La Policía de Madrid interviene un bar por exceso de aforo y descubre un prostíbulo encubierto

Los policías acudieron al local, situado a una manzana de la Gran Vía madrileña y la plaza de Callao, en respuesta a las quejas vecinales por el excesivo ruido que provenía del local a una hora en la que no debería tener sus puertas abiertas pero los agentes terminaron multando al propietario del club por un motivo totalmente diferente.

Ocurrió hace unos días en el centro de Madrid. Un patrulla de la unidad de policía municipal de centro acudía a resolver lo que parecía una incidencia de rutina a un club ya veterano que tenía licencia de bar especial. El local estaba facultado para abrir hasta las tres de la madrugada con un aforo máximo de 43 personas reducido en ese momento por las medidas anticovid a un 75% de su capacidad. Sin embargo, una vez  llegados la puerta del local los policías fueron descubriendo una infracción tras otra a cada paso que daban.

Para empezar el local estaba abierto a pesar de que había superado su horario autorizado de cierre. Allí se seguían consumiendo bebidas alcohólicas en la barra sin observar medida alguna. La clientela  no guardaba el distanciamiento preceptivo, no se respetaba el número de clientes permitidos en la barra, y para más ende la inmensa mayoría de los clientes que se hallaban en el local, no sólo en la barra, tampoco llevaban mascarillas.

Los policías descubrieron dos habitaciones en el sótano dispuestas para acoger encuentros sexuales

El recuento de la clientela tampoco favorecía al local, como se puede observar en estas imágenes de la intervención policial que publicamos en OKDIARIO superaban aunque por poco el aforo permitido llegando hasta las 38 personas.  Sin embargo, la sorpresa aguardaba en el sótano. Allí bajando unas escaleras a vista de cualquier cliente los policías se encontraron con dos habitaciones equipadas con bidet y decoradas con esmero. Se trataba, según fuentes policiales de habitaciones preparadas para que la clientela mantuviera relaciones sexuales con algunas de las mujeres que se encontraron en el local. Es decir, una especie de prostíbulo encubierto.

Según el propietario simplemente eran habitaciones a disposición voluntaria de los clientes que quisieran utilizarlas. Una especie de reservado como los de las discotecas pero con cama. Tras escuchar las imaginativas explicaciones del responsable y multar a todo el que no llevaba mascarilla ni observaba la mínima distancia de protección el asunto se saldó con una denuncia al establecimiento por incumplir la Ley de Salud Pública ya que las habitaciones carecían de ventilación.

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