La inestabilidad conquista Líbano una semana después de la explosión de Beirut

La inestabilidad conquista Líbano una semana después de la explosión de Beirut
Protestas en Beirut. Foto EP
  • Ana Rodríguez | Atalayar.com

La indignación política ha puesto en jaque al Gobierno libanés que se ha visto obligado a presentar su renuncia este lunes.  Los manifestantes culpan a la incompetencia de la élite gobernante de este desastre y piden una reorganización completa del sistema política de Líbano, dominado por dinastías familiares que se han ido sucediendo en el poder durante los últimos quince años. En este complejo escenario, el primer ministro, Hassan Diab, anunció este lunes la dimisión de todo el gobierno, tras el aumento de la violencia en las protestas que se han ido sucediendo en el país tras la explosión del pasado martes.

“Hoy respondemos al deseo de los ciudadanos de exigir transparencia a quienes han sido responsables del desastre que ha estado oculto durante siete años y a su deseo de un cambio real. Frente a esta realidad… anuncio la dimisión de este gobierno” afirmó Diab, quien aseguró que esta tragedia había sido resultado de una “corrupción endémica” y ha pedido que se juzgue a los responsables de esta catástrofe.

“Descubrí que la corrupción es más grande que el estado y que el estado no puede dominarla”. Con estas palabras el ex primer ministro libanés presentó su renuncia, abriendo un nuevo escenario en un país ya devastado por una crisis económica, que ha dejado al 75 % de los habitantes libaneses al borde del abismo, al 33 % en situación de desempleo y a alrededor del 15 %, es decir, al menos un millón de personas, por debajo del umbral de la pobreza. “La renuncia del gobierno del Líbano no significa elecciones anticipadas. Significa el nombramiento de un nuevo primer ministro por el parlamento existente, y todos los problemas políticos que conlleva”, ha advertido Gregg Carlstrom de The Economist.

Tras su dimisión, la agencia de noticias Reuters hizo público un informe en el cual se aseguraba que funcionarios de seguridad libaneses habían advertido al primer ministro y al presidente hace más de un mes del peligro que suponía almacenar tal cantidad de nitrato de amonio en el aeropuerto de Beirut. Un informe de la Dirección General de Seguridad del Estado sobre los acontecimientos que llevaron a la explosión incluía una pequeña referencia a una carta privada enviada al presidente Michel Aoun y al primer ministro Hassan Diab el 20 de julio, de acuerdo con la información recogida por esta agencia.

“Existía el peligro de que este material, si era robado, pudiera utilizarse en un ataque terrorista. Al final de la investigación, el fiscal general preparó un informe final que fue enviado a las autoridades”, ha señalado a este medio de comunicación un funcionario que participó en la redacción de la carta y se ha negado a ser identificado. “Les advertí que esto podría destruir Beirut si explotaba”, ha añadido.  De acuerdo con esta misma fuente consultada por Reuters, la carta enviada al presidente y al primer ministro de Líbano siguió a una serie de memorandos y misivas enviadas a los tribunales del país durante los últimos seis años por funcionarios portuarios, de aduanas y de seguridad, instando repetidamente a los jueces a ordenar la eliminación del nitrato de amonio del puerto de la capital.

La historia de esta tragedia comenzó hace siete años, cuando un barco fletado por Rusia y con baldera moldava que viajaba desde Georgia a Mozambique atracó en Beirut.  Tras una serie de incidentes, fue sometido a una inspección por parte de los técnicos del puerto que supuestamente encontraron deficiencias y le prohibieron reanudar sus operaciones. En Beirut, las autoridades portuarias incautaron el barco después de encontrar múltiples deficiencias, según un artículo de noticias marítimas publicado en 2014. Una foto de ese mismo año muestra algunas de las 2.750 bolsas de nitrato de amonio, que siete años después han sido fotografiadas en el almacén que finalmente explotó, de acuerdo con el New York Times. El Rhosus fue condenado al olvido y su carga fue almacenada en el puerto de Beirut. Según este diario, esta embarcación comenzó a hundirse en febrero de 2018.

La tragedia que ha azotado Beirut hace una semana ha desatado una oleada de dimisiones y ha aumentado la ira de la sociedad libanesa. El investigador político libanés, Nadum Houry ha explicado al medio NPR que en el país de los cedros “la corrupción se ha convertido ahora parte del ADN del sistema político del país, en el llamado, sistema consociacional sectario. No se puede nombrar un solo funcionario, sea del rango que sea, sin pasar por las redes sectarias clientelistas de lo que llamamos los zuama, los líderes sectarios. Ahora, ¿por qué es esto corrupto? Porque eso significa que no se puede responsabilizar a un solo funcionario sin pasar por estas tradicionales redes clientelistas sectarias”.

La renuncia del Gobierno no ha calmado la ira de los miles de libaneses que ayer volvieron a salir a la calle ni ha acabado con la tristeza de las personas que han perdido sus hogares o a sus familiares en esta explosión. Este acontecimiento se ha sumado al colapso de la economía, la corrupción endémica y una crisis sanitaria provocada por la COVID-19 que, en estos momentos, amenaza a parte de la población de este país, en donde viven más de un millón y medio de refugiados.

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