Proverbio chino del día: «No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos»
Cuando conseguimos aquello que deseamos, la satisfacción puede desaparecer con el tiempo
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«No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos». Este proverbio chino encierra una reflexión aparentemente contradictoria, que habla de que quizá conseguir absolutamente todo lo que queremos no sea el camino más directo hacia una felicidad duradera. La investigación psicológica sobre la adaptación al placer y la búsqueda constante de nuevas metas ha encontrado una explicación para una sensación que muchas personas conocen, que habla de aquello que un día parecía extraordinario y puede terminar convirtiéndose en algo completamente normal.
El deseo como motor
La frase aparece recogida en diferentes libros de proverbios chinos y está asociada al concepto del deseo. Su planteamiento no consiste necesariamente en renunciar a las aspiraciones, sino en advertir sobre lo que ocurre cuando creemos que alcanzar una determinada meta nos proporcionará una satisfacción permanente. El problema aparece cuando conseguirla deja de producir el mismo efecto y necesitamos inmediatamente otra cosa para volver a sentir aquella emoción.
Esta idea tiene un sorprendente paralelismo con uno de los fenómenos estudiados por la psicología contemporánea, que es la adaptación hedónica. La psicología define la llamada cinta hedónica como la tendencia de las personas a regresar hacia un nivel previo de bienestar emocional después de experimentar acontecimientos positivos o negativos. Eso significa que una mejora puede hacernos sentir mejor durante un tiempo, pero sus efectos emocionales pueden reducirse progresivamente.
Una idea con raíces profundas
La reflexión también conecta con antiguas corrientes del pensamiento chino. En la filosofía taoísta, por ejemplo, el deseo ocupa un lugar central en la reflexión sobre cómo alcanzar una vida equilibrada. El filósofo Lao-Tse plantea una crítica a la búsqueda constante de riqueza, poder y satisfacción y relaciona la reducción del dominio de los deseos con una mayor tranquilidad interior.
Pero otras corrientes chinas ofrecieron una visión diferente. El filósofo Xunzi consideraba que los deseos forman parte de la naturaleza humana y que no pueden simplemente eliminarse, ya que lo importante sería aprender a regular la manera en que intentamos satisfacerlos. Esta diferencia demuestra que la tradición filosófica china nunca tuvo una única respuesta frente al deseo.
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