Los ancianos siempre pasaban un lápiz por los zócalos antes del invierno: la razón resurge en cuanto llega el otoño
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En el pasado, antes de que llegara el frío, en muchas casas se hacía algo que hoy puede resultar bastante curioso. Se cogía un lápiz y se iba pasando por la parte baja de las paredes, justo donde están los zócalos. No era para marcar nada ni tenía que ver con una reparación sino que lo que se buscaba era comprobar si había algún hueco por el que pudiera entrar un ratón.
Y es que basta una abertura muy pequeña. Los ratones pueden colarse por espacios de alrededor de 6 milímetros, de modo que una separación que apenas vemos junto al suelo puede ser suficiente. El lápiz solucionaba el problema de medirlo de una forma muy sencilla: si cabía, aquel punto merecía una revisión. Hacerlo antes del invierno tampoco era casualidad. En cuanto las noches empiezan a ser más frías, estos animales buscan refugio y dentro de una casa encuentran calor y, en muchos casos, también comida. Por eso el otoño era un buen momento para mirar zócalos, grietas y rincones y cerrar esas pequeñas entradas antes de que algún ratón las encontrara primero y por ello, muchos están ahora recuperando ese truco para aplicarlo en su hogar.
Los ancianos siempre pasaban un lápiz por los zócalos antes del invierno
El procedimiento no podía ser más sencillo. Se recorría la zona de los zócalos con un lápiz, prestando atención a aquellos puntos donde existía una separación entre la pared, el suelo o las propias piezas. Si el lápiz podía introducirse en uno de esos huecos, había un problema que convenía solucionar antes de la llegada del frío. La explicación está en el tamaño. Un ratón puede llegar a pasar por una abertura de alrededor de 6 milímetros, una medida similar al diámetro de muchos lápices. Por eso, aquello que para nosotros parece una grieta insignificante puede convertirse en una entrada suficiente para un pequeño roedor.
Y no hace falta encontrarse con un agujero enorme. Una junta que se ha separado con el tiempo, un pequeño espacio detrás de un mueble o una zona alrededor de una tubería pueden pasar completamente desapercibidos durante meses. Sin embargo, si existe espacio suficiente, un ratón puede aprovecharlo. El lápiz hacía así de medidor casero. No había que sacar una regla ni calcular milímetros. Si entraba por el hueco, éste era lo bastante grande como para prestarle atención.
Por qué conviene revisar la casa cuando llega el otoño
Durante los meses cálidos es posible que esas pequeñas aberturas no nos preocupen demasiado. Pero la situación cambia cuando empiezan a bajar las temperaturas. Los roedores buscan comida, refugio y lugares protegidos del frío, y el interior de una vivienda reúne precisamente esas condiciones. Por eso no debemos limitarnos a mirar los zócalos. Si quieres hacer esta comprobación en casa, merece la pena revisar también las zonas por donde entran tuberías, los encuentros entre suelo y pared, pequeñas grietas y cualquier abertura que comunique de alguna manera con el exterior.
Piensa en una tubería que entra por una pared. El agujero realizado para pasarla suele ser algo mayor que la propia tubería y, si el espacio sobrante no está bien sellado, queda una pequeña abertura alrededor. A simple vista puede parecernos demasiado estrecha para que pase nada. Pero con los ratones precisamente ése es el error. Además, encontrar un posible acceso antes de que entre un animal siempre será más sencillo que intentar solucionar el problema cuando ya está dentro. De ahí que esta antigua costumbre se hiciera antes del invierno y no cuando el frío ya llevaba semanas instalado.
Qué hacer si el lápiz entra en una grieta
Encontrar un hueco no significa que tengamos ratones en casa. Lo que nos está indicando es que existe un posible punto de entrada y conviene cerrarlo. Aquí es donde el viejo truco del lápiz deja paso a una solución bastante sencilla. Uno de los materiales utilizados para este tipo de aberturas es la lana de acero, ya que resulta difícil de roer. Puede combinarse con un sellador adecuado para cerrar determinados espacios alrededor de tuberías, grietas o juntas. Eso sí, el método elegido dependerá siempre del lugar y del material que tengamos delante.
No todas las grietas se deben tapar de la misma manera. Si existe una abertura importante, humedad, daños en la pared o no sabemos de dónde procede el hueco, será mejor averiguar primero la causa. Y si hablamos de una entrada relacionada con instalaciones de gas, electricidad o ventilación, no conviene bloquearla sin saber cuál es su función. Lo importante es revisar esos pequeños espacios que normalmente ignoramos. Muchas veces estamos pendientes de cerrar puertas y ventanas y, sin embargo, dejamos sin mirar una abertura diminuta junto al suelo.
En definitiva, este viejo truco demuestra que a veces no hace falta complicarse demasiado para prevenir un problema en casa. Ahora que llega el otoño, revisar los zócalos, las grietas o los huecos alrededor de las tuberías puede ahorrarnos más de un disgusto cuando empiece el frío. Y el lápiz sigue siendo una referencia sencilla: si cabe por una abertura, conviene revisarla y sellarla correctamente.