Limpieza

Los expertos en limpieza coinciden: si las almohadas se ponen amarillas aunque laves las fundas una vez a la semana, esto es lo que tienes que hacer

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Blanca Espada

Cambiar las sábanas y las fundas de las almohadas una vez a la semana forma parte de la limpieza habitual que todos hacemos en nuestro dormitorio. Sin embargo, basta retirar una funda blanca recién lavada para encontrarse a veces con algo bastante menos agradable debajo, y es dase cuenta de como la almohada ha empezado a adquirir un tono amarillento, aunque aparentemente siempre haya estado protegida.

No hace falta que pasen años para que ocurra. Cada noche apoyamos durante horas la cara y el cabello sobre la misma superficie y la funda no consigue detener por completo todo lo que llega hasta ella. Algo que se nota mucho más en verano, ya que el sudor es uno de los principales responsables, pero no el único. La grasa natural de la piel y el cuero cabelludo, la saliva, la humedad del pelo e incluso las cremas que utilizamos antes de acostarnos pueden terminar atravesando el tejido. Por eso, cambiar frecuentemente la funda no siempre es suficiente. La propia almohada necesita ciertos cuidados, aunque aquí hay una diferencia importante: no todas pueden lavarse de la misma manera. Antes de intentar devolverle su color original conviene saber qué tipo de relleno tiene y, sobre todo, consultar las instrucciones de lavado del fabricante.

Si las almohadas se ponen amarillas esto es lo que tienes que hacer

El sudor que producimos mientras dormimos puede atravesar poco a poco la funda y llegar hasta la almohada. A esto se suman el sebo de la piel y el cabello y otros residuos que quedan en contacto con el tejido durante varias horas cada noche. Con el uso continuado, terminan apareciendo las características manchas amarillas. Dormirse con el pelo mojado tampoco ayuda ya que la humedad pasa directamente a la funda y puede alcanzar el relleno, donde tarda mucho más en evaporarse. Algo parecido ocurre con determinados productos para el cabello, aceites, cremas faciales o hidratantes que todavía no se han absorbido cuando nos acostamos.

El amarilleamiento, por tanto, no significa necesariamente que la ropa de cama se lave poco. Puedes cambiar la funda cada semana y seguir encontrando manchas, porque esa primera capa de tela no constituye una barrera completamente impermeable.

Los pasos a seguir

Antes de meterla directamente en la lavadora hay que mirar la etiqueta. Éste es probablemente el paso más importante, ya que un método que funciona perfectamente con una almohada de fibra puede estropear otra fabricada con un material diferente. Muchas almohadas de fibra sintética, plumas o determinados rellenos pueden lavarse, siempre siguiendo las indicaciones de temperatura y programa que marque el fabricante. Si las manchas amarillas son visibles, pueden necesitar un tratamiento previo antes del lavado. Después habrá que asegurarse de que el relleno queda completamente seco antes de volver a utilizar la almohada.

Con la espuma viscoelástica hay que tener bastante más cuidado. Las almohadas de espuma sólida generalmente no deben introducirse en la lavadora ni empaparse por completo. En estos casos suele recurrirse a una limpieza localizada de las manchas, siempre que las instrucciones del fabricante lo permitan.

El truco para que la funda no sea la única protección

Hay una medida sencilla que puede retrasar bastante la aparición de esas manchas: colocar un protector de almohada debajo de la funda. Se trata de una segunda cubierta, normalmente lavable y en muchos casos con cremallera, que queda entre la almohada y la funda que utilizamos para dormir. Su función es recibir parte del sudor, la grasa, los restos de cosméticos y la humedad antes de que alcancen el relleno. La funda continúa lavándose con normalidad, pero el protector añade una barrera que resulta especialmente interesante para quienes sudan mucho mientras duermen.

También ayuda acostarse con el cabello seco, dejar que los productos cosméticos se absorban antes de ir a la cama y airear la almohada si ha quedado húmeda. Son pequeños hábitos, pero evitan que toda esa humedad permanezca noche tras noche en el interior.

Cuándo es mejor cambiar la almohada que intentar limpiarla

No todas las manchas amarillas obligan a tirar una almohada. Si el material permite lavarla, está en buenas condiciones y recupera su aspecto y olor después de limpiarla correctamente, puede seguir utilizándose. La situación cambia si aparecen olores persistentes, humedad que no desaparece, manchas compatibles con moho o un deterioro importante del relleno. También hay que fijarse en su función principal: si ha perdido la forma, tiene bultos o ya no proporciona un buen apoyo, limpiarla no solucionará el problema.

Por eso, una almohada amarilla no siempre es sinónimo de falta de higiene. Muchas veces es simplemente la huella del sudor, la grasa y la humedad acumulados durante meses de uso. Lavar las fundas sigue siendo imprescindible, pero proteger y limpiar correctamente la propia almohada es lo que evita que toda esa suciedad termine quedándose dentro.

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