Contenido
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- 0.2 Los crucigramas están bien, pero este hobby al aire libre ayuda a que los mayores de 65 años mejoren su agilidad mental
- 0.3 Si respondes «sí» de forma sincera a estas preguntas, tienes más felicidad en tu vida de la que realmente te pensabas
- 1 ¿Cuál es la generación con infancia feliz?
Durante años, se ha hablado de una generación que creció sin horarios estrictos, sin actividades extraescolares y sin la constante supervisión de los adultos. A este grupo se le empieza a llamar la “generación con infancia feliz”, no tanto por idealizar el pasado, sino por analizar qué elementos de su crianza favorecieron un desarrollo emocional más sólido. Lejos de ser una etiqueta romántica, este concepto invita a reflexionar sobre cómo las dinámicas actuales han transformado la manera en que los niños experimentan su infancia y construyen su relación con el mundo.
La psicología contemporánea ha comenzado a estudiar este fenómeno con mayor profundidad, señalando que la infancia de las personas nacidas entre 1960 y 1970, y puede extenderse a finales de los 70, y anteriores, ofrecía algo que hoy escasea: el juego libre y la autonomía real. Según Space Daily, el psicólogo evolucionista Peter Gray ha documentado cómo la reducción de estas experiencias desde los años 60 coincide con un aumento significativo de problemas como la ansiedad y la depresión en niños y adolescentes. «Este cambio no solo afecta al bienestar inmediato, sino que también influye en la percepción que los jóvenes desarrollan sobre su capacidad para influir en su entorno», menciona. Así, lo que antes era una vivencia cotidiana como explorar, aburrirse y resolver conflictos sin adultos, se ha convertido en una excepción dentro de infancias cada vez más estructuradas y dirigidas.
¿Cuál es la generación con infancia feliz?
La comparación con generaciones más jóvenes hace que este rasgo resulte aún más visible. Quienes nacieron en los años 90 o en el siglo XXI han crecido en un entorno donde hablar de bienestar emocional, pedir consejo o acudir a profesionales se ha normalizado mucho más.
Las redes sociales, los cambios en la educación y la difusión de información sobre salud mental han contribuido a que pedir ayuda se perciba como algo positivo. En cambio, para muchas personas de los 60 o 70 esa idea sigue chocando con una educación basada en la autonomía individual.
El término de infancia feliz hace referencia a aquellas personas que crecieron en un entorno donde el tiempo libre no estaba planificado constantemente. No había agendas repletas de actividades ni una supervisión continua por parte de los adultos, lo que permitía a los niños desarrollar su creatividad y autonomía de forma natural.
Vivían entonces de forma más libre, evidentemente sin pantallas, una televisión (con un par de canales), sin móviles y prácticamente sin restricciones de salir y estar tiempo en la calle. Según el medio Space Daily, esta generación no se perdió nada esencial, sino que vivió una infancia más auténtica, algo que ahora parece haberse diluido. «El juego espontáneo era la norma, y a través de él los niños aprendían habilidades fundamentales como negociar, tomar decisiones o gestionar sus emociones sin intervención externa», comentan los expertos.
El juego libre de la infancia feliz en el desarrollo emocional
El juego libre no es solo entretenimiento, sino una herramienta clave para el desarrollo psicológico. Peter Gray sostiene que este tipo de actividad permite a los niños construir un “locus de control interno”, es decir, la creencia de que sus acciones tienen un impacto real en su vida.
«Cuando los niños crean sus propias reglas, resuelven conflictos y experimentan consecuencias, están desarrollando competencias emocionales que ninguna actividad estructurada puede replicar», sostiene. A su vez, destaca que este proceso fortalece la resiliencia y la capacidad de adaptación, dos habilidades esenciales en la vida adulta.
El paso de una infancia más libre a otra preocupada y planificada
El paso hacia una infancia más estructurada no ocurrió por casualidad. Tal como explica Space Daily, el aumento de la preocupación por la seguridad, junto con cambios sociales y educativos, llevó a muchos padres a organizar cada momento del tiempo de sus hijos.
A finales de los años 70 y también durante los 80, se consolidó la idea de que una infancia productiva debía estar llena de actividades dirigidas. Sin embargo, aunque entonces los niños ya hacíamos diversas actividades extraescolares, no eran en demasía, fue después cuando se estructuró esta planificación excesiva que ha reducido las oportunidades de los niños para explorar por sí mismos, aburrirse (porque es bueno hacerlo), limitando su capacidad de aprendizaje autónomo.
Las emociones se transmiten de adultos a niños
Ahondando en la infancia feliz que vivimos los que nacimos en los 70, y los que lo hicieron antes o poco después, se especifica que las emociones se transmiten de adultos a niños. Así lo ven desde De Par en Par Psicología, donde se subraya que las emociones se transmiten de adultos a menores como si fueran un reflejo. Este “fenómeno espejo” implica que los niños absorben tanto las emociones positivas como las negativas del entorno familiar.
Por ello, es fundamental que los adultos gestionen sus propias emociones y ofrezcan un clima positivo. No se trata de evitar emociones negativas, sino de enseñar a los niños a comprenderlas y aceptarlas como parte natural de la vida.
¿Por qué es importante validar todas las emociones?
Negar o minimizar emociones como la tristeza o la frustración puede generar inseguridad en los niños. Según De Par en Par Psicología, estas emociones deben entenderse como temporales y necesarias para el desarrollo.
Cuando los menores aprenden a identificar y gestionar lo que sienten, desarrollan una mayor estabilidad emocional. Este aprendizaje es clave para afrontar los desafíos futuros con confianza y sin miedo excesivo.
Las claves para fomentar una infancia equilibrada hoy
Aunque el contexto actual es diferente, es posible recuperar algunos elementos de esa infancia feliz, que había en los 70. Desde Criar con Sentido Común destacan la importancia del juego libre, la autenticidad y la empatía como pilares fundamentales.
«Dar espacio a los niños para jugar sin intervención constante les permite experimentar y aprender de forma autónoma», sugieren. Asimismo, educar desde la autenticidad ayuda a que desarrollen una identidad propia, sin depender de la comparación o la competencia constante.
Además, afirman que fomentar la empatía, reforzar las relaciones familiares y promover un sentido de pertenencia son aspectos esenciales para el bienestar emocional. Los niños necesitan sentirse parte de un entorno seguro donde puedan expresarse sin miedo.
También es importante enseñarles a reinterpretar situaciones desde una perspectiva constructiva para evitar pensamientos negativos extremos. Esta capacidad de redefinir experiencias es clave para mantener una buena salud mental a lo largo de la vida.








