Copa del Rey de baloncesto 2019: final

El Barça, campeón de una Copa frenética y polémica

El Barça, campeón de una Copa frenética y polémica

El Barcelona es, por segundo año consecutivo, campeón de la Copa del Rey. El equipo azulgrana se hizo con la victoria en una final fantástica en cuanto a emoción y alternativas y que se decidió en la prórroga, después de que Sergio Llull anotara una canasta espectacular que forzó el tiempo extra. El equipo culé estuvo más acertado en los cinco minutos claves y se hace, como sucedió en Gran Canaria, con una Copa de infarto y en la que los árbitros tomaron protagonismo en las últimas jugadas, con un último tapón legal de Randolph y una acción previa entre el norteamericano y Singleton que provocaron la crispación de ambos banquillos. Llull, de nuevo, estuvo a escasos centímetros de hacer el milagro definitivo desde más de 20 metros, pero su lanzamiento a la desesperada salió rebotado y confirmó al Barça como campeón.

La presión estaba presente como en cada Clásico, pero el ambiente que se respiraba en el Palacio de los Deportes –muy favorable al Real Madrid– dejaba constancia de que esto era algo más que una final. Cuentas pendientes y muchas, muchas ganas de medirse para conocer al campeón. Los dos mejores equipos, frente a frente, a 40 minutos de juego de conocer al nuevo campeón de la Copa del Rey.

El showtime madridista se medía al pragmatismo del Barcelona de Pesic, y el primer asalto, después de una previa y presentación absolutamente desfavorable, fue para los culés. Con Tomic y Claver dañando al poste bajo, el conjunto azulgrana demostró no haber tomado en serio la monumental pitada de la afición rival y se erigió como líder de las primeras ventajas del partido. La mala selección de tiro del Real Madrid, con unos aleros que resultaban invisibles, reducía a la magia de Campazzo la posibilidad de competir en el partido.

Facu estaba inspirado y con puntos y asistencias ayudó a que el Barça no se despegara demasiado en el marcador. Sin embargo, las sensaciones debían cambiar, porque la flecha de inspiración estaba del lado del Barcelona en el primer cuarto, algo que refrendó Heurtel con una gran canasta sobre la bocina.

El balón quemaba para los madridistas y en esos momentos, ya puede estar cojo, centrado en sus quehaceres como padre o simplemente fuera de forma, no hay otro como Sergio Llull. Cuando el balón quema la gran estrella madridista lo coge y no cesa en su empeño para producir, estableciendo una conexión casi instantánea con el público. Un minuto, dos triples y una asistencia después, el Palacio volvía a rugir y el Madrid a mandar en el marcador.

El Real Madrid había despertado, pero no estaba bien. Llull siguió asumiendo responsabilidades sin tanto acierto y el Barcelona, mucho más sólido, utilizaba su defensa como lanzadera para primero desesperar al Madrid y de inmediato seguir sumando en el luminoso. Todo estaba muy igualado y el partido made in Barça lo dominaba por muy poco el Barça, hasta que Ayón con una canasta, de nuevo sobre la bocina, ponía las tablas a todo en el descanso.

Vendaval madridista, responde el Barça

20 minutos iban a decidir al vencedor y cualquier detalle podía ser clave. El Wizink Center era una caldera que quería llevar en volandas al Real Madrid y los blancos correspondieron con el mejor baloncesto del torneo. Comandados por Campazzo y con un espectacular Ayón como líder –los gritos de ¡MVP, MVP! se imponían–. Un parcial de 13-0 dejaba al Barça K.O. y pendiente de el paso del vendaval madridista para poder competir por la victoria.

Todo se había teñido de blanco, pero quedaba mucho Barcelona en el parqué. En un abrir y cerrar de ojos, los culés agarraron la sartén por el mango y comenzaron a enchufar como si no hubiera mañana, dejando aturdido al Real Madrid. Devuelto el parcial, la igualdad regresaba al luminoso con seis minutos por jugar.

El Barcelona viajaba ahora con viento a favor y un Heurtel desatado, que no iba a parar hasta el final del partido. Primero con la oposición de Causeur y acto seguido con la ayuda de Kuric, el base francés se cargó el sistema del Real Madrid y provocó que, a la hora de la verdad, la pelota estuviera en el tejado de los blancos para remontar o despedirse por segundo año seguido de la Copa.

La final pintaba en bastos para el Madrid después de haberla tenido atada, pero una falta de Hanga propició, a cinco segundos del final, una última oportunidad para Campazzo de igualar el marcador. Tres tiros libres con una presión inigualable para el argentino, que anotó el primero, después el segundo, y con el mayor suspense posible, el tercero se salió de dentro.

Llull provocó una prórroga histórica y polémica

Todo estaba perdido, cuatro segundos de sufrimiento y el Barcelona sería campeón de Copa, pero cuando el balón quema, da igual lo que suceda alrededor, aparece Sergio Llull. El menorquín tomó la responsabilidad en el último ataque blanco y sobre la bocina enchufó una bomba que mandaba este partidazo a la prórroga.

Cinco minutos extra para sufrir y disfrutar del mejor baloncesto de España, con Llull y Heurtel tocados por una varita y sin la posibilidad de vaticinar quién sería el vencedor. Como en un combate de boxeo, el ganador se decidiría por los puntos, pero el espectáculo no iba a cesar ni un ápice. Los blancos se adelantaron para dejar acto seguido el liderato a un Barça más cerebral, que volvió a tenerlo atado.

Los colegiados tomaron protagonismo con tres acciones seguidas que iban a decidir el choque. En primer lugar, una acción entre Singleton y Randolph no sancionada –pareció falta del madridista–, dio pie a un contraataque merengue en el que Carroll logró un 2+1 que devolvía el liderato a los de Laso. De nuevo cinco segundos para disputar y Tomic, quién sino, iba a tener la oportunidad de anotar para llevarse la victoria, pero Randolph taponaba con dos manos su aro pasado. El madridismo se volvía loco, pero los colegiados decidieron revisar la jugada en un minuto de infarto, en el que decidieron que la chapa era ilegal. Llull intentó obrar el milagro definitivo, el que habría llevado a los cielos a un partido espectacular, pero su lanzamiento desde 20 metros salió escupido por el aro y confirmó el triunfo del Barcelona.

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