Una irlandesa se muda a Marbella y es tajante: «Hacía amigos en verano y luego se iban a casa»
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Sarah Catterson, natural de Greystones, ha convertido Marbella en mucho más que un destino de vacaciones: es su hogar desde hace cinco años, cuando se trasladó hasta la ciudad junto a su marido, Anto Byrne. Desde entonces, la pareja ha empezado de cero y ya está completamente integrada en la Costa del Sol, hasta el punto de comprarse una vivienda. Asimismo, ha formado un círculo de amigos, algo que, según ella, se ha visto facilitado por la participación de Byrne en el ámbito local de la GAA (Asociación Atlética Gaélica), donde es capitán del equipo de fútbol.
«Instalarnos aquí fue como sentir que estábamos en casa desde el principio. Los dos somos muy aficionados al deporte y la ciudad cuenta con una comunidad deportiva fantástica. Hay una gran variedad de gimnasios, clubes y grupos de corredores, además de muchas oportunidades para conocer a personas con aficiones e intereses parecidos a los nuestros», reconocen.
La experiencia de una irlandesa en Marbella
«Durante el confinamiento, montamos un gimnasio en casa y empecé a dar clases particulares online. Cuando terminó la pandemia, me di cuenta de que podía ayudar a mucha más gente por internet que en persona. Fue entonces cuando surgió la idea de mudarnos al extranjero, donde podríamos seguir haciendo lo que ya hacíamos, pero también disfrutar de nuevas oportunidades», comienza explicando.
La pareja había visto cómo varios amigos se trasladaban a Australia y también habían valorado Dubái como posible destino, pero su intención era seguir cerca de sus familiares en Irlanda. Por eso, finalmente decidieron dar una oportunidad a España. Byrne, antiguo jugador de hurling del condado de Wicklow, pudo continuar trabajando a distancia para su empresa irlandesa, PrepayPower, mientras Catterson aprovechaba para impulsar su negocio de entrenamiento online.
«Mudarnos aquí fue una gran decisión. Hay una gran comunidad deportiva, algo que nos apasiona a los dos. Hay muchísimos gimnasios excelentes, clubes de corredores y quedadas, y un montón de oportunidades para conectar con gente con intereses similares», comenta. Cuando la pareja llegó a Marbella por primera vez, como muchos otros residentes extranjeros, solían disfrutar de la animada vida nocturna de Puerto Banús. Sin embargo, con el paso del tiempo han cambiado sus hábitos y ahora prefieren un estilo de vida más tranquilo.
«Los fines de semana, cuando terminamos de trabajar, nos gusta salir a pasear con nuestro perro por la Milla de Oro, parar a tomar unas tapas y disfrutar de un ambiente más relajado, especialmente cuando termina la temporada alta. El casco antiguo de Marbella nos encanta, y la Plaza de los Naranjos es uno de nuestros lugares favoritos. Ha sabido mantener su esencia mientras se moderniza sin perder su personalidad», señalan.
Después de pasar sus primeros años en España viviendo de alquiler, hace dos años la pareja decidió comprar una vivienda dentro de un complejo residencial. Ahora disfrutan también de un pequeño jardín privado, una de las ventajas que más valoran de su nuevo hogar.
Sin embargo, reconocen que al principio fue difícil formar una red de amigos porque muchas de las casas y apartamentos de la zona donde vivían eran alojamientos vacacionales. «Solía darme cuenta de que hacía amigos en verano y luego se iban a casa», admite Catterson. «Pero ya encontrado nuestra tribu y formamos parte de un grupo de unas 10 personas irlandesas. Nos cuidamos entre todos».
Según la pareja, uno de los aspectos que más valoran de vivir en Marbella es el clima: «el buen tiempo hace que la gente muestre su mejor cara. Se nota el efecto positivo que tiene venir aquí». Catterson reconoce a The Iris Times que echan de menos a sus familiares y amigos, pero la cercanía del aeropuerto de Málaga, situado a unos 50 kilómetros, facilita mucho los viajes para volver a casa y también recibir las visitas de sus seres queridos.
Población extranjera
Marbella comenzó 2025 con 166.590 habitantes y cerró el año con 173.420 personas empadronadas, principalmente a la llegada de población extranjera. Mientras que el número de españoles pasó de 109.710 a 110.214, apenas 504 más, los residentes extranjeros aumentaron en 6.326 personas, hasta alcanzar los 63.206. De este modo, ya representan el 36,45% del total de habitantes, según los datos facilitados por el Ayuntamiento.
Los países europeos concentran cerca del 40% del incremento de población registrado, con alrededor de 2.700 residentes más al cierre de 2025 que al inicio del año. Entre ellos destaca el crecimiento de los británicos, que constituyen la segunda nacionalidad extranjera más numerosa y han pasado de 5.306 a 5.838 habitantes, es decir, 532 más.
También aumentan por encima del centenar los residentes de hasta seis nacionalidades de la Unión Europea. Suecos, italianos y alemanes encabezan esta relación, con 258, 240 y 214 habitantes más, respectivamente, hasta alcanzar los 2.033 suecos, 2.844 italianos y 2.058 alemanes. La lista se completa con franceses (185 más), rumanos (125) y neerlandeses (118). Por su parte, polacos e irlandeses se quedan muy cerca de los tres dígitos, con incrementos de 97 y 94 habitantes, respectivamente.