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Normalmente, se habla de los efectos negativos de la relación de los niños con las pantallas, pero también hay investigaciones que apuntan en la dirección opuesta. Un estudio realizado por las facultades de Ciencias del Deporte y Psicología de las Universidades de Jyväskylä y Finlandia Oriental señala que el uso de pantallas podría aportar determinados beneficios al desarrollo cognitivo de los más pequeños, siempre y cuando se haga con moderación. En cualquier caso, no todo depende únicamente del tiempo que los niños pasan con el móvil; también hay que prestar prestar atención al tipo de contenido que consumen y a la forma en la que utilizan estos dispositivos.
Los investigadores analizaron la relación entre el tiempo frente a las pantallas y el procesamiento cognitivo durante la infancia y uno de los resultados más destacados fue la posible mejora en los tiempos de reacción de aquellos menores que pasaban más tiempo realizando actividades sedentarias frente a una pantalla. El estudio, bautizado como «PANIC», se desarrolló durante un período de ocho años y contó con la participación de 506 niños para estudiar cómo influyen la actividad física y el sedentarismo durante la infancia en las capacidades cognitivas al llegar a la la adolescencia.
Uso de pantallas y rendimiento cognitivo
De acuerdo con los resultados obtenidos, los niños que pasaron más tiempo frente a una pantalla presentaron mejores tiempos de reacción, mayor precisión y un mejor funcionamiento cognitivo en determinadas pruebas. Ahora bien, aunque estos resultados puedan resultar llamativos, hay varios matices a considerar. En primer lugar, el concepto de «tiempo de pantalla» utilizado en el estudio no se limita exclusivamente al uso de teléfonos móviles. También se incluyeron actividades como jugar a videojuegos, leer o incluso realizar los deberes.
El investigador Petri Jalanko, doctor en la Universidad de Jyväskylä, aclara que «la clave reside en el tipo de actividades que realizan durante ese tiempo. Los docentes y los padres deberían animar a los niños a utilizar los dispositivos y las pantallas de forma que promuevan el pensamiento activo, la resolución de problemas, la creatividad y el aprendizaje».
Por otro lado, el estudio también analizó la actividad física y su posible influencia sobre las capacidades cognitivas, aunque en este caso las asociaciones variaron en función del sexo de los participantes. En las chicas, combinar un uso activo de las pantallas con una mayor cantidad de ejercicio físico de baja intensidad durante la infancia se relacionó con un mejor desempeño en las pruebas de memoria realizadas durante la adolescencia. En los chicos, por el contrario, esta relación estaba asociada a una mayor participación en actividades físicas supervisadas, como las clases de educación física o la práctica de deportes dirigidos por un entrenador.
«Los resultados sugieren que el tiempo frente a las pantallas puede favorecer el procesamiento cognitivo de niños y adolescentes. Presumiblemente, lo esencial reside en el tipo de actividades que realizan durante ese tiempo. Los profesores y los padres deberían animar a los niños a utilizar los dispositivos y las pantallas de forma que promuevan el pensamiento activo, la resolución de problemas, la creatividad y el aprendizaje», afirma Petri Jalanko.
Actividad física
La actividad física mostró asociaciones diferentes entre niñas y niños, lo que apunta a que su relación con las capacidades cognitivas puede ser más compleja de lo que parece.
En el caso de las niñas, realizar una mayor cantidad de actividad física de baja intensidad desde la infancia se relacionó con una mejor memoria de trabajo durante la adolescencia. En los niños, en cambio, una mayor participación en actividades físicas guiadas desde los primeros años hasta la adolescencia se vinculó con un mejor rendimiento en la memoria de trabajo.
Los investigadores también detectaron un resultado inesperado en relación con el ejercicio realizado sin supervisión. Según los datos aportados por los propios participantes, unos niveles más bajos de actividad física no supervisada se asociaron con un mejor procesamiento cognitivo durante la adolescencia.
Sin embargo, no se encontró la misma relación cuando la actividad física y el tiempo dedicado al sedentarismo se registraron mediante dispositivos capaces de medir la frecuencia cardíaca y el movimiento. En este caso, ninguna de las dos variables mostró una asociación significativa con el procesamiento cognitivo.
«Nuestro estudio indica que la relación entre la actividad física, el sedentarismo y el procesamiento cognitivo es compleja y depende del sexo, el tipo y el método de evaluación de la actividad física y el tiempo de sedentarismo. Además, los niños y las niñas pueden beneficiarse de diferentes tipos de actividad física para la salud cerebral», señala Jalanko, según recoge Science Daily.
En definitiva, el estudio no plantea en ningún caso reemplazar la actividad física por el uso de pantallas. Su conclusión va más bien en otra dirección: no toda exposición a la tecnología tiene por qué resultar perjudicial, siempre que exista un equilibrio entre el ejercicio físico y un uso de los dispositivos orientado al aprendizaje y a la estimulación cognitiva.
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