crítica teatral

‘Desbarats’: una comedia de altísimo nivel, probablemente una obra maestra

El Teatro Principal brilla con esta producción que tiene a Rafel Duran en la dirección y Marc Rosich en la dramaturgia

Los trece intérpretes en escena, además de los cuatro músicos, son una bendición de principio a final

desbarats
Los intérpretes de la comedia 'Desbarats'.

Una de las particulares fijaciones de la nueva gerencia del Teatro Principal de Palma es el compromiso de recuperar la producción propia de comedias y desde que ha comenzado la programación de nuevo cuño han llegado dos exquisiteces: El malalt imaginari, autodenominada comedia ácida, con el doblete de Sergio Baos en dirección escénica y dramaturgia, y Desbarats, que viene a ser un híbrido de teatro del absurdo y comedia costumbrista en perfecta sintonía de talentos con Rafel Duran a la dirección y Marc Rosich en la dramaturgia.

El género de la comedia, en el teatro y en el cine, tanto da que da lo mismo, siempre ha jugado el papel de hermana pobre, en lo que se refiere a sublimes reconocimientos, puesto que arrastra el estigma de tratarse de un género menor. En cambio, aquí estaríamos hablando de dos producciones que son en sí mismas auténticos pesos pesados.

Dos proyectos en los que llama la atención la capacidad del Principal para sacar músculo a la hora de enfrentar producciones de alto voltaje, muestra inequívoca de su buen estado de forma y del grado de madurez técnica y artística alcanzado. Dos trabajos propios, perfectamente exportables.

Centrándonos en Desbarats lo primero a tener en cuenta es la frescura del texto de Llorenç Villalonga, debido probablemente a que no fue escrito en un principio para ser representado, ni tan siquiera publicado, sino para ser leído como divertimento en reuniones privadas. Unos relatos breves y sin continuidad que simplemente compartían dibujar en trazo grueso cómo era la alta burguesía palmesana en los años de posguerra. Cabe imaginarse a Llorenç Villalonga improvisando unas lecturas dramatizadas en los postres.

Transcurridas ocho décadas de todo aquello, y sesenta años después de ser publicados estos relatos breves en 1965, llegaban al conocimiento general unos textos que en realidad eran rigurosas radiografías de la decadencia de una clase social hoy desaparecida, aunque algunos de sus rasgos continúan siendo perfectamente verosímiles. Era una cuestión de tiempo que el teatro tuviese la tentación de curiosear en ellos y aquí el Teatro Principal jugará un papel protagonista, primero con la propuesta que Pere Noguera llevó a las tablas el año 2002 y ahora este magistral trabajo de Duran y Rosich.

Estamos hablando de una obra coral, jugando el papel de hilo conductor, la actriz Aina Frau, encarnando el personaje de la marquesa viuda de Pax. Los trece intérpretes en escena, además de los cuatro músicos, son una bendición de principio a final. Ellos, su absoluta implicación, son los grandes artífices de tan deslumbrante espectáculo. Individualmente brillan con luz propia, en todos los personajes, aunque es de destacar la maestría de Lluqui Herrero al desdoblarse en los papeles de la Infanta y la cabaretera. En realidad todos y cada uno de los intérpretes aportan perfiles singulares e imprescindibles.

Pero todo ello no habría sido posible cuadrarlo sin el desbordante talento de Rafel Duran y Marc Rosich en la configuración de las geografías escénicas y el trepidante ritmo de unas escenas que le otorgan continuidad al relato a partir de tan ajustada y afortunada caracterización de los intérpretes. Hasta el cuarteto de músicos aportan un extraordinario papel para el subrayado de la rotundidad en este juego incansable de sucesivos gags. Sencillamente, es una comedia de altísimo nivel. Probablemente una obra maestra.

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