Conmoción brutal entre los arqueólogos tras hallar en Pompeya 2 estatuas humanas de tamaño natural
Pompeya continúa dándole a los arqueólogos ingentes cantidades de información relevante sobre la vida (y la muerte) en la antigua Roma. Aunque gran parte de la atención se concentra en su urbanismo, los espacios funerarios situados fuera de la ciudad son clave para comprender su memoria colectiva. En este contexto se ha encontrado una tumba monumental que ha dejado atónitos a los investigadores.
La excavación sacó a la luz un gran muro funerario con nichos destinados, previsiblemente, a urnas de cremación. Coronando la estructura apareció un relieve escultórico excepcional: dos figuras humanas de tamaño natural, un hombre y una mujer, representados de pie y uno junto al otro. Este hallazgo ha abierto múltiples líneas de interpretación en torno a su identidad y significado.
¿Cuál es el origen de las dos estatuas humanas halladas en Pompeya y qué simbolizan?
Las esculturas halladas en Pompeya, que se pueden apreciar en la imagen destacada, destacan tanto por su tamaño como por el cuidado en los detalles.
La figura femenina, ligeramente más alta que la masculina, alcanza 1,77 metros, frente a los 1,75 del hombre. Ella viste túnica, manto y velo, atuendo tradicional asociado a la feminidad romana, y luce abundantes adornos: pendientes, anillos, pulseras y un collar con forma de media luna, conocido como ‘lúnula’.
Este colgante no es un elemento decorativo cualquiera. En el mundo romano, la ‘lúnula’ se relacionaba con la fertilidad y con los cultos agrícolas, y era un distintivo habitual de las sacerdotisas de Ceres, diosa de la agricultura.
Además, la mujer sostiene una rama de laurel, objeto empleado en rituales religiosos para avivar el humo del incienso. El hombre, por su parte, aparece ataviado con la toga, prenda que lo identifica como ciudadano romano pleno, el llamado ‘togatus’.
Las necrópolis de Pompeya y los llamados caminos de la memoria
En la antigua Roma, las vías de acceso a las ciudades cumplían una función que iba mucho más allá del tránsito.
En Pompeya, como en otros núcleos urbanos romanos, las carreteras estaban flanqueadas por tumbas y monumentos funerarios que convertían la entrada y salida de la ciudad en un recorrido cargado de significado. Eran auténticos espacios de recuerdo, donde los difuntos seguían presentes en la vida cotidiana.
Algunas inscripciones funerarias de Pompeya reflejan esta intención de diálogo con los vivos. El caso del liberto Publio Vesonio Fileros es uno de los más conocidos, con una inscripción que interpela al transeúnte y lo invita a reflexionar sobre los errores de la vida.
En este marco cultural, la nueva tumba descubierta no se concibe como un elemento aislado, sino como parte de un paisaje funerario pensado para perdurar en la memoria colectiva.
Una revisión del papel femenino en la antigua Roma
La disposición de ambas figuras ha llevado a cuestionar una interpretación tradicional en arqueología: la identificación automática de estas parejas escultóricas como matrimonios. En Pompeya, la iconografía sugiere que la mujer representada no ocupa un lugar secundario.
Como se mencionó previamente, sus atributos religiosos indican un estatus propio, posiblemente como sacerdotisa de Ceres, una posición de relevancia dentro de la comunidad.
La ausencia de una inscripción que aclare la relación entre ambos mantiene abierta la incógnita. Podrían ser madre e hijo, hermanos o miembros destacados de una misma familia. Lo significativo es que la figura femenina no aparece subordinada, sino reconocida por su función social.
Los arqueólogos subrayaron que «la inclusión de los símbolos que reflejan su rol religioso indica que ella no está allí como mera acompañante, sino como figura con autoridad propia. Una mujer no necesita ser esposa para estar al lado de un hombre».
Este enfoque no es exclusivo de Pompeya. Investigaciones recientes en otros contextos del Mediterráneo antiguo, como los enterramientos reales de Micenas, han demostrado que muchas mujeres ocuparon espacios de poder por derecho propio.
En ese yacimiento de la Edad del Bronce, el análisis de ADN reveló que una mujer enterrada junto a un hombre no era su esposa, sino su hermana, integrante de la familia real por linaje.
¿Qué ocurrirá con estas estatuas?
Tras su extracción, las esculturas fueron trasladadas a la Palestra Grande, el mayor espacio abierto del Parque Arqueológico de Pompeya.
Allí serán sometidas a un proceso de restauración antes de ser exhibidas al público como parte de la exposición ‘Ser mujer en la antigua Pompeya’. La muestra permitirá contextualizar el hallazgo y profundizar en el papel femenino en la ciudad romana.
Así, una vez más, Pompeya demuestra que sus restos no solo hablan de una catástrofe natural, sino de una sociedad compleja, donde la memoria, la identidad y el estatus quedaban grabados en piedra.