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Javier Ruiz Taboada: “Soy más un bufón de la corte que un rey o un comunero”

Javier Ruiz Taboada
Javier Ruiz Taboada @EspasaPoesía
María Villardón

Javier Ruiz Taboada (Toledo, 1962) es oriundo de La Mancha, pero dice que el mar es su tierra. Me lo ha explicado y, bueno, casi me convence. Me gusta pensar que las vides manchegas estuvieron alguna vez bañadas por el agua salada y que un día, de repente, ese mar se secó y nos dejó al descubierto la uva que nos alimenta.

Reconoce que el estado de alarma ha sido duro, que está confinado por dentro porque tiene cosas que arreglar, cree que le falta algún tornillo. Como a todos, no nos vamos a engañar. Antes de que nos encerraran publicó ‘Hasta donde nos lleven los abrazos’ (Espasa Poesía), un libro de poesía donde habla de la cara y la cruz del amor. Cuando aparece lo segundo, lo mejor es no perder el tiempo que no se tiene. ¡Hay que espabilar!

Cocina poco, aunque está animándose. Pinta y vende sus cuadros, ha cantado en garitos, pero más a lo Aute que a lo Camarón y, además, empezó en la radio por casualidad, como esos actores de Hollywood que acompañan a amigas a un casting y al final los escogen a ellos. Ha trabajado con Luis del Olmo, Javier Ares y ahora, entre miles de danzas creativas, su voz habita en ‘RadioEstadio’ y en ‘Más de Uno’ de Carlos Alsina.

¿Has solucionado algo durante el confinamiento?

Han sido meses complicados para mí, pero, bueno, si algo tiene solución para qué preocuparse y si no la tiene, para qué preocuparse, ¿no?

Algo bueno habrás sacado.

Yo salgo del estado de alarma más alarmado de lo que entré. He tenido más pesadillas, insomnio y, sobre todo, he perdido la paciencia para ciertas cosas. Sigo confinado, al menos un poco, tanto externa como internamente. Me tengo que arreglar un poco por dentro, creo que he perdido algún tornillo.

No te apures, a todos nos falta alguna pieza.

(Risas) Sí, sí. Pero he sido incapaz, excepto por la radio, de escribir. No he escrito nada. No he tenido ganas, ni inspiración, y si he tenido inspiración, mi creación era tan apocalíptica que he decidido no escribir nada.

Venga, hablemos entonces de tu madre que era un poco poetisa. ¿Cómo eran aquellas ripias que cada Navidad escribía en un papel para toda la familia?  

Mi madre era una persona maravillosa e inteligente, con mucha creatividad, siempre hacía muchas cosas y una de ellas era esta. Cuando nos juntábamos todos en Navidad en Toledo, en casa de mis abuelos, ella escribía una cuarteta, unos ocho versos o así para no aburrir al personal porque en este momento nos juntábamos muchísimos, a modo de resumen de cada uno de nosotros. Siempre sacaba algún hecho que hubiera ocurrido y lo plasmaba ahí. Lo ha hecho a lo largo de muchos años, aunque ya se perdió, pero su poesía reflejó nuestro crecimiento y eso era muy bonito y también muy divertido.

¿Conservas alguna de esas cuartillas ahora?

La verdad es que no, lo que sí conservo de ella es un recetario que me hizo cuando me vine a Madrid a trabajar a los 25 años. Estuve unos meses en casa de mi hermana y más tarde alquilé un piso que conseguí a través de la radio de Toledo. Allí, en un programa que se llamaba ‘El Zoco’, el típico mercadillo en el aire que se decía “Se alquila no sé qué” o “Se vende esto y lo otro”, anunciaron mi búsqueda de piso a ver si aparecía alguien y ¡apareció! Bueno, pues como me iba a vivir solo, me escribió en un libro de pastas duras con todas las recetas de las comidas que me gustaban para que me las hiciera yo.

Habría carcamusas –plato típico toledano–, espero.

Pues no, no había. Y te diré que en este confinamiento he estado cocinando mucho, me he atrevido a hacer recetas que no me había atrevido nunca y una de ellas ha sido la de las carcamusas. Pero he fracasado, llevan mucha elaboración y me da un poco de pereza.

Vamos a ver, ¿cómo es posible que digas que tu tierra es el mar siendo de la meseta?

Siempre se echa de menos lo que no se tiene. La primera vez que fui al mar me quedé impresionado, desde entonces me encanta porque me brinda paz, calma y libertad. También me encantan los puertos, de hecho, me habría encantado embarcarme alguna vez para ir con pescadores a pescar, aunque sé que es durísimo. Eso sí, me encanta el mar de la superficie para arriba, el fondo me da miedo.

Creo que no me convences. Mira, yo siempre he querido que me entrevistara Mara Torres en ‘El Faro’ para que me preguntara por mi relación con el mar y contestarle: “¡Hombre, Mara, por Dios! Que soy de Toledo. ¿Qué pregunta es esa?”.

(Risas) Me hace gracia esto que dices porque yo siempre he querido que me entrevistara Teresa Viejo en ‘La Observadora’ de RNE. La he escuchado tantas veces volviendo de trabajar los fines de semana que me haría ilusión. Con respecto a Toledo, piensa que es un lugar con una gran particularidad: es una península rodeada de agua por todas partes menos por una. El río Tajo bordea completamente la ciudad y vista desde el Valle o el Parador, por ejemplo, es como una isla. Además, siempre he visto los viñedos de La Mancha como un mar antiguo que se secó y del que quedó sólo la tierra.

Como persona que camina por la vida, ¿caminas más como comunero o como rey?

(Risas) Reconozco que me gusta la buena vida, pero me gusta disfrutar de las cosas sencillas y, además, soy bastante defensor de pleitos pobres en muchas ocasiones.

Entonces eres más comunero.

Sí, pero no soy un gran aventurero tampoco. Soy luchador y cuando hace falta soy muy guerrero, pero en realidad soy una persona tranquila. Mira, creo que no sería ni comunero, ni tampoco rey, sería más un bufón de la corte.

(Risas) Yo te definiría más como un juglar.

Sí, es cierto, contaban historias, transmitían a través de sus cantos y letras lo que había pasado. Un poco cotillas en algún punto, cosa que yo no soy nada, no me interesa nada la vida de los demás.

Practicas la pintura, la fotografía y tienes interés por el diseño, ¿qué te queda?

Ahora tengo pendiente hacer un curso de locución, por ejemplo.

Pero, ¿recibirlo tú? Entonces, ¿el resto de mortales a qué nos tenemos que apuntar?

Sí, recibirlo yo, pero de locución de interpretación. He hecho algún doblaje esporádico, pero no tengo la técnica del doblaje y para eso te tienen que enseñar a interpretar. A no ser, claro, que nazcas con un don innato. Es como cantar, si naces con voz y una cierta afinación sólo tendrás que mejorar. También he cantado en algún garito, te confesaré.

¿En plan cantautor o rompiéndote la camisa como Camarón?

(Risas) Empecé presentándome a certámenes de cantautores de Castilla La Mancha y canté en dos o tres sitios con público. ¡Fui más atrevido que cantante! A pintar empecé porque me regalaron mis amigos una caja de óleos, al año siguiente un caballete y ya me vi obligado a usarlo todo. Practicando y practicando, al final encontré un estilo que uso hasta el día de hoy y, además, intento vender mis cuadros como intento vender mis libros.

Eso no lo sabía.

Sí, sí. Los vendo y me gusta que la gente los tenga en sus casas. Tengo aquí algunos que quizá regale, me da pena verlos apilados, por eso me encanta la anécdota esa de: ‘¿Sus cuadros se venden? Sí, pero no los compra nadie’. ¡O muy poca gente! (Risas) Igual que mis libros de poesía, también los vendo.

Y se venden.

Sí, se venden. No mucho porque la poesía no es la novela, es otro género, y cuesta más. Yo creo que a la gente le gusta más que la poesía se la reciten. Siempre voy a todo e intento mover mis libros para que se vendan porque son el fruto de mi trabajo y, además, a mí no me importa compartir mis emociones y que la gente las lea.

De tus poemas de ‘Donde nos lleven los abrazos’ me quedaré con esto: “No perderé contigo el tiempo que no tengo”. Es demoledor.

Este libro es muy especial, tiene tres partes: cara, cruz y canto. La cara es el amor más explosivo, llevado a la pasión y al deseo, es cuando estás enamorado. Es el amor puro y duro. Bueno, lo duro del amor es la cruz, ese momento en el que te dejan, quieres dejar, te han dejado y estás jodido. Es ahí, en este espacio de desamor, cuando nacen frases como esa. Ya no gastas ese tiempo porque ya no merece la pena.

¿Se puede hacer poesía de cualquier cosa como hizo Marcel Duchamp al elevar al arte lo cotidiano con el ‘ready–made’?

Creo que sí, cualquier cosa que provoque una emoción es susceptible de dedicarle un poema. Y, ojo, también puede servirte de inspiración la belleza de lo feo. Es decir, el típico sofá viejo que bajan los vecinos a la calle puede tener una bellísima foto.

Te diría, y esto me deja regulero, que mi comprensión a la hora de leer poesía es limitada, pero te aseguro que jamás he olvidado la métrica de los sonetos.

A mí los sonetos me encantan, estaba yo muy aturdido por esa métrica y, de repente, encontré un libro de sonetos donde descubrí el soneto en verso blanco donde ¡no rima nada! De todos modos, cuando escribo procuro no meterme en jardines, escribo poesía sencilla, así que no creo que con la mía tengas problemas a la hora de comprenderla.

Cuando escribes poesía, digamos, no te pones zancadillas.

Procuro no hacerlo, aunque sí que hubo un tiempo que lo hice cuando hacía con Carlos Alsina ‘El reverso de la brújula’. Aquello era un resumen de la actualidad diaria hecha en verso, ahí sí que me complicaba más, la verdad, pero no en los libros, aquí procuro que quede bonito y bien medido. En la radio, por ejemplo, hay que evitar meter palabras que nos cuesten pronunciar porque te metes en unos líos…

¡Hombre! Yo tengo gazapos que aún son recordados. En una de mis primeras locuciones en radio dije ‘estracos’ en lugar de estragos. ¡Un drama! ¡Todavía se ríen de mí!

(Risas) ¡No me digas! ¡Es que la gente es muy mala! Claro, si tienes que decir esternocleidomastoideo, por Dios, busca un sinónimo y no lo escribas.

A ver, pero seguro que tú tienes alguno para enmarcar. ¡Confiesa!

¿Yo? ¡Mogollón! El último fue que estaba haciendo una mención publicitaria y tenía que decir manazas, porque era algo de bricolaje, y yo leí manzanas todo el tiempo. ‘¡Eres un manzanas!’, leía todo el tiempo, pero no sé, pensé que como cuando gritas ‘¡Eres un matao!’. Al día siguiente me llamaron porque, efectivamente, ponían manazas. Se rieron mucho de mí también.

De niño has contado que eras ya asiduo oyente de radio, eso ya no se estila tanto.

No sé, ahora con la pandemia, como estaba todo el mundo en casa eso ha cambiado mucho, los padres ponían la radio y los niños se han sumado como oyentes. No hace demasiado me preguntaba por qué trabajaba en la radio y recuerdo que empecé a trabajar en ella por un cartel en la puerta de ‘Radio 80’ de Toledo que ponía: “Se necesita locutora”. Fui con una amiga que se quiso presentar y al final nos quedamos los dos.

Ya sabes lo que dice el refrán: ‘Si te gusta la voz de la locutora, no te pases por la emisora’.

(Risas) Eso dicen, sí. De siempre he tenido una relación muy estrecha con la radio.

Trabajaste con Luis del Olmo e, incluso, hacías sus programas cuando no estaba él. Impone, supongo.

Sí, impone mucho. Impone saber que te diriges a mucha gente, impone estar a la altura de un pabellón que está ya muy alto, impone trabajar con gente con la que él trabajaba que controlaba mucho.

¿Alsina es tan irónico como parece?

Bueno, evidentemente Alsina tiene su personalidad y su manera de ser, pero es un tipo fantástico. Es así tal como lo ves, muy cariñoso y un gran entrevistador. Bueno, eso pregúntaselo a sus entrevistados.

¿Y la europea?

(Risas) Sí, pero eso no es casualidad. Alsina lleva preparadas las entrevistas como si él fuera el entrevistado, para que no le puedan pillar en un renuncio y tener siempre una salida. Es muy trabajador, está las 24 horas.

Bueno, tras esta charla, espero que la gente quiera saber más de poesía que de poetas.

Pues sí, aunque, la verdad, me da lo mismo que hablen o no de mí, mientras se venda el libro…

Tener disposición, ganas, pero no prejuicios.

Eso es. Pero el autor se expone muchísimo porque, además de hablar del amor, también se ha usado mucho como protesta, reivindicación, etc. Tiene de todo, es muy completa.

Y esquiva la censura.

Sí, puedes soltar una fresca y que, además, te quede bien. Yo escribo mucho para leer entre líneas.

Buscaré entonces algún poema en el que insultes. A mí me va mucho la gresca.

¡Hombre! En este libro hay un poema muy reivindicativo que se llama ‘Sola’ y es una reivindicación de por qué carajo las mujeres no pueden ir solas y tranquilas por la calle yendo o regresando a la hora que quieran sin que nadie les moleste. Es un poema muy directo, te lo digo por lo del insulto.

@MaríaVillardón

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