Sevilla – Real Madrid: Liga Santander

Siempre nos quedará Kiev

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Los jugadores del Sevilla celebran el 2-0 ante el Real Madrid. (EFE)

Una derrota que no duele. Un partido intrascendente para el Real Madrid, que lleva pensando en Kiev desde que terminó el Clásico. Ganó el que más pelotas le puso y el que más lo necesitaba: el Sevilla. Fue un resultado engañoso, pero el Sevilla, a imagen y semejanza de Caparrós, peleó hasta el final y logró un 3-2 que le da aire en su pelea por acceder a Europa el año que viene.

Zidane, esta vez sí, dio a sus jugadores el descanso que les negó en el Clásico. Era merecido. Se quedó medio equipo en Madrid y el once que saltó al Pizjuán estaba plagado de futbolistas de la segunda unidad. Recitaremos para situarnos: Kiko Casilla; Nacho, Vallejo, Ramos, Theo; Casemiro, Kovacic, Ceballos; Lucas, Asensio y Benzema.

El Sevilla saltó exigido pero temeroso y pronto el Real Madrid se adueñó de la pelota. Kovacic y Ceballos chupaban más cámara que una tronista. Dominaban los de Zidane pero contragolpeaban los de Caparrós amparados en la ubicuidad y potencia de Franco… de Franco Vázquez, digo.

Fue creciendo la presión local, sacudidos los complejos iniciales. Eso supuso que el Real Madrid tuviera espacios y, por tanto, que aparecieran Asensio y Lucas Vázquez, dos jugadores veloces y currantes, letales ambos a campo abierto como un guepardo en la sabana africana. El duelo, con todo, consumió el primer cuarto de hora sin ocasiones claras que llevarnos a la boca.

El Sevilla era un equipo made in Caparrós: ocho faltas cometidas en los primeros 20 minutos. Alguna de ellas, como la de Layún a Theo, más que falta fue cornada. Pero ahí estaba Mateu, más charlatán que un comercial de aspiradoras y más pendiente de gesticular que de arbitrar. Sucesivamente avisaron Benzema, Asensio y Kovacic a la meta de David Soria.

Un Sevilla ‘Rasca-parrós’

Mateu estaba dando un recital de abstenerse, poniéndose de perfil como si fuera Albert Rivera. Perdonó al menos tres amarillas a los locales, pero el duelo ni siquiera se embarulló. Pegaba el Sevilla y recibía el Real Madrid. Y en una jugada de fútbol directo y sencillo, al más puro estilo de Caparrós, marcaron los locales. Fue un pelotazo largo de Pareja que peinó perfectamente Muriel ganando a Vallejo en el salto. Su peinada la aprovechó Ben Yedder, que le ganó perfectamente la espalda a Sergio Ramos y batió a Kiko Casilla entre las piernas.

El Sevilla había encontrado un gol tan necesario como inmerecido. El Real Madrid ni se inmutó con el tanto hispalense y siguió jugando a la pelota. No era ni de lejos el peor partido de los de Zidane. Siguieron pegando los de Caparrós y siguió consintiendo Mateu, que no podrá protagonizar campañas contra la violencia, porque su tolerancia nunca ha sido cero.

Al final, entre patadas y charlas de Mateu, que estaba desgobernando el partido, al Real Madrid se le consumió el primer tiempo en el intento de ganar pero con una derrota temporal esperada y, sobre todo, indolora. Derrota que se hizo más amplia justo al filo del intermedio. Fue una jugada en la que Vallejo volvió a mostrar su endeblez en el marcaje de Muriel. Le sacó de sitio y provocó un fallo en cadena de la defensa del Madrid, que concluyó con un gol de Layún al filo del descanso.

Un Madrid blandito

Ya con el partido perdido, el Real Madrid afrontó la segunda parte con un punto de desinterés. Pero siguió dominando a un Sevilla que le valía con pertrecharse atrás. Perdonó el tercero el equipo de Caparrós con un paradón de Kiko Casilla y luego llegó el momento en el que los blancos pudieron meterse en el partido. Fue en un penalti claro de Vázquez sobre Vázquez, es decir, de Franco sobre Lucas. El penalti, faltaría más, se lo pidió Sergio Ramos, pero su disparo se estrelló contra el larguero. Tampoco importaba demasiado.

Pasaron los minutos y el Real Madrid siguió insistiendo, más por acoso que por derribo. Lo volvió a rondar Sergio Ramos después de un córner que despejó mal David Soria, pero su remate se marchó arriba. El gol hacía la cobra al equipo de Zidane, que se ve huérfano de rematadores cuando no está Cristiano Ronaldo. En busca del gol precisamente metió Zizou a Borja Mayoral por un Ceballos más desdibujado que Rossi de Palma.

El Real Madrid siguió acumulando ocasiones. Y fallándolas. Sobre todo Benzema, que sigue peleado con el gol como Iglesias con Errejón. También Casemiro pudo estrenar el casillero del Madrid, pero su disparo se marchó un milímetro fuera. No había manera.

Los de Zidane lo intentaron hasta el final. De hecho el que marcó el tercero fue el Sevilla, gracias a un churro de Mercado que se envenenó tras tocar en Sergio Ramos. Acortó distancias casi al final Borja Mayoral, que sigue destrozando en números a Benzema. Y, cuando parecía que no había más historia que contar, Mateu pitó penalti de Mercado a Lucas y, esta vez sí, lo marcó Sergio Ramos para lograr el 3-2 final. Pitó Mateu, dejó de dar la chapa a sus jugadores, y los blancos se volvieron a Madrid pensando en que siempre les quedará Kiev.

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