Cuándo se descubrió el cáncer: primeros estudios y avances en la investigación
¿Cuándo se descubrió el cáncer? Analizamos los primeros estudios, cómo se entendía en la Antigüedad y los avances que marcaron la investigación médica.
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Hablar del “descubrimiento” del cáncer suena a un momento épico, casi cinematográfico. Pero la realidad es mucho menos puntual y mucho más extensa. El cáncer no apareció de repente ni fue identificado en una fecha concreta. Ha acompañado a la humanidad desde hace millas de años.
Lo más impactante no es solo que lo registraran, sino el diagnóstico final: “no hay tratamiento”. Directo. Rodeos de pecado. Eso ya nos dice algo importante: el cáncer estaba ahí desde hace más de 3.500 años. Siglos después, el médico griego Hipócrates dio un paso más. Observó ciertos tumores y los llamados karkinos, que significan “cangrejo”. ¿Por qué ese nombre? Porque las venas que rodeaban algunos tumores le recordaban a las patas de este animal. De ahí viene la palabra “cáncer”.
Orígenes en el mundo clásico
La respuesta honesta es que no hubo un único momento. Sus primeras descripciones datan del Antiguo Egipto. En la Grecia clásica recibió un nombre que todavía usamos. En el siglo XIX se comprendió su base celular. En el siglo XX se identificaron tratamientos médicos eficaces. Y en el XXI estamos descifrando su base genética con una precisión impensable hace cien años. El cáncer no fue “descubierto” de golpe. Fue comprendido poco a poco. Cada época aportó una pieza del rompecabezas.
Es más bien una carrera de fondo: generaciones enteras intentando entender qué estaba pasando dentro del cuerpo humano. Los primeros registros: Egipto ya lo conocía.
Otras etapas de la historia
Durante la Edad Media, en Europa se siguió repitiendo las ideas antiguas. La medicina avanzaba, pero muy lentamente. En el mundo islámico, sin embargo, se conservaron y ampliaron muchos conocimientos médicos clásicos.
Con el Renacimiento llegaron las disecciones anatómicas sistemáticas. Por primera vez se estudió el cuerpo humano con detalle real, no solo a partir de textos antiguos. Esto permitió observar mejor cómo eran los tumores y cómo afectaban a distintos órganos. Aun así, el cáncer seguía siendo un misterio. La cirugía era arriesgada y dolorosa. No había anestesia moderna ni antibióticos. Operar un tumor era casi una apuesta desesperada.
Siglo XVIII: cuando el entorno empezó a sospecharse
En el siglo XVIII ocurrió algo importante. El cirujano británico Percivall Pott notó que muchos deshollinadores de Londres desarrollaron cáncer de escroto. Eran niños y jóvenes que trabajaban rodeados de hollín durante años.
Este punto cambió la conversación: el cáncer no era solo algo que “aparecía” sin motivo. El entorno podía influir. También empezó a consolidarse la idea de que, si se detectaba a tiempo y se extirpaba completamente, un tumor podía curarse. La cirugía comenzó un verso como una herramienta real contra el cáncer.
Siglo XIX: el momento clave, la teoría celular
El gran cambio llegó en el siglo XIX con la teoría celular. El médico alemán Rudolf Virchow defendió que todas las células provienen de otras células.
La gran diferencia respecto al pasado es la precisión. Las máquinas actuales permiten dirigir la radiación casi milimétricamente al tumor, protegiendo mejor los tejidos sanos. Esto reduce los efectos secundarios y mejora los resultados.
El tratamiento en la actualidad
Si hace 40 años alguien escuchaba la palabra “cáncer”, el panorama era bastante oscuro. Hoy la conversación es distinta. No es sencilla, no es ligera, pero tampoco es la misma. La medicina ha avanzado mucho, no existe una fórmula mágica que sirva para todos los casos. Cada cáncer es distinto. Cada persona también. Y ahí está el gran cambio: ahora el tratamiento se adapta al paciente, no al revés.
Cirugía: cuando quitarlo es la mejor jugada
La cirugía sigue siendo una de las armas más importantes. Si el tumor está localizado y no se ha extendido, quitarlo puede ser directamente la solución. Pero no hablamos de las cirugías de hace décadas. Hoy existen técnicas mínimamente invasivas, laparoscopia, cirugía robótica… procedimientos mucho más precisos. Se corta menos. Se daña menos tejido sano. La recuperación es más rápida.
En muchos casos, la cirugía no va sola. Puede ir acompañada de quimioterapia antes (para reducir el tumor) o después (para eliminar las células que hayan quedado). Es una estrategia combinada. Pero cuando el cáncer está bien delimitado, la cirugía sigue siendo una opción potente.
Quimioterapia: sí, sigue siendo importante
La quimioterapia tiene fama y no siempre buena. En algunos cánceres es el tratamiento principal. En otros, es complementario. Pero su evolución tecnológica ha sido enorme.
Terapias dirigidas: atacar con inteligencia
Aquí es donde la medicina se ha vuelto realmente estratégica. Las terapias dirigidas no atacan “a lo grande”. Van al punto exacto. Actúan sobre las moléculas específicas que el tumor necesita para crecer. Antes de aplicarlas, se estudia el perfil genético del tumor. Se analiza qué mutaciones tiene, qué receptores utilizan, cómo se comunica internamente. Y a partir de ahí se elige el medicamento adecuado. Es un enfoque mucho más fino, más inteligente. En determinados cánceres de mama, pulmón o colon, estas terapias han cambiado los pronósticos de manera clara. Inmunoterapia: activar el propio cuerpo
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- Cáncer