Día Internacional de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria

Los psicólogos advierten: “No podemos culpabilizar a una persona por tener un Trastorno Alimentario”

Los psicólogos advierten: “No podemos culpabilizar a una persona por tener un Trastorno Alimentario”

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) afectan a cerca 400.000 personas en España, según los últimos datos proporcionados por de la Fundación Fita. Mariam Fernández, psicóloga de ADANER, explica a OKDIARIO que la sociedad “no puede culpabilizar a una persona que padece un TCA” porque “la realidad es que ninguna persona que tiene un trastorno quiere estar así”. ADANER una asociación sin ánimo de lucro que trabaja en mejorar la atención y la calidad de vida de los enfermos con TCA y sus familias.

PREGUNTA. Cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la lucha contra los TCA . ¿Qué debe saber el conjunto de la sociedad sobre está enfermedad? 

RESPUESTA. Lo más importante es no estigmatizar el trastorno porque es un problema como cualquier otro. A la persona que tiene cáncer, nunca la vamos a culpabilizar de su cáncer. Entonces, ¿por qué lo hacemos con una persona con un trastorno de alimentación? No es comparable porque dos enfermedades no son comparables, pero tampoco tenemos que culparlas. Se tienen que hacer responsables de su problema, por supuesto, y tienen que reconocer que si no dan pasos no se supera. Pero no podemos estar diciendo que ‘tienen falta de voluntad’.

P.: ¿Es fácil caer en un trastorno de la conducta alimentaria?¿Cualquiera puede caer?

R.: Cualquiera no puede caer. Siempre decimos que las personas que tienen un TCA son personas que han tenido factores de riesgo previos. Ojo, tener factores de riesgo previos no significa puedas tener un TCA. Son personas muy perfeccionistas antes del trastorno, que buscan metas muy irreales, difíciles de conseguir, con una baja autoestima, con la necesidad de controlar su vida y con baja tolerancia a las frustraciones.

Siempre aparece junto a un detonante: problemas con amigos, no sentirse adaptado dentro de su grupo, sufrir bullying, cambio de ciclo escolar, el fallecimiento de una persona cercana, un divorcio, la propia maternidad, la menopausia, ir a vivir con tu pareja – algo que rompa la rutina y que provoque una situación estresante. El trastorno puede aparecer a cualquier edad.

P.: ¿Se les consideran enfermos?

R.: Son personas que tienen un trastorno psicológico, emocional. Lo padecen. Ellas no quieren tenerlo. Buscan una estrategia para controlar su vida que no es saludable y es así como se enganchan.

P.: ¿Cuándo deben saltar las alarmas en el ámbito familiar? ¿Cuáles son los indicadores que deben observar los padres? 

R.: En el caso de la anorexia se ven cambios físicos. En el caso de la bulimia no. Vemos cambios emocionales. Cuando alguien no come bien está más aislado, más irascible. Los familiares siempre nos dicen que les cambia la cara. No hay alegría en su cara. En la alimentación también se nota. En el caso de la anorexia por la restricción, mientras que en la bulimia puede desaparecer comida o se dan atracones.

En cuanto se detecte hay que ir a ver a un profesional. Y sobre todo, no centrarnos en la alimentación, centrarnos en la parte emocional que está visible. La mayoría tienen un déficit en las habilidades sociales y no expresan lo que sienten. A lo mejor no saben decir ‘no’ porque quieren abarcar todo, ser el mejor hijo o hija, el mejor estudiante, deportista… al final explotan porque ese nivel de perfeccionismo es imposible de manejar.

Si la persona reconoce el trastorno, lo primero es buscar tratamiento. Y si esa persona no busca tratamiento porque es mayor de edad y todavía no está, la familia tiene que buscar conocer e informarse sobre el trastorno. Cuanto más se informen sobre el trastorno, más cambios harán en su vida y poco a poco acabarán repercutiendo sobre la persona afectada.

P.: Muchos enfermos habrán escuchado alguna vez: “Cómete un cocido”. ¿Es contraproducente hacer este tipo de comentarios?

R.: Cuando alguien se entera de que su familiar tiene un trastorno de la alimentación, se produce una especie de terremoto en la familia. Se vive con mucha angustia, a veces, con muchísima culpabilidad. El hecho de pensar que tu ser querido ha empezado con conductas de riesgo no se ha sabido detectar a tiempo es un golpe duro. La comida es la punta del iceberg. A partir de allí, hay que dejar la comida a un lado (salvo en caso de ingreso).

Hay que buscar un apoyo en el que no nos relacionemos con la comida. Por ejemplo, si comemos  en familia, que la persona no sienta que todo el mundo la está mirando, observando. Hay que intentar desdramatizar. La mayoría de las personas lo superan, siempre hay un porcentaje, como en todos los trastornos, que se cronifican. Aunque en un momento dado el trastorno se cronifique, siempre se puede estar mejor, siempre hay esperanza para la familia y la persona afectada.

P.: Aunque se supere, ¿la persona afectada siempre debe estar atenta a no caer en viejos patrones?

R.: Una persona que tiene un TCA no puede empezar por sí mismo una dieta. Todo el trastorno empieza por la alimentación o un caos alimenticio. Una persona que ha sufrido un trastorno no puede jugar con la comida porque la obsesión puede volver a aparecer, de hecho, hay recaídas a veces y no pasa nada porque se pueden superar. Pero sobre todo en momentos en los que una situación en la vida que rompe la rutina, la persona tiene que ser consciente de que puede empezar con conductas que en algún momento les han hecho sentirse bien.

La bulimia es la gran desconocida. Hay muchas personas que tienen normo peso, sobre peso o incluso, obesidad mórbida. La persona con obesidad está muy mal vista, se las tacha de ‘vagas’ o ‘dejadas’ y a veces tienen un trastorno en la alimentación. La sociedad mira muy mal a estas personas porque dicen ‘están así porque quieren’, cuando la realidad es que ninguna persona que tiene un trastorno quiere estar así.

Lo último en Sociedad

Últimas noticias