Hito sin precedentes en la ciencia: descubren un océano en el interior de la Tierra
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Desde hace años circula la idea de que sabemos bien cómo es nuestro planeta, como si su interior fuera un esquema fijo que no cambia. Pero la ciencia vuelve a mover el suelo, y esta vez de forma literal. Un equipo internacional ha encontrado indicios de que, a cientos de kilómetros de profundidad, podría existir una cantidad de agua tan enorme que dejaría pequeños a todos los océanos que vemos en la superficie. No sería un mar como los que conocemos azul y líquido, pero sí un océano colosal que obliga a revisar lo que creíamos entender sobre el interior de la Tierra.
La pista no surgió en una expedición volcánica y tampoco en un estudio con sensores remotos, sino en un laboratorio donde se reprodujeron presiones y temperaturas imposibles para cualquier instrumento convencional. Allí, los investigadores vieron cómo ciertos minerales del manto profundo atrapaban hidrógeno y oxígeno en cantidades mucho mayores de lo esperado. Ese hallazgo abrió una puerta inquietante: ¿y si la mayor parte del agua del planeta lleva miles de millones de años encerrada en un nivel que nunca habíamos considerado? El trabajo, publicado en Science, apunta justo a eso. No es un detalle más dentro de la geología, sino una pieza que trastoca por completo el rompecabezas del origen de la Tierra. Si este océano interno existe, empezó a formarse cuando el planeta era todavía un mar de magma y los impactos mantenían su superficie fundida.
Hito sin precedentes: descubren un océano en el interior de la Tierra
El grupo del Instituto de Geoquímica de Guangzhou planteó una hipótesis sencilla: cuando la Tierra primitiva empezó a solidificarse, parte del agua debió quedar atrapada en minerales recién formados. Faltaba comprobarlo. Para ello simularon las mismas condiciones que existen en el manto inferior, una zona donde la presión es tan alta que la roca no se comporta como la imaginamos.
Allí descubrieron que los minerales pueden retener cantidades enormes de agua en forma de componentes químicos. No se habla de lagos subterráneos, sino de algo más extraño. En esas profundidades, el agua no fluye, sino que se integra en las estructuras cristalinas. Sólo cuando la roca asciende y la presión disminuye, esos elementos se liberan y forman agua como la conocemos. Los modelos que utilizaron los científicos son claros: si el cálculo es correcto, bajo nuestros pies podría haber más agua de la que contienen los mares de todo el planeta juntos.
La bridgmanita, una pieza que nadie esperaba
La clave del estudio está en un mineral del que apenas se habla fuera de los círculos académicos: la bridgmanita. Es el material más abundante del manto inferior y ocupa cerca del 80 % de su volumen. Lo sorprendente es que su estructura permite almacenar hidrógeno de forma muy eficiente, mucho más de lo que se creía.
Esto lleva a una consecuencia directa. Si una parte enorme del manto está compuesta por bridgmanita, entonces el planeta tiene capacidad de almacenar un volumen gigantesco de agua en profundidad. Los investigadores estiman que alrededor del 60% de toda el agua interna podría estar concentrada justo en esa franja del interior terrestre.
Lo cierto es que el dato no es sólo curioso sino que obliga a replantear cómo circula el agua a lo largo de millones de años y qué relación existe entre estas reservas profundas y la actividad volcánica o el intercambio de gases con la atmósfera.
Una mirada hacia los primeros días del planeta
Para entender la magnitud de este descubrimiento hay que retroceder hasta el origen mismo de la Tierra. Al principio era un mundo completamente fundido. El manto tardó en solidificarse y, a medida que se enfriaba, fue atrapando elementos que hoy determinan buena parte de su comportamiento.
El agua pudo quedar encerrada desde entonces, antes de que existieran océanos como los actuales. Esa idea cambia la teoría clásica que atribuía el agua a impactos de cometas o a procesos superficiales. El planeta habría nacido con su propia reserva interna, oculta y estable bajo capas de roca que nunca vemos. Si es así, este océano profundo no sería un fenómeno puntual, sino un componente constante de la historia del planeta, presente desde el principio y todavía activo en su evolución.
Un descubrimiento que deja más preguntas abiertas
El hallazgo acaba ahí, ya que no sabemos todavía cuánto de ese agua puede salir a través de volcanes, cuánta permanece sellada en el manto o qué papel juega en la estabilidad térmica del planeta. Lo que sí parece evidente es que el ciclo del agua es mucho más amplio de lo que se pensaba y no se limita a mares, nubes y lluvias.
Los científicos coinciden ese posible océano en el interior de la Tierra, es una de esas revelaciones que cambian el curso de la historia. La imagen de la Tierra como un planeta seco en su interior empieza a desvanecerse. Lo que emerge ahora es un mundo con reservas profundas que acompañan su evolución desde hace miles de millones de años y que, por primera vez, parece que empezamos a descubrir.