El serbio se impuso en tres sets (6-3, 6-2, 6-3)

Un Djokovic imparable no da opción a Nadal y conquista su séptimo Open de Australia

Nadal
Novak Djokovic celebra su victoria contra Medvedev en el Open de Australia. (Getty)

Novak Djokovic sumó su séptimo título en el Open de Australia después de derrotar de forma clara a Rafael Nadal en una final sin historia y en la que el español no pudo competir con el extraordinario despliegue del número uno del mundo.

El partido del siglo tendrá que esperar. Novak Djokovic se proclamó campeón del Open de Australia en una función casi perfecta, en la que maniató hasta no dar opción alguna (6-3, 6-2, 6-3) a Rafael Nadal de conquistar su segundo torneo en Melbourne Park. Djokovic, justamente apodado Mr Australia, provocó el cortocircuito de Nadal hasta infligir una de las peores derrotas de la carrera del manacorense, quien pasó de no haber cedido un sólo set en el torneo a no poder arrebatarle ninguno al justo campeón del torneo.

El desayuno volvía a estar acompañado de una ración de esperanza y orgullo, esperando después de dos semanas de sufrimiento y madrugones que Nadal conquistara su decimoctavo Grand Slam y completara el doblete en cada uno de los cuatro majors. En el otro lado de la pista esperaba el número uno, un Novak Djokovic expectante y preparado para sumar el triplete consecutivo de grandes –tras Wimbledon y US Open– y su séptimo título en Australia. Los ingredientes no podían ser mejores.

El tanteo esperado al inicio del encuentro duró sólo un punto, lo que tardó Djokovic en demostrar que su puesta en escena era superior al escenario y a su rival, un Nadal que no se encontraba en la Rod Laver Arena y al que le costó la primera rotura del partido, con los consiguientes juegos al saque de Nole para establecer la primera ventaja del choque. Ni los puntos, con 12-1 para el serbio, ni los juegos –3-0–, ayudaban al balear, aunque lo peor eran unas sensaciones que no iban a aparecer en todo el partido.

El juego de Nadal quedaba muy, muy lejos de lo que el manacorense había mostrado a lo largo del torneo. Ni rastro de esos golpes ganadores desde cualquier lado de la pista, reemplazados por los errores de cálculo que derivaban en no forzados. Djokovic seguía sumando sin sufrir al saque, mientras Nadal sudaba la gota gorda para mantener su servicio, algo que lograba a duras penas pero con una puntualidad que le permitió colocarse con 5-3 abajo y una opción –escasa pero valiosa– para no ceder el primer parcial. La oportunidad fue un mero espejismo. El primer punto del partido al resto de Rafa llegó, pero los demás fueron para Djokovic. 1-0 y a remar.

El primer set de la final se marchaba para no volver, pero quedaba muchísimo partido. Las premisas para remontar eran claras y radicaban en su mayoría en hacer algún tipo de daño a Djokovic con su saque, después de que en el parcial inaugural Rafa sólo pudiera ganar 1 de los 21 puntos jugados al resto.

Sin noticias de Rafa

Había que desengrasar la máquina serbia para poder competir el partido y Nadal, que ya había dado algún tímido atisbo de mejoría en los últimos juegos del primer set, consiguió adelantarse en el marcador del segundo con sensaciones positivas. El saque de Rafa seguía marcando diferencias y ejerciendo de salvavidas de las esperanzas del público español y la derecha comenzaba a asomar para dar más argumentos a los que aún creían en la enésima remontada del número dos del mundo.

La dinámica del partido no había cambiado y Nadal aún parecía desdibujado en los juegos de saque de su rival, lo que le dejaba demasiado expuesto a un break para ceder la segunda manga. La hora de partido en el marcador arribó junto a una nueva mala noticia para Rafa. El temido break había llegado en un nuevo juego surrealista en el que resultaba difícil comprender algunos errores del balear.

La exhibición era imparable. A Novak no le había hecho falta llegar a su punto máximo de juego para encarrilar el partido, pero la inspiración máxima hizo también acto de presencia en su primer juego al saque con dudas, que levantó con firmeza para minutos más tarde terminar de destrozar a Nadal en un segundo set sin historia y que hacía presagiar lo peor también para el tercero.

El tercer set, definitivo

A Rafa sólo le quedaba apelar a la épica contra un jugador en trance, lanzado a por su tercer Grand Slam consecutivo, y debía hacerlo con las armas justas porque, siendo sinceros, a Nadal le estaba faltando muchísimo para alcanzar su mejor versión. El comienzo del tercer set iba a ser clave para comprobar si íbamos a tener partido y el español, mentalmente infranqueable, sacó fuerzas de flaqueza para adelantarse de nuevo en el primer juego ante el más difícil todavía.

La diferencia entre ambos contendientes era demasiado amplia como para soñar con la remontada, y un nuevo jarro de agua fría, quizá el definitivo, cayó sobre los hombros de Nadal. Desdibujado, como casi nunca le hemos visto, Rafa se resignó a perder una vez más su servicio, abriendo camino a una derrota inevitable y que se distinguirá como una de las peores de su carrera.

El último arreón de Nadal se esperaba y llegó, pero no fue suficiente para siquiera competir por el tercer set y no marcharse de vacío después de dos semanas magníficas y que, a pesar de la paliza, dan motivos para seguir confiando en una leyenda que simplemente, no tuvo su noche en la Rod Laver Arena ante uno de los mejores de la historia.

 

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