Empujón contra el Atlético
El Villarreal empató y remontó con dos goles de penalti, el segundo desembocó en expulsión a Le Normand
El Atlético acabó con vigorosidad, pese a tener un jugador menos, un partido al que le costó una hora presentarse
Pintaban bastos en el Metropolitano cuando Hernández Hernández, apoyado por el VAR, castigó -desmesuradamente- con penalti y expulsión un empujón de Le Normand a Mikautadze, uno de esos de los que el fútbol está repleto. Penalti de los del fútbol moderno que dirigirá las conversaciones de bar estos días. El caso es que el Villarreal había remontado, también empató de penalti, y el Atlético caía y tenía un jugador menos. Situación demandante de testosterona. En esas apareció uno de los que nunca se arruga. Giuliano rompió al espacio y cruzó su disparo para rescatar un punto (2-2) cuando el botín parecía quedarse vacío.
Finaliza agridulce un juicio con sentencia firme desde antes de empezar. Domingo 23 de agosto a las 17:00 horas. El día D y la hora H para el reencuentro entre Julián Álvarez y el Metropolitano. Mucho había pasado desde el último careo entre ambos, 116 días, concretamente. Todo implosionó cuando el argentino salió en medio de un Mundial a vociferar que lo mejor para su futuro «era una transferencia y quería cumplir su sueño».
La semana comenzó con pancartas contra el argentino en la Ciudad Deportiva y ha culminado con insultos y una monumental pitada cuando se escuchó el nombre de Julián por megafonía. «Con el 19 Julián Álvarez», dijo el speaker a toda prisa, aunque con el suficiente margen para que al argentino le cayera una de las pitadas más estruendosas que se recuerdan. Pero no se dejen llevar por la estruendosa portada ni la polémica contraportada; lo que se desarrolló durante más de una hora en el Metropolitano responde a una plana trama con alguna que otra descarga.
Porque Atlético y Villarreal se neutralizaron con sus propuestas. No encontró caminos la rojiblanca y andaba sordo de un pie la amarilla. Los de Simeone, con un once similar al once tipo, se atascaron ante el orden rival. La circulación rojiblanca era lenta, trabada y se ahogaba cuando se acercaba al área rival. Lo contrario le ocurría al Villarreal, que no fluía demasiado, pero sí dañaba. Cuando no era Oblak, era Pubill el que salvaba los muebles bajo palos. El Atlético no atacaba con peligro porque hacerlo sin delantero resulta complicado.
Lookman no es un delantero y negar la evidencia desemboca en pérdida de su chispa cuando actúa por el costado. Simeone ha sacado dos certezas del examen; Grimaldo necesita un escudero y Hjulmand se basta con sí mismo. El lateral, extremo de vocación, se marchó del Metropolitano con paracetamol en su tarjeta sanitaria. Se lo instauró Pepé, un puñal por la banda. Hjulmand mantuvo su posición, leyó bien el partido y dio sentido al juego. Buena puesta en escena hasta que bailó con Buchanan y acabaron por el suelo.
La coreografía fue valorada como penalti por el juez del silbato. Oblak hizo la estatua y Gerard Moreno igualó el disparo de Pubill con su pierna menos buena. Gol de esos que se apellidan -azo. Golazo.