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Desear el mal de otra persona no convierte automáticamente a alguien en una persona cruel o malvada. Desde la perspectiva psicológica, este comportamiento, conocido como «schadenfreude», guarda relación con distintos procesos emocionales, como los mecanismos de defensa, la sensación de justicia o la necesidad de reforzar la autoestima. La psicología utiliza este término alemán para definir la sensación de satisfacción o alivio que algunas personas pueden experimentar ante la desgracia de otros. Normalmente, esta reacción se manifiesta cuando quien sufre es percibido como alguien arrogante, injusto o responsable de las consecuencias de sus propias acciones.
En estos casos, se activa el sentido de justicia. Muchas personas sienten la necesidad de creer que toda acción tiene consecuencias, por lo que, cuando perciben que alguien ha actuado de manera incorrecta, pueden experimentar una ligera satisfacción al ver que finalmente sufre las consecuencias de sus acciones. Otro elemento importante es la comparación social. Las personas tienden a evaluar constantemente su propia vida en relación con la de los demás, y cuando alguien atraviesa una época difícil, se siente inseguro o acumula frustraciones, observar que otras personas también cometen errores o tienen problemas puede generar un alivio temporal.
La razón por la que hay personas que se alegran del mal ajeno
Aunque pueda parecer una experiencia aislada, el «schadenfreude» ha sido descrito desde la Antigüedad con distintos nombres y matices. En la Grecia clásica se utilizaba el término «epicaricacia» para referirse a este mismo sentimiento de placer ante la desgracia ajena. En la antigua Roma, por su parte, se hablaba de «malevolencia» para aludir a una emoción similar. Durante la Edad Media, Tomás de Aquino consideraba el «schadenfreude», junto con el resentimiento y la difamación, como una de las emociones negativas vinculadas a la envidia.
Desde la perspectiva psicológica, se trata de una reacción que puede considerarse en parte natural, ya que en ella intervienen mecanismos cerebrales como la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el sistema de recompensa y la sensación de placer. Sin embargo, el psicólogo e investigador Agustín Ibáñez, del Centro de Neurociencia de la Universidad Adolfo Ibáñez, señala que esta emoción forma parte de lo que se conocen como «emociones morales». Es decir, estaría vinculada a la comparación social y a la forma en que evaluamos a los demás.
Causas
En esta línea, existen diversas razones que explican la aparición del «schadenfreude», siempre entendiendo que se trata de una reacción espontánea que no implica necesariamente intenciones negativas.
Una de las más comunes es el alivio. Cuando el mal le ocurre a otra persona, especialmente en situaciones cotidianas, puede surgir la sensación de que ese daño no nos ha ocurrido a nosotros, lo que genera una reducción momentánea de la preocupación. Otro factor importante es la envidia. En algunos casos, ver que otra persona pierde algo, falla o no obtiene lo que desea puede provocar satisfacción.
La autoestima también juega un papel relevante; para algunas personas, observar los errores ajenos puede servir como comparación que refuerza la confianza en uno mismo, aunque en otros casos puede tener el efecto contrario y generar inseguridad, dependiendo del contexto emocional. Por último, cuando alguien que ha causado daño sufre una consecuencia negativa, se puede experimentar como un «castigo merecido», lo que refuerza la sensación de equilibrio moral.
Rasgos
Los cinco rasgos de la «schadenfreude» son los siguientes:
- Se trata de un placer circunstancial que aparece al presenciar la desgracia de otra persona, siempre que no hayamos sido responsables de ella.
- Es una emoción que suele vivirse en secreto, de forma discreta, ya que una alegría excesiva ante el mal ajeno es socialmente interpretada como una falta de empatía o incluso como crueldad.
- Con frecuencia se experimenta porque se considera que la persona afectada «merece» algún tipo de consecuencia, ya sea por su comportamiento, su hipocresía o por haber infringido normas.
- Puede funcionar como un alivio emocional, ya que los errores de los demás pueden reducir sentimientos de envidia o inseguridad, generando una sensación momentánea de superioridad.
- En general, esta emoción suele aparecer ante contratiempos leves o situaciones incómodas, pero no ante tragedias graves, donde normalmente predomina la empatía y la compasión.
‘Alegría maliciosa’
Un estudio desarrollado por el Laboratorio de Estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia (LAECOVI) de la Universidad de Córdoba propone la creación de una escala para medir la denominada «alegría maliciosa» a partir de dos dimensiones básicas. Por un lado, la satisfacción que surge al observar que alguien percibido como merecedor de castigo sufre consecuencias negativas. Por otro, la emoción asociada al rechazo hacia la persona afectada, ya sea por antipatía, envidia o por no formar parte del propio grupo. La escala diseñada, compuesta por nueve ítems, fue aplicada a una muestra de más de 3.000 estudiantes de entre 10 y 17 años, mostrando su utilidad para medir esta emoción de forma consistente en diferentes edades y géneros.