Miguel Induráin, ciclista (62 años): «En los años 90 en el Tour de Francia comíamos plátanos, pastelitos y bocadillos, no había tanta sofisticación»
El ciclismo profesional ha cambiado por completo en las últimas décadas. Si antes las grandes vueltas se ganaban gracias a la resistencia, la experiencia y las sensaciones del corredor, hoy el rendimiento depende también de algoritmos, nutricionistas y cálculos milimétricos. La alimentación es uno de los ámbitos donde mejor se aprecia esa transformación.
Miguel Induráin, cinco veces ganador del Tour de Francia, ha echado la vista atrás para recordar cómo era competir durante los años 90. El exciclista navarro asegura que, en aquella época, la nutrición era mucho más sencilla y estaba muy alejada de los protocolos científicos que siguen los equipos actuales.
En plena carrera, lo habitual era alimentarse con plátanos, pastelitos, pan con membrillo y, sobre todo, los tradicionales bocadillos de jamón, un alimento imprescindible en el pelotón de aquellos años.
Miguel Induráin recuerda una época en la que bastaba con «acordarse del bocadillo»
Induráin, que hoy tiene 62 años, asegura que durante su etapa como profesional la principal preocupación no era calcular al milímetro los hidratos de carbono ingeridos, sino evitar la temida «pájara». Ese desfallecimiento provocado por la falta de energía podía arruinar una etapa y dejar sin opciones a cualquier aspirante a la victoria.
Por ese motivo, los corredores procuraban comer antes de las grandes ascensiones y mantener un aporte constante de energía con alimentos sólidos.
«Solo tenías que recordar comerte el bocadillo», resume el navarro en declaraciones recogidas por Sport para describir una filosofía muy distinta a la actual, donde prácticamente cada ingesta está programada por los especialistas.
Aunque la alimentación ya era importante, todavía predominaban la experiencia personal y las sensaciones del ciclista por encima de los datos. Cada corredor conocía su cuerpo y adaptaba la estrategia sobre la marcha, algo difícil de imaginar en el ciclismo moderno.
Cómo evolucionó la nutrición en el Tour de Francia
El cambio no se produjo de un día para otro. Durante la década de los 90 comenzaron a aparecer los primeros avances que acabarían revolucionando la alimentación deportiva.
Los geles energéticos, creados en 1987, empezaron a popularizarse entre los profesionales, aunque durante años convivieron con los alimentos tradicionales que seguían ocupando buena parte de los bolsillos del maillot.
Antes de esa revolución, las costumbres eran incluso más llamativas. Tal y como recuerda WeLoveCycling, ciclistas históricos como Eddy Merckx llegaban a desayunar filetes de carne convencidos de que la proteína les proporcionaría una ventaja competitiva.
Con el paso de los años, esa idea fue desapareciendo a medida que la ciencia demostró la importancia de los hidratos de carbono para sostener esfuerzos prolongados.
El concepto de la carga de carbohidratos ya había sido formulado en 1967, pero su implantación real en los equipos profesionales fue lenta. Uno de los primeros grandes pasos llegó en 1990, cuando el equipo estadounidense 7-Eleven incorporó chefs propios para controlar la calidad de los ingredientes y adaptar los menús a las necesidades de cada corredor, reduciendo la dependencia de la comida de los hoteles.
Del bocadillo de jamón a calcular los gramos de carbohidratos en el ciclismo
La diferencia con el ciclismo actual es enorme. Hoy la nutrición forma parte de la estrategia deportiva con el mismo peso que el entrenamiento o la aerodinámica. Los equipos cuentan con nutricionistas que planifican cada comida antes, durante y después de las etapas.
En lugar de comer cuando aparece el hambre, los corredores siguen pautas muy concretas que pueden alcanzar alrededor de 90 o incluso 94 gramos de hidratos de carbono por hora durante las etapas más exigentes. El objetivo es mantener estables los niveles de energía y retrasar al máximo la fatiga.
Además, los equipos aplican lo que se conoce como periodización nutricional o «combustible para el trabajo requerido», una estrategia que adapta la cantidad y el tipo de alimento según la intensidad prevista de cada entrenamiento o competición.
Miguel Induráin reconoce que todos estos avances ayudan a mejorar el rendimiento y forman parte de la evolución lógica del deporte. Sin embargo, también admite cierta nostalgia por un ciclismo mucho más intuitivo, donde el protagonismo recaía casi exclusivamente en el corredor y no en los datos que hoy acompañan cada pedalada.