El giro de la cuarta temporada de ‘Los Bridgerton’ hace que sea la más interesante de todas
Benedict es el personaje principal de esta nueva entrega de la serie
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Crítica sin spoilers de la primera parte de la cuarta temporada de Los Bridgerton que se ha estrenado hoy jueves 29 de enero en Netflix. Esta tanda está centrada en Benedict (al que interpreta Luke Thompson), el bohemio de la familia. Lo interesante en los primeros cuatro capítulos es que el universo de la serie se expande, por primera vez, a los sirvientes. En una suerte de Arriba y abajo o Downton Abbey romántico, la ficción copia a La Cenicienta para crear un conflicto de clases. Tampoco es que se revolucione demasiado pero nadie espera más de Los Bridgerton. Quien quiera romance, lujo, cierto erotismo y una pizca de ironía lo va a tener de sobra. ¿Es la mejor temporada de todas? Es pronto para saberlo pero esta primera entrega mantiene el nivel. Lo mejor, de momento, es la nueva heroína de la historia. Imposible no quererla.
Romper las normas
«Para romper las normas hay que conocerlas al dedillo». Esta frase la pronunció el director Joe Wright tras rodar, en 2005, una refrescante y maravillosa versión del clásico de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio. Dichas palabras encajan perfectamente a la hora de hablar de Los Bridgerton, adaptación de la serie de libros homónimos de la escritora estadounidense Julia Quinn que narraban las aventuras amorosas de los miembros de una familia de alta cuna en la Inglaterra de comienzo del siglo XIX.

La ficción creada por Chris Van Dusen ( y producida por la mismísima Shonda Rimes- la de Anatomía de Grey-) intenta respetar los usos y costumbres de la época pero los revienta de manera tan elegante como rompedora. Para empezar se hizo un casting multicultural (cuando era impensable que en 1813 hubiese personas de distintas razas dentro de la élite social). Eso, además de una banda sonora anacrónica que adapta canciones actuales, unos actores atractivos, mucho erotismo, tramas dignas de telenovela y un empaque visual exquisito, convierten la serie en la panacea del mainstream moderno.
Al final, Los Bridgerton no deja de ser la historia de mujeres desesperadas por encontrar marido (que era lo que pasaba en esa época) pero le da una vuelta a la mencionada Austen y lo mezcla con referentes pop como Gossip Girl. Un cóctel perfecto que se ha convertido en todo un fenómeno social.

¿Nos cae bien Benedict?
Benedict siempre ha sido el artista de la familia, el menos pragmático y el más seductor. En la primera temporada le vimos manteniendo un romance con Madame Genevieve Delacroix, (la modista de la alta sociedad), además de mantener una amistad con un pintor homosexual. Luego, en la segunda tanda, el segundo hermano Bridgerton entraba en una escuela de artes plásticas, se acostaba con una modelo y tampoco le pasaba gran cosa.

En la tercera temporada, el personaje interpretado por Luke Thompson se obsesiona con Lady Tilley Arnold , una viuda mayor que él con la que mantiene intensos encuentros sexuales. Ella, en un momento dado, le presenta a otro amante y ambos le ofrecen al joven Bridgerton participar en un trío, algo que, tras pensárselo, él acepta.
Y ahora le ha tocado el turno al segundo de los hermanos Bridgerton el protagonismo absoluto durante una temporada. De hecho, para la gran mayoría de los fans de las novelas, la suya (que es la tercera de la saga aunque la serie la ha retrasado) es la mejor de todas.

Sí, Benedict es divertido y apasionado pero, hasta la fecha, ha resultado ser más un alivio cómico que otra cosa. La profundidad y la evolución del personaje han sido casi nulas (en incluso molestas en ocasiones). Ahora, por fin, parece que madura.
Lo mejor: la nueva heroína
Vistos los cuatro primeros capítulos de la cuarta temporada de Los Bridgerton podemos afirmar que lo más destacado es la nueva heroína de la historia, tanto el personaje como la actriz. Qué gran acierto ha sido elegir a Yerin Ha para interpretar a Sophie Beckett, hija ilegítima de un conde, obligada a servir como criada por su malvada madrastra y sus hermanastras. En un baile de máscaras, la joven conocirá a su príncipe (Bénedict) y éste se obsesionará con encontrarla. Sí, es La Cenicienta. No se ha inventado nada.

Pura adicción
Lo más interesante de esta cuarta temporada, además de la ya mencionada exploración de la clase trabajadora de la época, es, como siempre, el impecable ritmo narrativo. Los Bridgerton es entretenimiento de primera y crea una rosada, cursi y placentera adicción.
El primer capítulo es La Cenicienta en estado puro pero narrado con brío, por lo que los tópicos y lugares comunes se consumen con agrado. Luego, en el segundo, se da contexto y se detona la acción. El tercero es la neceraria caminata por el desierto del enamoramiento, el puente para llegar al clímax.
Con esto de dividir sus grades éxitos en volúmenes, Netflix ya enacarga sus temporadas con golpes de efecto potentes para aguantar la espera. Por lo tanto, es el el cuarto capítulo cuando se solucionan algunas cuestionas y se abre otro drama.
Le falta a esta nueva historia de Los Bridgerton algo de los dilemas morales planteaban las entregas anteriores pero promete mucho. Esperamos con ansiedad el desenlace el próximo 26 de febrero.