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Otro error de Sánchez: su forma de hacer la ‘hibernación’ económica podría no ser efectiva

Francisco Coll Morales es economista y coordinador del servicio de estudios de Fundación Civismo

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Construcción (Foto: ISTOCK)
  • Francisco Coll

En las últimas semanas se ha puesto de manifiesto entre los economistas un nuevo debate que muestra diferencias entre los expertos. Un debate en el que se han cruzado tantas críticas como elogios a la actuación del Gobierno, que ha cerrado el país hasta este jueves para contener la elevada curva de contagios. Un debate en el que hemos visto a muchos economistas diferir con otros expertos del mismo campo, sin llegar a un consenso claro y consensuado.

El debate del que hablamos es el que se ha estado discutiendo en estas últimas semanas tras el decreto del 29 de marzo, donde el presidente del Gobierno confinó todo el país, dando el permiso para salir solamente a aquellas actividades que consideraban esenciales. Una dura apuesta económica, pero que, de salir bien, podría acotar el impacto del coronavirus al acortar los plazos del confinamiento. En otras palabras, una apuesta en la que se pretendía asumir un mayor coste económico, pero con la intención de que el coste, por otro lado, nos sacase antes del atolladero en el que estábamos inmersos.

Como sí han coincidido muchos economistas, la clave de este coronavirus y del confinamiento, al menos en materia económica, depende del tiempo que dure la crisis. Con una actividad económica completamente paralizada, con unos sectores que, como recoge la consultora KPMG, se encontraban funcionando a unos ritmos de rendimiento muy inferiores a los niveles previos a la crisis del coronavirus, lo más preciso es salir cuanto antes de la situación. Un objetivo estrechamente ligado a las políticas aplicadas por el presidente, previamente rogadas y solicitadas por otros partidos de la oposición.

Sin embargo, para otros economistas, el confinamiento general era el dardo envenenado que mataría definitivamente la economía. Un golpe que dejaba la economía en estado crítico, al paralizar esa actividad económica que, en el mejor de los casos, mantenía la economía arrancada, a ralentí, a la espera de poder pisar el acelerador en cuanto la curva de contagio fuese amainando. Una conclusión a la que no le falta razón, pero en la que nos dejábamos precisamente una variable, la cual determinaba ese coste económico que tendría dicha política para el país.

Una variable que, en este caso, sí trataba de controlar el método de confinamiento total. La principal idea de este confinamiento era el contener una curva de contagio y un colapso sanitario que dejaba a la economía española en una situación bastante crítica. Mantener la economía a ralentí es necesario, pero, ¿cuánto tiempo podemos seguir aguantando con una economía a ralentí? Estamos hablando de que, precisamente, esa economía a ralentí no frena la actividad económica por completo, efectivamente, pero sí mantiene a muchos sectores, en torno al 25% de la economía, sin poder operar y tener actividad.

Sectores que, por otro lado, son excesivamente vulnerables a la situación. Hablamos de España, un país en el que las empresas no solo son pequeñas, sino que cuentan con una muy escasa digitalización como para adaptarse plenamente a la situación, así como una liquidez que, en un cómputo europeo, supone el 3% de la liquidez total del elenco de empresas en Europa, frente al 20% de Francia. Mantener la economía a ralentí no paralizaba la economía, pero si no contenía la curva, los riesgos de una pérdida en la capacidad productiva estaban muy presentes en la cabeza de los economistas.

Por el otro lado, paralizar la actividad económica significaba otro gran riesgo para la economía. Sin embargo, el coste de paralizar la economía podía verse compensado con esa mayor agilización en esa paralización y posterior decremento de la tasa de contagios, permitiendo así, a su vez, reanudar la actividad económica en un menor plazo de tiempo. Otra gran apuesta, la cual iba a tener un severo coste económico, pues estamos hablando de paralizar prácticamente la totalidad de la economía, afectando a casi el 50% del empleo total en el país, pero que de tener el efecto deseado, sacaría a todos los españoles del atolladero en el que se encuentran inmersos.

¿Qué es mejor?

Como vemos, un coste de oportunidad que todos los economistas, y de forma continuada, nos hemos estado planteando. Evidentemente existe un elevado coste para la economía al paralizar el país, pero ¿cuál es el contrafactual? 

Esta es la pregunta que ha estado circulando por las mentes de los distintos economistas en el planeta. Acabar con la única actividad económica permitida tiene un coste, pero mayor coste podría tener el estar con una actividad económica paralizada parcialmente. En este sentido, creo que debemos hacer caso a los precedentes y dejarnos de experimentos que no sabemos si funcionarán o no. En este sentido, los precedentes que nos llegan desde China son ejercicios de paralización plena, provocando una salida más acelerada y un gran decremento en la tasa de contagios.

En Europa, el 65% de los economistas se mostraba de acuerdo con el plan de cerrar severamente la actividad económica no esencial. En Estados Unidos esta cifra se eleva hasta el 80%.

Ahora bien, con una política bien aplicada. Lo que hasta ahora ha aplicado el presidente Pedro Sánchez no solo es arriesgado, sino que podría tener efectos contraproducentes. Ordenar un decreto en el que no se especifica ni los sectores que pueden ir, o no, a trabajar, es una política a medias. Paralizar la economía es un riesgo, pero mayor riesgo es paralizarla y que la curva de contagio siga expandiéndose ante la escasa rigidez de la medida. Sea como sea, el coronavirus es una crisis que posee un elevado coste de oportunidad. Por ello, debemos tomar medidas que, bajo mi criterio, deberían ir enfocadas por reducir los plazos de confinamiento, intensificando el distanciamiento social. Ahora bien, de aplicar estas medidas como hasta ahora, no serviría de nada y podrían darle la razón a aquellos que tanto insistieron en continuar con la actividad a medio gas.

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