Psicología

Los psicólogos expertos coinciden: las personas que necesitan celebrar su cumpleaños con una gran fiesta no lo hacen por llamar la atención, sino porque pueden compartir tiempo con sus seres queridos

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Joven celebrando su cumpleaños con amigos. (Foto generada por IA)
Blanca Espada

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Cuando tenemos que celebrar el cumpleaños, algunas personas comienzan a organizarlo con semanas de antelación. Reservan un sitio, reúnen a familiares y amigos y no conciben que la fecha pase como cualquier otro día. Otras en cambio, prefieren celebrarlo con una cena tranquila y también están quienes desearían borrar la fecha del calendario. La importancia que damos a nuestro cumpleaños es muy diferente de una persona a otra y organizar una fiesta con muchos invitados puede revelar cosas interesantes según la psicología.

De hecho, la psicología lleva tiempo estudiando el significado de estas celebraciones y algunos trabajos ofrecen pistas que revelan algo como decimos, interesante. El cumpleaños no es únicamente una ocasión para recibir regalos o convertirse durante unas horas en el centro de atención. También puede servir para reunir a personas que normalmente no coinciden, pasar tiempo con la familia y los amigos o señalar el final de una etapa y el comienzo de otra. Por eso, detrás de una gran fiesta puede haber motivaciones bastante más amplias que el simple deseo de llamar la atención.

La psicología analiza que significa celebrar una gran fiesta de cumpleaños

Las psicólogas Johanna Peetz y Anne E. Wilson estudiaron el papel que tienen determinadas fechas a la hora de organizar mentalmente nuestra vida. Entre esos momentos aparecen precisamente los cumpleaños, que funcionan como lo que las investigadoras denominan «hitos temporales». Es decir, que de la misma forma que utilizamos acontecimientos importantes para recordar cuándo ocurrió algo, estas fechas ayudan a dividir el paso del tiempo en diferentes etapas. Cumplir 30, 40 o 50 años suele tener, por ejemplo, un significado que va más allá de añadir una cifra a la edad. Puede llevarnos a pensar en lo ocurrido durante los años anteriores y también en aquello que queremos hacer a partir de ese momento.

Esto ayuda a entender por qué determinados cumpleaños adquieren tanta importancia y por qué algunas personas quieren celebrarlos de una manera especial. La fiesta se convierte en una forma de señalar una fecha que consideran importante dentro de su propia historia.

Celebrar el cumpleaños también permite sentirse querido

Hay otra explicación mucho más cotidiana: el cumpleaños crea una oportunidad para estar con personas a las que no siempre resulta fácil reunir. Un estudio realizado con 309 estudiantes de Medicina de la Universidad de Vilna analizó precisamente qué significado tenía esta fecha para ellos. La mayoría consideraba su cumpleaños una ocasión personal importante y tendía a celebrarlo todos los años. Los participantes aseguraron sentirse mejor y más queridos durante ese día. También valoraron el cumpleaños como una oportunidad para pasar tiempo con familiares y amigos y apartarse durante unas horas de las responsabilidades habituales. Recibir atención de quienes los rodeaban formaba igualmente parte de la experiencia.

Esto no significa que organizar una fiesta multitudinaria revele una determinada personalidad. El propio contexto social y cultural influye en la forma en la que celebramos. Lo que sí muestra el estudio es que el componente afectivo tiene peso: el cumpleaños concentra llamadas, mensajes, reuniones y gestos que quizá durante el resto del año aparecen de una forma mucho más dispersa.

Por qué repetimos cada año la tarta, las velas y los regalos

Muchas celebraciones de cumpleaños se parecen entre sí aunque tengan lugar en países y familias diferentes. Hay una tarta, velas, regalos, fotografías y una persona alrededor de la cual gira buena parte de la reunión. No son únicamente detalles decorativos. El investigador Hizky Shoham ha estudiado los cumpleaños desde el punto de vista de los rituales sociales. En su trabajo los incluye dentro de los denominados «ritos de temporalidad», celebraciones que utilizan fechas y cifras para hacer visible el paso del tiempo. El cumpleaños convierte así algo tan abstracto como cumplir un año más en un acontecimiento que se repite y que todos reconocemos.

La repetición tiene aquí buena parte del sentido. Soplar las velas, hacerse la fotografía de cada año o reunirse alrededor de una tarta permite reconocer inmediatamente qué se está celebrando y quién ocupa el centro de ese ritual.

Una gran fiesta no revela por sí sola la personalidad

Precisamente aquí aparece uno de los errores más fáciles de cometer: interpretar el tamaño de una fiesta como una prueba de que alguien necesita ser el centro de atención. Las investigaciones sobre los cumpleaños no permiten sacar una conclusión semejante únicamente contando cuántas personas aparecen en la celebración. Alguien puede organizar una fiesta grande porque disfruta reuniendo a sus distintos grupos de amigos, porque considera importante esa edad concreta o porque es una de las pocas ocasiones del año en las que consigue juntar a su familia. Otra persona puede preferir una celebración íntima y otorgar exactamente la misma importancia a su cumpleaños.

Incluso la pertenencia al grupo puede influir en estas celebraciones. Cumplir años no ocurre de forma aislada: existen costumbres familiares y sociales que determinan qué esperamos de ese día y cómo solemos celebrarlo. Por eso, querer una tarta enorme, llenar una mesa de amigos o preparar una fiesta durante semanas no basta para concluir que alguien busca atención. El cumpleaños puede cumplir muchas funciones al mismo tiempo. Para algunas personas será simplemente una fiesta; para otras, una oportunidad difícil de repetir durante el resto del año: conseguir que las personas importantes de su vida estén juntas, aunque sea solamente durante unas horas.

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