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Los científicos avisan: esta ciudad se está hundiendo 42 cm al año y no hay vuelta atrás, el peligro es inminente

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Ciudad de México. (Foto: Pexels)
Blanca Espada

Bajo una de las mayores ciudades del mundo está ocurriendo algo que resulta difícil de percibir a simple vista pero que pone en alerta a los expertos. El suelo desciende año tras año y no lo hace de manera uniforme. En algunos lugares el movimiento es relativamente pequeño, mientras que en otros alcanza una velocidad capaz de transformar por completo el terreno en apenas unas décadas.

El fenómeno no es nuevo sino que lleva produciéndose desde hace más de un siglo y sus efectos se han ido acumulando hasta dejar señales en la propia ciudad. El problema es que parte de ese descenso ya no puede recuperarse y los estudios realizados sobre el subsuelo apuntan a que el proceso todavía podría prolongarse durante muchas décadas.Las nuevas mediciones por satélite han permitido observar hasta qué punto está avanzando y localizar los lugares donde el terreno cambia con mayor rapidez. Es en Ciudad de México y su área metropolitana donde los científicos han registrado cifras especialmente llamativas: en el punto más afectado de las últimas mediciones, el suelo llega a hundirse más de 42 centímetros en un solo año.

Ciudad de México se hunde hasta 42 centímetros al año

Para entender lo que ocurre hay que remontarse al lugar sobre el que se levantó la ciudad. Una parte importante de Ciudad de México ocupa el antiguo lago de Texcoco y bajo las construcciones permanecen capas de sedimentos y arcillas que se van comprimiendo. El agua tiene mucho que ver con este proceso. Una ciudad de estas dimensiones necesita enormes cantidades y durante décadas se ha recurrido a las reservas subterráneas. A medida que se extrae el agua, disminuye la presión que existe entre los poros del terreno y los sedimentos se compactan. A esto se suma, según explica la NASA, el peso de las construcciones levantadas sobre el antiguo lecho del lago.

Los científicos llevan años siguiendo esta evolución. Una investigación publicada en 2021 en Journal of Geophysical Research: Solid Earth analizó datos que se remontaban 115 años atrás y concluyó que las tasas de subsidencia se mantienen bastante estables desde, al menos, 1950. En los puntos más afectados, las mediciones utilizadas en aquel estudio llegaron incluso a los 50 centímetros de hundimiento anual.

Las consecuencias del hundimiento ya se ven en las calles

Los daños no dependen únicamente de cuántos centímetros descienda el terreno. En Ciudad de México hay barrios que se hunden bastante más rápido que otros y, en ocasiones, esas diferencias se producen en distancias muy pequeñas. Para los edificios y las carreteras esto supone un problema serio: el suelo sobre el que se apoyan no se mueve de la misma manera y las estructuras pueden acabar deformándose o agrietándose.

No se trata de un riesgo futuro. La NASA señala que este hundimiento irregular lleva años causando daños en carreteras, edificios y tuberías de agua. Y lo hace gracias al uso del satélite NISAR, que ha desarrollado conjuntamente con la agencia espacial india ISRO,  y que permite seguir desde el espacio los movimientos del terreno y detectar qué zonas están descendiendo más deprisa.

El propio centro de la capital conserva una muestra muy visible de lo que está ocurriendo. El Ángel de la Independencia, inaugurado en 1910 en el Paseo de la Reforma, necesitó que se añadieran 14 escalones alrededor de su base. Su cimentación se ha mantenido más estable que el terreno que lo rodea, que ha ido perdiendo altura con los años.

Por qué gran parte del proceso ya no puede revertirse

Reducir la extracción de agua es fundamental para gestionar el problema, pero eso no significa que el terreno vaya a recuperar la altura perdida. El estudio de 2021 concluyó que la mayor parte de la subsidencia registrada es prácticamente irreversible. Al comprimirse las arcillas se pierde parte del espacio que anteriormente podía almacenar agua y esa estructura no recupera simplemente su estado anterior aunque cambien las condiciones.

Los investigadores calcularon que, de mantenerse las condiciones estudiadas, la compactación podría prolongarse durante aproximadamente otros 150 años. Sus estimaciones apuntaron además a un hundimiento adicional de hasta 20 metros en algunas partes de Ciudad de México y de hasta 30 metros en la cuenca de Chalco.

El problema no es sólo que el suelo se hunda

La pérdida de altura es únicamente una parte del problema. La compactación también reduce la capacidad del subsuelo para almacenar agua, precisamente en una metrópoli que depende en gran medida de sus recursos subterráneos. Los investigadores advirtieron además de posibles efectos sobre la calidad del agua del acuífero. Por eso, cuando los científicos hablan de un proceso difícilmente reversible no quieren decir que no pueda hacerse nada. Las medidas sobre la gestión del agua pueden influir en su evolución y reducir riesgos futuros. Lo que prácticamente no puede recuperarse es buena parte de la elevación que la ciudad ya ha perdido.

Por otro lado, las imágenes de NISAR permiten ahora seguir esos movimientos desde el espacio y detectar qué lugares están cambiando más rápidamente. Para una metrópoli de alrededor de 20 millones de habitantes, conocer exactamente dónde y a qué velocidad se mueve el terreno será esencial para proteger edificios, carreteras, conducciones de agua y el resto de infraestructuras.

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