Martín Demichelis habla de perder y enseguida queda claro que no se refiere únicamente al fútbol. El entrenador del Leipzig prepara una visita al Santiago Bernabéu después de una dura derrota contra el Bayern, pero sabe colocar cada dolor en su sitio. Perdió a su madre cuando tenía 14 años. Después llegaron las muertes de su padre y de su representante en accidentes de tráfico. Experiencias que aparecen en la conversación cuando intenta explicar cómo se sostiene un entrenador cuando las cosas salen mal. «En la vida hay cosas peores», recuerda.
Lo cuenta con naturalidad, agradeciendo la pregunta y sin esconderse detrás del partido que tiene por delante. «El fútbol fue un aliado para poder seguir. En su momento como jugador y hoy como entrenador». Demichelis encuentra en el entrenamiento, en el vestuario y en la posibilidad de enseñar una forma de reconocerse. «El fútbol me da vida, me hace sentir el verdadero yo», explica antes de enfrentarse al Real Madrid.
En ese recorrido también hay una separación reciente y la dificultad de vivir lejos de sus hijos. «No me da vergüenza decirlo. También me he separado hace un año de una familia que tuve durante 18 años y tampoco es fácil estar lejos de mis hijos». Habla desde la experiencia de alguien que sigue compitiendo mientras aprende a convivir con lo que sucede fuera del campo. Quiere ganar, le duele perder y se exige respuestas. También sabe que un resultado necesita perspectiva.
El niño que recibió más de lo que soñaba
Demichelis nació en una pequeña localidad argentina y todavía mira su carrera con cierto asombro. River, el Bayern, el Málaga, el Manchester City y la selección le dieron una vida que había imaginado mucho más pequeña. «Siempre dije que logré mucho más de lo soñado. El fútbol me regaló mucho más de lo planeado», asegura.
El final como jugador llegó después de un proceso de aceptación. Pudo regresar al Málaga y elegir dónde cerrar su trayectoria. Fue asimilando que tocaba dejar de competir desde dentro del campo, aunque hay sensaciones que permanecen. El grupo, las ganas de ganar, la tensión de una acción que puede acabar en gol en cualquiera de las dos porterías.
«No extraño estar adentro, pero sí estar en un grupo, competir, la adrenalina de una acción ofensiva o defensiva». El banquillo le permitió acercarse otra vez a todo eso. Por eso habla de vocación cuando explica su trabajo. «Me siento representado cuando las cosas salen bien. Me siento indignado, triste, desilusionado cuando las cosas no salen bien, porque hay una gran responsabilidad del entrenador».
Ahora le toca asumirla en Leipzig. Después del tropiezo frente al Bayern, se coloca el primero en la fila de quienes deben corregir. Está feliz en Alemania, siente que su forma de entender el oficio encaja con el club y quiere quedarse mucho tiempo. Para conseguirlo necesita resultados. «A mí no me gusta utilizar la palabra proyecto en el mundo del fútbol. Si no hay triunfos, los proyectos son difíciles de esperar».
Ganar y ayudar a crecer
En el Leipzig conviven la obligación de competir y el desarrollo de futbolistas jóvenes. Demichelis considera que ambas tareas forman parte de su responsabilidad. Le importa ganar y le importa cómo hacerlo. También que un chico encuentre herramientas para mejorar antes de tener la experiencia necesaria para comprender por sí mismo todo lo que le ocurre.
«La evolución en el fútbol no tiene límites», sostiene. Su paso por las categorías inferiores del Bayern, River y otros vestuarios le dejó una convicción sobre el valor de acompañar esos primeros años. Algunos necesitan más tiempo. Otros avanzan deprisa. El entrenador tiene que identificar qué exige cada caso.
De Diomande apenas pudo disfrutar. Cuando llegó al Leipzig, el extremo estaba en el Mundial y, durante los pocos días que coincidieron después, trabajó de manera diferenciada. Hablaron de su deseo de dar otro paso en su carrera. Demichelis lo conoce más por el análisis de sus partidos que por la convivencia diaria, pero identifica condiciones que explican su salto al Madrid.
«Tiene un potencial enorme», afirma. Destaca el manejo de las dos piernas, la facilidad para desequilibrar por ambos lados y su aceleración. También se detiene en un esfuerzo que a veces queda detrás del regate: «Es uno de los extremos que más recorrido hace hacia atrás y que más duelos gana». En el Bernabéu encontrará buenos compañeros y entrenadores. El resto, considera, dependerá de sus ganas de seguir superándose.
La lección que dejó Van Gaal
Demichelis también aprendió de las relaciones difíciles. Cuando aparece el nombre de Louis van Gaal, distingue su admiración por el entrenador de lo que vivió personalmente con él. «Cuando me preguntan por el entrenador, me saco el sombrero», dice. Recuerda el valor que concedía al pase, la paciencia para mover al rival y la obligación de cuidar cada posesión.
Pero su etapa en el Bayern terminó después de un enfrentamiento. Según relata, una discusión breve y privada desembocó en un mensaje delante del grupo: en diciembre se marchaba uno de los dos. Demichelis, entonces segundo capitán, decidió dar el paso. «Por honestidad levanté la mano y dije: no hay problema, me voy yo».
Dejó un contrato importante y una enseñanza que hoy aplica desde el otro lado. «Como entrenador no haría lo que él hizo conmigo. Lo habría solucionado de otra manera», explica. Puede reconocer cuánto aprendió de su fútbol y, al mismo tiempo, elegir otra forma de gestionar una discrepancia. «Agarré mucho de él, de lo bueno y de lo malo».
Al Bernabéu para jugar
El siguiente examen le enfrenta a Mourinho. Para Demichelis será un orgullo saludarle, aunque su preocupación está en que el Leipzig llegue con la personalidad que le faltó frente al Bayern. «No fuimos nosotros en ningún aspecto de lo que considero importante en el fútbol, con y sin pelota», admite.
El argentino quiere un equipo atrevido, capaz de cuidar la posesión y de intervenir en el desarrollo del encuentro. Conoce el riesgo de entregar balones al Madrid. El gol de Mbappé contra el Sevilla le sirve como ejemplo de lo poco que necesitan los blancos para hacer daño. Dos pases pueden bastar para encontrar a un delantero donde parecía que no había espacio.
«Hay que hacer un partido completo», advierte. Le pide a su equipo que salga a jugar, que asuma la responsabilidad de tener el balón y que entienda el valor de una noche así. La clasificación para la Champions se persigue durante meses para poder disputar estos encuentros. Ahora quiere que sus futbolistas los vivan con ambición.
Demichelis llegará al Bernabéu con esa exigencia y con todo lo que su propia vida le enseñó sobre las derrotas. «Hay derrotas que te dejan tranquilo porque diste todo», reflexiona. Ha perdido finales y ha sufrido pérdidas mucho más profundas. El fútbol le ayudó a seguir. Este miércoles vuelve a ofrecerle lo que todavía le emociona: un grupo al que acompañar, un partido por ganar y esa adrenalina que nunca terminó de irse.