El anillo que rompió el silencio: la Justicia reabre el caso de la muerte de la ‘pitonisa de los ricos’ en Ibiza
Flor Bollini, conocida también como la 'chamana de los empresarios', falleció en la sauna de una villa de lujo
Un anillo inteligente podría cuestionar la versión sostenida hasta ahora por los testigos
Más de un año después de que la muerte de María Florencia Bollini -Flor Bollini- fuera archivada como accidental, un juzgado de Ibiza decidió reabrir la investigación ante la insistencia de su familia. Nada cuadra desde un principio y hay muchas incógnitas aún por resolver. Lo más paradigmático es que casi un mes más tarde de la reapertura del caso, éste sigue estancado y no se ha practicado prueba o testifical alguna.
Este suceso, que en octubre de 2024 conmocionó a la isla balear por el contexto en el que se produjo -una fiesta privada en la villa de un millonario sueco- vuelve ahora al centro del foco judicial por un elemento tecnológico inesperado: un anillo inteligente que podría cuestionar la versión sostenida hasta ahora por los testigos.
Bollini, de 44 años, fue hallada sin vida en la sauna de la vivienda tras más de 24 horas ininterrumpidas de celebración. La invitación al evento, difundida por WhatsApp, prometía una kitchen party que iría subiendo de intensidad hasta convertirse en una «fiesta de pijamas salvaje». El mensaje animaba a los asistentes a llevar «lo que les apetezca», acompañado de emoticonos de pastillas, copas, nieve, caballo y dinero. La sauna de leña junto a la piscina se presentaba como un espacio para «desconectar de lo que pase y empezar de nuevo».
OKBALEARES ha tenido acceso al sumario de la causa. Diligencias policiales, informes, declaraciones de testigos, autopsia y la inspección ocular. Este periódico ha hablado con la familia de la fallecida y con periodistas locales que cubrieron la noticia. Muy llamativo resulta el escaso seguimiento y la cobertura informativa de un caso, a priori, tan mediático. Las contradicciones, la sorprendente rapidez a la hora de ejecutar algunas acciones y la falta de transparencia con la familia de Flor Bellini están sobre la mesa.
Todo comenzó la madrugada del 14 de octubre, cinco personas alertaron a la central de emergencias del 112. Cuando la Policía Local de Sant Antoni de Portmany, Guardia Civil y los servicios sanitarios del SAMU-061 llegaron a la villa, el cuerpo ya no se encontraba en la sauna. Estaba sobre una mesa en la terraza, cubierto con una manta y rodeado de velas, junto a la piscina. La mujer estaba desnuda y presentaba quemaduras compatibles con una exposición prolongada a las altas temperaturas. Es decir, habían movido el cuerpo.
El informe preliminar de la autopsia concluyó que la muerte se produjo por una parada cardiorrespiratoria súbita «en posible relación con intoxicación por sustancias estupefacientes». En apenas un mes, el Juzgado de Instrucción número 2 de Ibiza decretó el sobreseimiento provisional al no apreciar indicios suficientes de delito. La decisión se adoptó sin contar aún con el informe toxicológico completo ni con el análisis forense definitivo. Y lo peor de todo, el cuerpo sin vida de la pitonisa de los ricos o la chamana de los empresarios, como se la conocía, se había incinerado de forma exprés y sin contar con la autorización de la familia. Nadie había contactado con ellos.
El estudio posterior reveló la presencia de MDMA, ketamina, norketamina, anfetamina y metanfetamina -componente habitual del llamado tusi- además de una cantidad mínima de alcohol en sangre. Según la acusación particular, las concentraciones detectadas no eran letales. Tampoco se encontró bufotenina, sustancia asociada al denominado ritual del sapo bufo, pese a que algunos asistentes apuntaron que la fallecida había participado en una ceremonia de este tipo esa noche.
El giro decisivo llegó con los datos del anillo inteligente que Flor Bollini llevaba puesto. El dispositivo monitorizaba sus constantes vitales y registró una caída pronunciada de las pulsaciones a las 23:25 horas del 13 de octubre. En torno a la medianoche entró en modo de descanso total, estado compatible con la ausencia de actividad cardiaca. Sin embargo, la llamada a Emergencias no se produjo hasta más de dos horas después. Además, el anillo registró siete pasos pasada la medianoche, una distancia que coincide con el trayecto entre la sauna y la mesa de la terraza donde apareció el cuerpo.
Los cinco testigos declararon que la encontraron aún con vida y que avisaron inmediatamente al 112, además de señalar que habían llegado tarde de una comida. Los registros biométricos, sin embargo, sitúan el cese de la actividad vital antes de la versión ofrecida.
El abogado de la familia, Vicente Monzó, en varias declaraciones sostuvo que existían indicios de homicidio, ya sea doloso o por imprudencia grave, así como posibles delitos contra la salud pública por favorecimiento del consumo de drogas y hurto ante la desaparición de efectos personales de la fallecida.
La acusación, desde un principio, defendía que Bollini pudo haber permanecido más de una hora en la sauna sin supervisión, pese a que los asistentes aseguraron que, debido a sus problemas cardíacos, la revisaban cada veinte minutos. También se cuestionó el traslado del cuerpo antes de la llegada de las autoridades, alterando potencialmente la escena.
El juzgado trata ahora de determinar con precisión la hora exacta de la muerte y aclarar aspectos del informe forense considerados incompletos o insuficientemente valorados. En paralelo, la Audiencia de Palma debe resolver el recurso presentado por la familia para que los cinco asistentes que llamaron a Emergencias y la pareja con la que se alojaba en Ibiza sean citados como investigados.
Lo que inicialmente fue cerrado como un accidente en el contexto de una fiesta privada vuelve así a plantear interrogantes sobre lo ocurrido en aquellas horas críticas en una villa de lujo de la isla de Ibiza. La reapertura no prejuzga responsabilidades, pero sí abre una nueva etapa judicial en un caso que parecía definitivamente archivado.