Protestas en Irak ante la falta de reformas políticas

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La Cámara de Representantes del Parlamento iraquí ha aprobado una moción que exige la expulsión de las fuerzas militares estadounidenses de Irak, según ha informado la agencia de noticias iraquí NINA. Foto: EP
  • Pablo Rubio | atalayar.com

Miles de iraquíes se manifiestan coincidiendo con el fin del plazo que habían dado a las autoridades para nombrar un Gobierno provisional y convocar elecciones. No obstante, el presidente en funciones Barham Saleh todavía no ha tomado medidas de calado. Los iraquíes llevan protestando desde principios de octubre contra la corrupción sistémica y la delicada situación económica que atraviesan muchos de ellos.

Los principales políticos, hasta el momento, no han sabido dar respuesta a esta inestabilidad social. Tanto el primer ministro Adel Abdul Mahdi como el presidente Saleh han dimitido en el curso de los últimos meses. Aunque siguen detentando los cargos en funciones, no han tomado ninguna decisión que satisfaga a los ciudadanos.

Disturbios en Bagdad y el sur del país

En las últimas horas, las manifestaciones más numerosas se han producido en Bagdad, la capital. En la céntrica plaza Tahrir, se ha producido una concentración pacífica. Sin embargo, en los alrededores se han registrado incidentes violentos. La avenida Mohamed al-Qasim, la arteria principal que une las zonas norte y sur de la ciudad, ha sido cortada por barricadas. Igualmente, la circulación ha sido interrumpida en la carretera que une la capital con la ciudad de Nasiriya, una de las más importantes del país.

Según informa Al Arabiya, otras autopistas cercanas a las ciudades de Diwaniya y Kut, en el sudeste del país, han sufrido incidentes. Igualmente, Reuters informa de disturbios en Kerbala y Amara. Todas estas ciudades se encuentran en las regiones mayoritariamente chiíes. El desarrollo de las protestas ha disminuido la producción de petróleo en la zona meridional, especialmente en Basora. Además, muchas instituciones públicas, incluidos colegios, han cerrado este lunes sus puertas.

Algunos manifestantes han lanzado cócteles molotov y piedras a las fuerzas de seguridad. Dos policías han muerto y otros 14 agentes han resultado heridos en las cercanías de la plaza Tahrir de Bagdad, según fuentes oficiales citadas por Reuters. En vista de lo ocurrido, el Consejo de Seguridad Nacional Iraquí ha dado orden de detener a los individuos más violentos. Los agentes han respondido con gases lacrimógenos y granadas. Como consecuencia de las cargas, docenas de manifestantes han resultado heridos. Es probable que las protestas continúen en el curso de los próximos días. “Esto es solo la primera escalada”, ha declarado un manifestante a Agence France Presse.

No a la injerencia

En los últimos días, las protestas en Irak han adquirido una nueva vertiente, fundada en el rechazo a la injerencia de los poderes extranjeros en la política del país. Teherán y Washington son vistas como las principales amenazas. Recientemente, tras el asesinato del general Qassem Soleimani en un ataque selectivo estadounidense, el Parlamento ha aprobado una resolución para solicitar la retirada de todas las tropas que la Casa Blanca tiene desplegadas en sus bases.

La situación de vacío de poder actual, unida a la proliferación de las milicias armadas y la reducción paulatina de presencia internacional sobre el terreno, es un cóctel peligroso; una situación que puede ser aprovechada por diversos grupos terroristas, muy especialmente por Daesh, para rearmarse y volver a ganar presencia en suelo iraquí.

Al-Sadr, un aliado que no todos quieren

Las movilizaciones han sido apoyadas por el clérigo chií Muqtada al-Sadr, considerado una de las figuras más influyentes del islam chií en Irak. “Espero que estén comprometidos con la paz, no que dañen la integridad de las personas y sometan al país a una violenta guerra civil”, había expresado el líder religioso en un comunicado publicado a través de Twitter.

No obstante, Al-Sadr tampoco es santo de la devoción de una parte importante de los manifestantes. “No lo queremos, no queremos a su milicia, es parte del problema”, ha contado Hozam, de 24 años, a Al Jazeera. “Intentará borrarnos del mapa. Si los ‘sadristas’ vienen a Tahrir, devolveremos el golpe”, ha advertido Hamoud, de 32 años.

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