Tierra

Un estudio reciente sacude a la comunidad científica: nuevas pistas revelan qué esconde realmente el núcleo de la Tierra

núcleo de la Tierra
Blanca Espada

Durante años, el núcleo interno de la Tierra se explicaba como una esfera sólida, muy caliente, compuesta de hierro y níquel, y poco más. Una capa estable, inmóvil y silenciosa. Esa imagen nos ha acompañado durante tanto tiempo que parecía incuestionable. Pero resulta que no lo era. En los últimos años han ido apareciendo señales de que el corazón del planeta podría ser bastante más inquieto de lo que se pensaba, y el estudio publicado ahora en Nature Geoscience lo confirma con una contundencia que nadie esperaba.

Según este nuevo trabajo, el núcleo interno no permanece rígido sino que en realidad, está cambiando. Cambia su forma, se deforma ligeramente y muestra indicios de variar su comportamiento. Y lo sorprendente no es sólo la conclusión, sino la escala temporal: estas transformaciones no se remontan a millones de años atrás, sino apenas a las últimas dos décadas. Un abrir y cerrar de ojos para la historia de la Tierra. El hallazgo ha puesto en alerta a la comunidad científica porque obliga a replantear buena parte de lo que creíamos saber sobre la dinámica interna del planeta. No es la típica revisión teórica: se trata de un movimiento real, reciente y que puede tener efectos en procesos tan básicos como la rotación terrestre.

Un estudio reciente revela qué esconde realmente el núcleo de la Tierra

Los datos apuntan a que el interior del planeta está más vivo y es más cambiante de lo que durante décadas se dio por hecho. Lo que plantean los investigadores no es sencillo de visualizar, pero sí de entender con una idea clave: el núcleo externo tira del interno. La parte externa, formada por hierro fundido, se mueve de forma constante debido a la convección. Esos movimientos generan fuerzas magnéticas capaces de arrastrar o deformar la superficie del núcleo interno, que es sólido pero no tan rígido como creíamos. Esa tracción podría explicar por qué se observan cambios estructurales justo en su capa más cercana.

También se baraja otra posibilidad: que el manto inferior, la capa que separa el núcleo de la corteza terrestre, esté influyendo directamente en esas deformaciones. Algunas zonas del manto podrían estar transmitiendo presiones desiguales que alteran la forma del núcleo desde el exterior. Y lo verdaderamente llamativo es la velocidad a la que parece moverse todo esto. Los geofísicos esperaban encontrar variaciones a escala de miles de años, pero no en plazos tan cortos. Y ese detalle lo cambia todo.

Un cambio que podría afectar a la rotación terrestre

El estudio también apunta a un posible efecto en el giro del planeta. Que el núcleo interno cambie su forma o su comportamiento podría influir, aunque sea mínimamente, en la velocidad de rotación. En otras palabras: la duración del día podría verse afectada con el tiempo, no de forma perceptible ahora mismo, pero sí como parte de un ciclo mayor. Los científicos lo toman con cautela, pero el dato encaja con pequeñas variaciones de rotación que ya se habían registrado en años recientes y cuyo origen no estaba del todo claro.

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Estudiar el núcleo no es cuestión de perforar la Tierra. Todo lo que sabemos procede de cómo viajan las ondas sísmicas a través de sus capas y de este modo, para esta investigación, los expertos analizaron 121 terremotos repetidos registrados entre 1991 y 2024. Ocurrieron en la misma zona, cerca de las Islas Sandwich del Sur, lo que permite compararlos casi como si fueran copias de un mismo fenómeno. Las ondas generadas atravesaron el planeta y fueron recogidas en estaciones ubicadas en lugares tan distintos como Alaska o los Territorios del Noroeste de Canadá.

Al superponer esas señales, apareció una anomalía que llamó la atención del equipo. Las ondas que llegaban tras atravesar el núcleo interno no coincidían exactamente con las registradas en el pasado. Había pequeños desajustes que solo podían explicarse por un cambio real en la estructura del núcleo. John Vidale, sismólogo de la University of Southern California, lo explicó de forma muy directa: habían encontrado indicios claros de que la capa superficial del núcleo interno “no está tal y como la conocíamos”.

El misterio del corazón del planeta sigue abierto

El siguiente paso será ampliar el número de terremotos analizados y, probablemente, obtener datos desde el fondo oceánico, donde las señales sísmicas llegan con menos interferencias. Entender este proceso puede ayudar a descifrar dinámicas profundas de la Tierra que, hasta ahora, parecían completamente inaccesibles.

Este estudio no cierra el debate; lo abre. Si el núcleo interno está cambiando tan rápido, será necesario revisar modelos, volver a evaluar hipótesis y, sobre todo, aceptar que la Tierra continúa siendo un sistema en movimiento constante. Lo que parecía una estructura firme y predecible ha resultado ser una región mucho más activa de lo que jamás se creyó.

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