El Daesh coge fuerza en Afganistán

El Daesh coge fuerza en Afganistán
  • Alex Erquicia/atalayar.com

La escalada de violencia en Afganistán entre los talibanes y el Daesh en el país representa una lucha por lograr mayor control de zonas de la zona.

La escalada de violencia en Afganistán que se está produciendo entre los talibanes y el afiliado de Daesh en el país (Islamic State Khorasan, ISIS-K) representa una lucha por lograr mayor control de zonas del país, dominado por la inestabilidad, y se produce a las puertas de unas elecciones presidenciales. Los recientes fuertes enfrentamientos entre los combatientes de los dos grupos insurgentes en la zona remota del distrito de Chapa Dara, en la provincia oriental de Kunar, han forzado el desplazamiento de miles de familias. Las provocaciones se producen en un contexto de conversaciones de paz entre los talibanes y EEUU, a las que no está invitado el gobierno nacional, y con la OTAN buscando una salida de las tropas de la coalición allí presentes desde hace dieciocho años (de los 70 que lleva la organización)

Pese a que los enfrentamientos entre ambos grupos terroristas no son nuevos, preocupa que hasta 21.000 personas,  más de la mitad de toda la población del distrito, se vieran obligados a abandonar la zona, según informa EFE citando un comunicado de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA). La mayoría de ellos se han reubicado en zonas limítrofes e interiores de la zona montañosa de la provincia de Kunar.

Hasta tres localidades han sido capturadas por Daesh  en Afganistán desde que en marzo se intensificaran los combates señalando un avance considerable del grupo terrorista en la zona. Vaticina un posible agravamiento de los combates a corto plazo en una lucha por lograr avanzar posiciones e influencia en el terrero. Todo ello se produce con las elecciones presidencial afganas previstas para el 20 de abril.

Es muy probable que ambas partes movilicen a más combatientes para afrontar una nueva fase de enfrentamientos a la par que las fuerzas de seguridad afganas buscan avanzar en recuperar territorio. El Gobierno afgano controla alrededor de un 55 % del territorio de Afganistán y los talibanes dominan en torno al 11 %, mientras que el resto del territorio está en disputa, según datos del inspector especial general para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR, por sus siglas en inglés), del Congreso de EEUU.

La presencia de Daesh en Afganistán, principalmente en el este del país, con grupos activos y facciones insurgentes aliándose y pugnando por el poder al igual desde principios de 2015, lleva un tiempo amplificándose. ISIS-K (que incluye Afganistán, Pakistán y partes de países de Asia Central), que ha reclamado la autoría de diversos atentados suicidas en el país, algunos de ellos en la capital, Kabúl, busca establecer un comienzo del califato en Asia del Sur y Central, gobernado por la ley sharia, y expandir su presencia. El grupo terrorista tiene sus ojos puestos sobre Kashmir, terreno fértil para una futura insurrección ISIS-K, que recientemente vivió un nuevo enfrentamiento bélico entre India y Pakistán  

Ese reagrupamiento se debe, por una parte, a la pérdida territorial que Daesh ha sufrido en Siria y, por otra, por la situación de inestabilidad en la que encuentra Afganistán, con múltiples intereses por distintos grupos, vacíos de poder en ciertas partes del país y una gobernanza debilitada. Aún cuando la derrota territorial de Daesh no suponía el fin de la ideología, es significativo el hecho de que la escalada de violencia se esté produciendo tan solo días después de haber sido destirpados de su presencia en Siria.

Lo que parece evidente es que Daesh en Afganistán se ha convertido en una amenaza importante para la seguridad internacional. Según dijo el general Joseph Votel, jefe del Comando Central de EEUU, a la CNN en febrero, ha convertido en una amenaza importante capaz de llevar a cabo ataques directos en los EEUU y está utilizando activamente las redes sociales para reclutar nuevos terroristas.

La situación entre ISIS-K, los talibanes y otras organizaciones militantes es fluida, pese a que la latente rivalidad, y los miembros a menudo pasan de un grupo a otro. Aunque no existen datos concretos sobre el número de combatientes del Daesh en Afganistán, porque cambian de lealtad con frecuencia, EEUU estima que hay unos 2.000. Según otras estimaciones esa cifra asciende a los 10.000. Es posible que las filas del grupo terrorista hayan crecido considerablemente en los últimos tiempos al acoger a yihadistas que han lucharon en  Siria e Iraq y que hoy se han incorporado al ISIS-K además de ejecutar una campaña de reclutamiento activa en Afganistán en los últimos tiempos.

Por su parte, las fuerzas de seguridad afganas tienen una operación en curso para despejar las áreas de insurgentes talibanes y militantes del Daesh en el país, estos con una importante presencia las provincias de Kunar, Nursitán y Nangarhar (en la zona oriental). Según medios locales, si no se toman medidas efectivas, Daesh en Afganistán podría llegar a la capital provincial de Kunar, Assad Abad.

Mientras tanto, en la capital de Qatar, Doha, avanzan las conversaciones de paz que buscan una salida al prolongado conflicto (el más largo en la historia estadounidense). EEUU y representantes de los talibanes ya han celebrado cinco rondas de conversaciones directas y están a punto de embarcarse en una sexta. Se busca garantizar una salida segura para EEUU a cambio de que los insurgentes garanticen que el territorio afgano no es utilizado por militantes extranjeros.

Es posible que dichas conversaciones cojan mayor intensidad dado que la fuerte presencia militar de EEUU y sus aliados de la OTAN no esté logrando contener los avances de Daesh en Afganistán. Además, están poniendo en evidencia el desgaste de los lazos entre Washington y Kabul sobre las negociaciones con los talibanes. La relación de Washington con el presidente afgano Ashraf Ghani corre el riesgo, cada vez mayor, de sufrir daños permanentes por lo que las elecciones serán vitales para el proceso de paz.

Analistas consideran que las conversaciones son solo la primera fase de un proceso complicado con un resultado incierto, y que aún hay muchos obstáculos que superar. Entre ellos que los talibán, al igual que Daesh en Afganistán, están muy fragmentados, lo cual  dificulta predecir los intereses específicos y la evolución de ambos movimientos yihadistas.

Según algunas estimaciones el año pasado más mortal en la historia del conflicto afgano. En total, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán documentó 10.993 víctimas civiles (3.804 muertes y 7.189 heridos), lo que representa un aumento del 5% en el número total de víctimas civiles y un aumento de 11% en las muertes de civiles en comparación con 2017.

El fortalecimiento de ISIS-K en el norte de Afganistán puede representar a corto plazo la principal amenaza a la seguridad regional. Los enfrentamientos entre los que buscan imponer su orden continuarán en el corto plazo. Que los talibanes, el Daesh en Afganistán y las fuerzas de seguridad afganas estén, de nuevo, activamente en combate supone un riesgo para el país, la región y la seguridad internacional, a largo plazo. Los yihadistas siguen siendo una amenaza con células durmientes en todo el mundo. Las alarmas comienzan a sonar en lo que se puede convertir en uno de los asuntos de mayor importancia en la guerra contra el Daesh: su fuerza y poderío en Afganistán.

Lo último en Internacional