FRASES PARA REFLEXIONAR

La reflexión de Paulo Coelho, escritor de 79 años: «Las cosas simples son las más extraordinarias y solo los sabios consiguen verlas»

El Alquimista
Paulo Coelho
Elena García

Paulo Coelho, que cumplió 79 años el pasado 24 de agosto, sigue siendo una de las voces literarias más leídas y citadas del mundo. El autor brasileño de El Alquimista ha construido a lo largo de su carrera un pensamiento filosófico reconocible por su aparente sencillez y su profundo calado. Una de sus reflexiones más celebradas lo resume a la perfección: «Las cosas simples son las más extraordinarias y solo los sabios consiguen verlas».

Una frase que, paradójicamente, ejemplifica con exactitud lo que enuncia: su forma es simple, pero su contenido invita a una revisión profunda de cómo se mira el mundo.

La trampa de lo complejo según Paulo Coelho

Vivimos en una época que tiende a asociar el valor con la complejidad. Se da por sentado que aquello que es difícil de entender, de conseguir o de explicar es, por ese mismo motivo, más valioso. La tecnología, la economía, las relaciones sociales…, todo parece haberse vuelto más intrincado, y esa complicación se interpreta con frecuencia como señal de progreso o de profundidad.

Sin embargo, Coelho invierte esa lógica. Para el escritor brasileño, la grandeza no reside en lo elaborado, sino en lo esencial. Una puesta de sol, una conversación honesta, el silencio compartido, el sabor de una comida sencilla: experiencias que la mayoría atraviesa sin detenerse, pero que encierran una riqueza que solo quienes han aprendido a mirar de verdad son capaces de apreciar.

¿Qué significa ser sabio según Coelho?

La segunda parte de la frase es igualmente reveladora. Coelho no dice que las cosas simples sean invisibles para todos, sino que solo los sabios consiguen verlas. Eso implica que la sabiduría no es una cuestión de acumulación de conocimientos, sino de capacidad de atención y de presencia.

En la tradición filosófica oriental, de la que Coelho ha bebido ampliamente a lo largo de su vida y su obra, la sabiduría se entiende precisamente como esa habilidad para despojarse del ruido mental y percibir lo que está frente a los ojos sin distorsión. No es el erudito quien ve más, sino aquel que ha aprendido a aquietar la mente lo suficiente como para que la realidad se muestre tal cual es.

En ese sentido, la frase funciona también como una crítica velada a cierta forma de intelectualismo que, a fuerza de buscar significados profundos en lo complicado, pierde la capacidad de asombrarse ante lo cotidiano.

Una invitación a cambiar la mirada

El mensaje de fondo de esta reflexión no es pasivo. No se trata únicamente de constatar que los sabios ven lo que otros no ven, sino de plantearse qué impide a la mayoría hacerlo. La respuesta, implícita en toda la obra de Coelho, apunta siempre en la misma dirección: el exceso de prisa, la distracción permanente y la tendencia a vivir pensando en el futuro o rumiando el pasado, en lugar de habitar el presente.

Recuperar la capacidad de asombro ante lo simple no requiere retirarse al campo ni renunciar a la vida moderna. Requiere, sobre todo, una decisión consciente de prestar atención a lo que ya está ahí, antes de salir a buscar algo más grande o más espectacular.

En tiempos de sobreestimulación constante, la propuesta de Paulo Coelho suena casi contracultural: para encontrar lo extraordinario, no hace falta ir muy lejos. Basta con aprender a mirar.

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