La advertencia de Jorge Verge a miles de autónomos: «El dinero del IVA no es tuyo y actuar como si lo fuera tiene consecuencias»
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Cuando un autónomo cobra una factura se puede producir una sensación que en realidad, es engañosa. El dinero aparece en la cuenta bancaria y, especialmente cuando el negocio necesita liquidez, resulta fácil contemplar todo ese importe como dinero disponible para pagar proveedores, afrontar gastos o incluso cubrir necesidades personales. El problema es que una parte de lo recibido puede corresponder al IVA que posteriormente tendrá que liquidarse.
Sobre este error ha advertido Jorge Verge, asesor tributario del bufete de abogados Viola Pérez, al analizar algunos de los mensajes que circulan alrededor de los impuestos que soportan los trabajadores por cuenta propia. Su planteamiento parte de una distinción básica: facturación, beneficio, IVA e IRPF son conceptos diferentes y mezclarlos puede ofrecer una imagen equivocada de cuánto gana realmente un negocio. La cuestión adquiere especial importancia cuando aparecen problemas de liquidez ya que utilizar sistemáticamente el dinero correspondiente al IVA para mantener funcionando una actividad puede proporcionar cierto oxígeno durante unas semanas, pero también crear un agujero que aparecerá cuando llegue el momento de liquidar el impuesto. «Ese dinero no es nuestro», advierte Verge, antes de señalar las consecuencias de financiar de esta manera el día a día del negocio.
La advertencia de Jorge Verge a miles de autónomos
El asesor utiliza un ejemplo sencillo para explicar la diferencia. Si un profesional cobra una factura cuyo total asciende a 1.000 euros con un IVA del 21% incluido, la base imponible ronda los 826,45 euros, mientras que aproximadamente 173,55 euros corresponden al impuesto.
«No podemos decir que pagamos IVA, pero tampoco podemos decir que facturamos 1.000 euros, no es un beneficio», explica Verge. La precisión resulta importante porque tampoco significa que esos 173,55 euros sean necesariamente la cantidad que terminará ingresándose íntegramente a Hacienda. El funcionamiento general explicado por la Agencia Tributaria establece que empresarios y profesionales repercuten el IVA correspondiente a sus clientes y soportan, a su vez, IVA en determinadas compras y gastos. En las autoliquidaciones periódicas se calcula la diferencia entre el IVA repercutido y el soportado que resulte deducible. Si el resultado es positivo, corresponde realizar el ingreso.
La advertencia de Verge apunta, por tanto, a la gestión de esa liquidez. «Lo que no podemos hacer es gastarnos el dinero del IVA», sostiene. Y utiliza una comparación todavía más contundente: «Ese dinero no es nuestro, es del prestamista más peligroso que hay».
El peligro de utilizar el IVA para mantener el negocio
El problema aparece cuando esa práctica deja de ser algo puntual y pasa a formar parte del funcionamiento habitual de la actividad. Un autónomo cobra las facturas, utiliza todo el importe para cubrir sus gastos y, cuando llega la liquidación, necesita recurrir al dinero de las siguientes facturas para cumplir con sus obligaciones.
«Si empezamos a financiar la liquidez del circuito de nuestro negocio con el IVA, es cuestión de tiempo que acabemos tropezando», advierte Verge. La situación puede convertirse así en una cadena: el dinero que entra hoy sirve para cubrir obligaciones generadas anteriormente, mientras el negocio continúa acumulando necesidades futuras. Para el asesor, detrás de esta situación puede existir un problema que va más allá de Hacienda. De este modo, antes de iniciar una actividad considera fundamental calcular qué se quiere vender, quiénes pueden ser los clientes, cuáles serán los costes y qué facturación es necesaria para que los números funcionen.
«Ver qué queremos hacer, a qué clientes podemos llegar, a cuánto podemos vender, cuáles son nuestros precios de coste», enumera. Si las previsiones no terminan cumpliéndose, considera necesario revisar el modelo. Incluso plantea que «una retirada a tiempo es una victoria» cuando resulta evidente que la actividad no consigue sostenerse.
Facturar más no significa necesariamente ganar más
Otro concepto que Verge intenta separar es el IRPF. Frente al funcionamiento del IVA, el rendimiento de una actividad económica tiene en cuenta los ingresos y los gastos fiscalmente deducibles que correspondan. Dependiendo de la actividad y de la situación del profesional, además, pueden existir retenciones y pagos fraccionados a cuenta del impuesto.
La Agencia Tributaria establece, con determinadas excepciones, pagos fraccionados para quienes desarrollan actividades económicas. Para quienes tributan en estimación directa, estos se realizan mediante el modelo 130; existen además excepciones para determinados profesionales cuando una proporción suficiente de sus ingresos ya está sometida a retención.
La idea de Verge es que el beneficio real del autónomo debe salir de un negocio que sea rentable por sí mismo, no de disponer temporalmente de cantidades que posteriormente tendrán que destinarse a obligaciones fiscales. Para explicarlo utiliza otro ejemplo. «Si nuestro trabajo vale 10.000 euros al mes, no podemos venderlo por 9.000 e ir tirando con la liquidez del IVA», señala. Hacerlo puede ocultar durante algún tiempo que los ingresos reales de la actividad no permiten cubrir sus costes.
«Es cuestión de tiempo que nos acabemos asfixiando», concluye el asesor. Su advertencia puede resumirse en una regla sencilla para cualquier autónomo: no confundir lo que entra en la cuenta con lo que realmente se ha ganado. Separar desde el principio las cantidades destinadas a impuestos puede reducir la liquidez disponible a simple vista, pero también evita descubrir al terminar el trimestre que parte del dinero que parecía disponible tenía otro destino.