Santo Tomás de Aquino: «Los seres humanos deben ser juzgados por sus actos y no por sus palabras, pues las palabras se las lleva el viento, pero las acciones permanecen en la historia»
Para Santo Tomás la conducta, la virtud y la intención tienen un papel esencial a la hora de valorar los actos humanos
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Hay frases que atraviesan los siglos porque plantean una pregunta que continúa siendo actual, ya que ¿qué debemos creer, lo que una persona dice o fijarnos en lo que realmente hace? Santo Tomás de Aquino tiene una reflexión que responde de manera contundente. «Los seres humanos deben ser juzgados por sus actos y no por sus palabras, pues las palabras se las lleva el viento, pero las acciones permanecen en la historia». El contenido de esta frase conecta con la importancia que el filósofo concedió a los actos, la voluntad y las virtudes.
La importancia de los actos
Tomás de Aquino, nacido a comienzos del siglo XIII, desarrolló una de las obras filosóficas y teológicas más influyentes de la Edad Media. Su pensamiento dedicó una enorme atención a la conducta humana, ya que qué hace que una acción sea buena o mala, qué papel desempeñan la voluntad y la intención y cómo se adquieren las virtudes. Estudios señalan que su ética considera las virtudes disposiciones que perfeccionan las capacidades humanas y que se desarrollan mediante la repetición de determinados tipos de acciones.
Para Santo Tomás de Aquino, la virtud no consiste únicamente en conocer qué es correcto, sino también en actuar correctamente. Su análisis de la moralidad estudia precisamente la relación entre la elección, la intención y la conducta. Por eso, reducir su pensamiento a la idea de que «las palabras no importan» sería incorrecto, ya que las palabras también pueden formar parte de una acción humana y tener consecuencias morales.
El ejemplo pesa más
En sus comentarios y escritos aparece además una idea especialmente cercana a esta reflexión, ya que el ejemplo puede resultar más eficaz que las palabras. En su comentario al Evangelio de Juan, Aquino analiza el momento en el que Cristo lava los pies de sus discípulos y destaca que esa acción funciona como ejemplo para que otros hagan lo mismo.
La relación entre conducta y virtud también ocupa un lugar destacado en su pensamiento. Aquino sostiene que determinadas disposiciones virtuosas se adquieren mediante la práctica, ya que actuar de manera justa y repetida contribuye a formar una disposición estable hacia la justicia. De esta manera, la personalidad moral no se define únicamente por lo que una persona afirma defender, sino también por las decisiones que toma y los hábitos que construye mediante sus actos.