En La Rioja

Sánchez cierra su primera Conferencia de Presidentes sin avances y con el enfado de los suyos y la oposición

La reunión, que Sánchez quiere convertir en mensual, no sirvió "para nada", según varios de los presentes, aunque Moncloa destilaba optimismo

No, no fue bien. La Conferencia de Presidentes Autonómicos celebrada este viernes en La Rioja no convenció ni al Gobierno ni a las autonomías. Y sirvió para bien poco. Una foto para Pedro Sánchez, más capacidad de endeudamiento para Iñigo Urkullu y un fin de semana con el cartel de ‘completo’ colgado en la puerta en varios hoteles de la región de la socialista Concha Andreu. Las diferencias, la falta de voluntad y los tratos de favor enturbiaron una cita que, por la presencialidad, pese a todo, fue más tranquila que alguna de las videoconferencias del estado de alarma.

Las cesiones de madrugada del Ministerio de Hacienda al Gobierno vasco, que exigía poder aumentar su capacidad de endeudarse a cambio de participar en la cita, ha causado un profundo malestar entre la mayoría de presidentes autonómicos. «Desazonador» lo catalogaba el socialista aragonés Javier Lambán. En La Rioja, los presidentes socialistas, desde hace unos meses muy discretos y leales, también se han rebelado contra Pedro Sánchez. Así como los del PP, que, encabezados por el andaluz Juan Manuel Moreno Bonilla, han pedido los mismos privilegios que los vascos.

Al final, pese a las promesas a Urkullu y Quim Torra de que podrían gestionar sus propios fondos de recuperación, su actitud en los últimos días amenazando con no acudir, (amenaza consumada en el caso del catalán), ha hecho recular a Pedro Sánchez. Será él, a través de una comisión interministerial que presidirá, el responsable último de los repartos. En esto, como en todos los pasteles que se reparten en la Moncloa, su jefe de gabinete, Iván Redondo, también se queda con una parte importante de la tarta. Del estratega dependerá el seguimiento del reparto de las ayudas y si se están administrando como deben.

El otro gran tema tratado en la jornada de ayer fue la situación sanitaria a día de hoy. Mientras varios presidentes le reclamaban a Sánchez y Salvador Illa, presente también en el encuentro, modificar las leyes sanitarias para tener mayor capacidad de respuesta ante los rebrotes, los representantes del Gobierno se dedicaban a cargas más responsabilidades a las autonomías. A sus peticiones, Illa les respondía mayoritariamente que «lo estudiaremos con cariño». Poca confianza entre ellas.

Sobre el estado de alarma, que algunos partidos y gobiernos regionales empiezan a reclamar, el Gobierno de Pedro Sánchez no quieren no oír hablar de ello. El Ejecutivo de coalición descarta por el momento esta posibilidad y minimiza la afectación que la pandemia está teniendo ahora mismo sobre nuestra sociedad. Se resisten a admitir que estamos en una segunda ola y niegan que esta pueda llegar más adelante.

Todo mientras comunidades como Baleares y Galicia piden un mayor control sobre los turistas nacionales, rechazado por las autonomías más afectadas, y todas miran con preocupación las medidas adoptadas por países como Reino Unido. Según lo hablado en una conversación informal entre Sánchez y los presidentes de Comunidad Valenciana, Canarias y Baleares, las expectativas de que Gran Bretaña rectifique son prácticamente nulas.

De vinos por la calle Laurel

La mayoría de los presidentes autonómicos han tenido que dormir una o dos noches en La Rioja. Eso ha provocado que el jueves, la mítica calle Laurel de Logroño fuese la antesala de la reunión que se celebró el viernes. Por esta zona de bares y restaurantes se dejaron ver presidentes autonómicos junto a sus equipos, cómo el valenciano Ximo Puig, o el ceutí Juan Jesús Vivas. Junto a periodistas y escoltas, los políticos, dieron vida a una calle de la capital riojana que el coronavirus ha dejado medio vacía.

Los vecinos, contra Iglesias

La presencia en San Millán de la Cogolla de todo el poder institucional del país, empezando por el Rey y acabando por el último presidente autonómico, además de prácticamente todo el Gobierno, no generó ningún interés entre los vecinos de este pequeño pueblo turístico situado a unos cuarenta minutos de la capital, Logroño. Fueron pocos los que se acercaron a primera hora de la mañana hasta el Monasterio de Yuso, a la llegada de los líderes, entre los cuales un grupo de jóvenes que le gritaron a Pablo Iglesias que se fuera «a Galapagar».

La gran concentración de mandatarios en este pequeño municipio obligó a la Guardia Civil a realizar un gran despliegue policial. Durante todo el día la carretera veía pasar un coche de gama alta con los cristales tintados tras otro. Los vicepresidentes del Gobierno y los ministros que acompañaron a Sánchez, prácticamente sin protagonismo en toda la jornada, acudieron en autobús, a excepción de él y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo.

La sorpresa de Urkullu

La gran sorpresa de la jornada la protagonizó el lehendakari Iñigo Urkullu. Tras un jueves de chantajes a Moncloa y negociaciones intensas, tras un viaje hasta La Rioja que podía haber quedado en nada, el presidente vasco decidió entrar por sorpresa a la cumbre poco más tarde de las ocho de la mañana. A esa hora, tras un rato en el coche oficial en un pueblo cercano, su consejero de Hacienda le comunicaba por teléfono que el Ministerio de María Jesús Montero aceptaba sus exigencias.

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