta saber de arte para disfrutar este sitio. Solo necesitas un poco de tiempo. Y ganas de ver algo que, probablemente, nadie te había contado.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Bárbara Yuste (@byuste)

Lo último en España

Últimas noticias