Calma tensa en Líbano mientras se recrudece el bloqueo político y económico

Líbano
Saad Hariri, dimisionario primer ministro libanés. (Foto: AFP)
  • Henar Hernández | atalayar.com

Treinta y cinco días después de que estallaran las manifestaciones en Líbano por la aprobación de una nueva ronda impositiva contra el uso de las redes sociales, los libaneses han ido abandonando paulatinamente las principales arterias del país hasta llegar este jueves a una situación de “vuelta a la normalidad”.

“Los estudiantes volvieron a sus escuelas y universidades, los bancos abrieron sus puertas a un número sin precedentes de clientes, se reiniciaron las obras en algunas calles y los canales de televisión reanudaron sus horarios regulares”, explica la analista Najia Houssari en Arab News. Sin embargo, advierte de que “detrás de la apariencia de calma, la mayoría de los residentes permanecen nerviosos y temerosos”. Un taxista citado por la corresponsal alerta de que “la gente teme lo que está por venir”. “No ha habido soluciones, lo que significa que no ha terminado”, concluye.

Por ello, que los manifestantes se hayan retirado de las barricadas y hayan dejado de bloquear las carreteras, no significa que hayan renunciado a sus reivindicaciones, justo en un momento en el que el bloqueo político, económico y social amenaza con enquistarse.

Así, más de un mes después, el país sigue gubernamentalmente descabezado: tras la dimisión de Saad Hariri -una figura apoyada plenamente por los grupos chiíes, como Hizbulá y Amal- el pasado 29 de octubre, el primer candidato que se propuso, el exministro de Finanzas, Mohammad Safadi, también rechazó liderar el Ejecutivo. Ahora, los rumores sitúan al ministro de Relaciones Exteriores, Gebran Bassil, como nuevo mandatario del país, quien reemplazaría al actual presidente y también su suegro, Michel Aoun.

De momento, no hay nada confirmado, por lo que, en estos momentos, Hariri mantiene su cargo como primer ministro interino, y los planes que anunció el mandatario para la formación de un gobierno compuesto por una combinación de tecnócratas y representantes de los principales partidos políticos (el cristiano ortodoxo y maronita Movimiento Patriótico Libre, el musulmán sunita Movimiento Futuro y los musulmanes chiítas Hizbulá y el Movimiento Amal, entre otros), se han relegado a un segundo plano a la espera de que alguna figura decida asumir esta responsabilidad.

Pobreza y deterioro

La situación social y económica tampoco ayuda. Con un 25% de desempleo -cerca del 37% en los menores de 35 años-, un tercio de la población viviendo en la pobreza y un deterioro progresivo en la calidad de los servicios básicos -la red eléctrica de Líbano es la cuarta peor del mundo según el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés)- es difícil pensar que los ciudadanos vayan a abandonar sus reivindicaciones a cambio de nada, como esperaba Aoun en un discurso pronunciado hace una semana. Su mensaje, enfocado en el rechazo a un gobierno puramente tecnócrata como reclaman los manifestantes, en la buena sintonía con Hizbulá y en el rechazo de la crisis económica, lejos de apaciguar los ánimos, prendió de nuevo la llama de la rabia de la gente.

Asimismo, este martes, el país vivió dos episodios que volvieron a sacudir el escenario: por un lado, los manifestantes consiguieron forzar el aplazamiento de una sesión parlamentaria en la que se iba a debatir una controvertida ley de amnistía. Por otro lado, se conoció que la Fiscalía decidió remitir tres casos de corrupción al Consejo Supremo. Los investigados son el ministro de Información interino, Jamal al-Jarrah, y dos exministros de Telecomunicaciones, Nicholas Sehnaoui y Boutros Harb, a los que se les acusa de malgastar fondos públicos.

Por estas razones, la calma tensa en la que se ha sumergido Líbano, la olla a presión que se ha convertido el país podría estallar de nuevo en cualquier momento. Esto podría catalizarse por un nuevo discurso del presidente, lo que está previsto para las 8 de la tarde, hora libanesa (21 horas españolas) con motivo de la celebración previa del Día de la Independencia. El precedente está ahí.

Por su parte, el panorama económico sigue avanzando de forma imparable hacia un agujero negro. La imagen que mejor ilustra este escenario es la que recoge The New York Times: “En una de las principales calles comerciales de Beirut, los propietarios de las tiendas están reduciendo los salarios a la mitad o considerando cerrar. Las tiendas anuncian ventas, pero aún no pueden atraer clientes. El único lugar que tiene un negocio próspero: la tienda que vende cajas fuertes, ya que los libaneses guardan cada vez más efectivo en casa”. Desde que reventaron las protestas, los ciudadanos han retirado más de 3.000 millones de dólares de los bancos, según informó el gobernador del Banco Central, Riad Salameh.

Crisis económica

Cabe recordar, en este punto, que este lunes la Asociación de Bancos de Líbano (ABL) anunció que la cantidad máxima que se podía retirar en efectivo por semana era 1.000 dólares. Además, se restringieron las transferencias al extranjero. “Es una señal de que los libaneses temen que la crisis financiera de su país, que ha empeorado durante meses, pueda caer en un desastre”, asegura la publicación estadounidense.

Del mismo modo, los propietarios de los negocios advierten de que las nuevas regulaciones para proteger la solvencia bancaria ya están afectando los suministros médicos y de que pronto podrían crear escasez de alimentos y otros bienes básicos de primera necesidad. El motivo es que las empresas no están pudiendo pagar a sus proveedores en el extranjero, por lo que los pedidos -bien sea de piezas médicas, alimentos o bebidas- se están quedando atascados en la frontera o directamente se están cancelando.

Según ha informado la cadena de televisión libanesa Al Jadeed, los periodistas que cubren las manifestaciones en Líbano están siendo “acosados” por partidarios de Hizbulá. La presentadora Dalia Ahmed aseguró, en una editorial, que “los grupos de Hizbulá están llevando a cabo campañas contra los medios, exponiendo al personal a calumnias, insultos, imágenes pornográficas y la distribución de los números de teléfono de compañeros tanto masculinos como femeninos”.

En declaraciones al diario emiratí The National, la vicepresidenta de la cadena, Karma Khayat, aseguró que se habían convertido en objetivo del grupo pro-iraní por su cobertura a favor de la revolución y de las reivindicaciones de los manifestantes. “Dicen [Hizbulá] que las personas continúan protestando debido a nuestra cobertura en vivo. Pero estamos orgullosos de apoyar la revolución. La gente está luchando por los problemas que representa Al Jadeed”, manifestó la directiva.

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