En 1976 compró 1.150 cintas de la NASA por sólo 200 dólares y 32 años después descubrió que tres valían 1,82 millones
Un joven estudiante compró unas cintas por apenas 200 dólares y luego se revalorizaron por casi 2 millones
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La historia de Gary George seguro que resulta muy sorprendente para la gran mayoría, pero es del todo cierta y pone de manifiesto como algo que se compra sin apenas valor, puede revalorizarse, y de qué manera, años después. Nos tenemos que remontar a 1976 cuando George era todavía estudiante de Ingeniería y había realizado prácticas en el Centro Espacial Johnson de la NASA. Aquel año acudió a una venta de excedentes del Gobierno de Estados Unidos y se llevó un lote de cintas que habían pertenecido a la agencia espacial.
En total, pagó 217,77 dólares por unas 1.150 bobinas de cinta magnética. No se hizo con ellas por ser coleccionista, y ni tan siquiera sabía lo que contenían, ya que su idea era venderlas luego a las televisiones locales para que las reutilizaran. Sin embargo fue su padre quien se fijó en tres cajas que llevaban unas etiquetas relacionadas con el Apollo 11 y le dijo que las guardara. George le hizo caso y aquellas tres cintas permanecieron almacenadas durante años. Lo que todavía no sabía era que contenían grabaciones del paseo lunar de 1969 que acabarían alcanzando los 1,82 millones de dólares en una subasta.
Compró 1.150 cintas de la NASA por sólo 200 dólares y tres valían 1,82 millones
La venta celebraba en junio del 76, se llevó a cabo en la base de Ellington, en Houston y como otras muchas de la época, servía para dar salida a material excedente que el Gobierno de Estados Unidos ya no necesitaba. Fue allí donde el joven compró alrededor de 1.150 bobinas procedentes de la NASA. Pagó por todas ellas 217,77 dólares, una cantidad bastante baja si tenemos en cuenta que una sola bobina nueva podía costar entonces unos 260 dólares.
George vio por tanto una oportunidad para ganar algo de dinero. Entre todo lo que había comprado se encontraban decenas de cintas que podían volver a utilizarse y algunas acabaron en manos de televisiones locales. Otras fueron donadas e incluso hubo algunas que terminaron convertidas en chatarra. Pero hubo tres que se salvaron gracias a que su padre se fijó en lo que aparecía escrito en sus cajas: «APOLLO 11 EVA | July 20, 1969». Ante una inscripción como aquella, consideró que era mejor conservarlas. Y eso fue lo que hizo. George guardó las tres bobinas y durante más de tres décadas prácticamente no volvió a saber nada de ellas. No fue hasta 2008 cuando una conversación hizo que volviera a prestar atención a aquellas cintas que llevaba tantos años conservando.
La NASA buscaba las grabaciones originales del Apollo 11
A comienzos de 2008, George coincidió con un ingeniero de vídeo de la NASA y salió el tema de las grabaciones de la llegada del hombre a la Luna. Se acercaba el 40 aniversario de la misión y la agencia llevaba tiempo intentando localizar las cintas originales en las que se había registrado la señal que llegó desde la Luna en 1969. Las imágenes que pudieron ver millones de personas por televisión aquel 20 de julio no tenían la misma calidad que la señal original. La cámara utilizada durante la misión empleaba un formato que no se podía emitir directamente por las televisiones de la época, de modo que fue necesario convertir la señal antes de distribuirla. Ese proceso hizo que la imagen perdiera calidad.
Pero había además otro problema. La NASA no encontraba las cintas originales y finalmente llegó a la conclusión de que muchas de ellas habían sido borradas y reutilizadas años después. George, sin embargo, tenía tres bobinas en su poder desde 1976 y todo apuntaba a que podían contener precisamente parte de aquel material.
Qué contenían las tres cintas de Gary George
George se puso entonces en contacto con la NASA, aunque no llegaron a un acuerdo sobre qué hacer con las cintas. Y todavía quedaba por resolver algo bastante importante: cómo reproducirlas. Habían pasado tantos años que ya no era sencillo encontrar una máquina preparada para leer aquel formato. Finalmente, las cintas llegaron hasta DC Video, una empresa de California que todavía disponía del equipo necesario. Se reprodujeron en octubre de 2008 y fue entonces cuando George pudo comprobar qué había estado guardando durante 32 años. Las bobinas se encontraban en muy buenas condiciones y la calidad de las imágenes era superior a la de las copias televisivas que se conservaban.
Las tres grabaciones tenían una duración aproximada de 45, 49 y 50 minutos y recogían buena parte del paseo lunar del Apollo 11. En ellas aparecían Neil Armstrong y Buzz Aldrin durante su estancia sobre la superficie de la Luna, por lo que George tenía en sus manos un material directamente relacionado con uno de los momentos más importantes de la historia de la exploración espacial.
Las cintas acabaron vendiéndose por 1,82 millones
Hubo que esperar hasta el 20 de julio de 2019, coincidiendo con el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna, para conocer su valor. Las tres cintas salieron a subasta en Sotheby’s con una estimación de entre uno y dos millones de dólares y finalmente se vendieron por la friolera de 1,82 millones, muchísimo más que aquellos 217,77 dólares que George había pagado en 1976.
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