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Salud mental

¿Qué es el sharenting?: qué hay detrás de publicar a menores en redes sociales

"¿Por qué estoy compartiendo esto?", "¿Para quién es?", "¿Podría hacerse de otra manera?", preguntas que deben hacerse los padres

Es indispensable considerar primero el bienestar del menor y entender que cada publicación genera una huella digital

Compartir y criar. Estas son las dos palabras que dan lugar a la práctica conocida como sharenting (share y parenting, en inglés). «La evidencia emergente subraya la necesidad urgente de reflexionar y regular esta conducta en pro de los derechos y la salud mental infanto-juvenil», destaca el Consejo General de la Psicología de España, que describe sus peligros, las pautas psicológicas y la necesidad de protección integral de la infancia en la era digital.

En España, el Ministerio de Juventud e Infancia ha abierto una consulta pública para regular el sharenting y proteger la identidad digital de menores, con base en la necesidad de garantizar derechos como la intimidad, la propia imagen y la participación de los menores en decisiones que afectan su vida digital. El documento de consulta reconoce explícitamente que las publicaciones de progenitores pueden tener consecuencias duraderas en el bienestar psicológico, incluyendo ansiedad, depresión o vulnerabilidad a riesgos como el ciberacoso.

Se ha evolucionado desde una forma inofensiva de compartir fotos familiares hasta convertirse en «un fenómeno con profundas implicaciones para la privacidad, la identidad digital, la seguridad y el bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes», destaca el Consejo, que difunde una guía de la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological Society, BPS) con recomendaciones prácticas para padres desde la perspectiva de la psicología educativa, centrada en los riesgos y consideraciones que se deben tener en cuenta al publicar sobre menores en redes sociales.

Además, recuerda que publicar sobre un menor en redes sociales implica asumir que el contenido puede ser visto ampliamente y quedar potencialmente expuesto a comentarios de cualquier persona con un perfil, un aspecto que no siempre se puede controlar.

La guía, resume el Consejo, no se limita a listados prescriptivos, plantea preguntas clave que todo progenitor debería hacerse antes de compartir contenido sobre sus hijos o hijas: «¿por qué estoy compartiendo esto?», «¿Para quién es? », «¿Podría hacerse de otra manera? ». “Estas preguntas, en apariencia sencillas, ponen de manifiesto un punto esencial: el impacto que tienen estas prácticas en la construcción de la identidad y en el bienestar emocional de los menores”, contaba desde el Consejo General de Psicología.

La BPS enfatiza que no se trata de culpar a los padres, dado que la culpa suele generar vergüenza y la vergüenza obstaculiza el aprendizaje y el crecimiento. Expresarlo abiertamente no implica juzgar a las familias, sino pensar de forma conjunta cómo mantener a los menores emocionalmente protegidos.

La intención, sostiene, es ofrecer ideas con un enfoque compasivo para favorecer un desarrollo saludable y promover una reflexión amable, ya que a veces pequeños cambios en la comprensión pueden marcar una gran diferencia en el bienestar infantil.

El acto de compartir no es intrínsecamente negativo, pero sí es indispensable considerar primero el bienestar del menor y entender que cada publicación genera una huella digital que puede permanecer toda la vida.

El Consejo de Psicología añade que diversas investigaciones científicas respaldan esta cautela. “Algunos estudios indican que gran parte de los padres comparte fotos, historias o vídeos de sus hijos y/o hijas sin su consentimiento explícito y, a menudo, sin evaluar las consecuencias a largo plazo para su privacidad o autonomía digital. Esta práctica puede afectar la percepción de control de los y las menores sobre su propia vida, generando incomodidad o incluso malestar, especialmente, en etapas posteriores del desarrollo”, sostiene.

Cuatro riesgos documentados

Los riesgos asociados al sharenting han sido ampliamente documentados:

Estos elementos coinciden con la advertencia formulada por el Consejo de la Unión Europea en su estrategia digital, al situar la salud mental infanto-juvenil en el centro de la protección digital, recomendando evitar prácticas de sobreexposición en redes sociales, más aún, teniendo en cuenta los riesgos psicológicos y sociales asociados.

Prácticas parentales más seguras

A partir de la evidencia actual y las recomendaciones tanto de la Sociedad Británica de Psicología como de diversos estudios, emergen principios y pautas que los progenitores pueden adoptar para un uso responsable de las redes sociales. El Consejo de Psicólogos de España enumera las siguientes:

«Estas recomendaciones no sólo minimizan riesgos, sino que pueden fortalecer la relación entre padres e hijos, al promover el respeto, la comunicación y la autonomía progresiva del menor. De forma específica, la BPS recomienda pensar detenidamente por qué se publica y qué necesidad hay detrás de la publicación, sugiriendo que celebrar logros y pedir permiso tiene más probabilidades de generar consecuencias positivas que exponer situaciones que puedan provocar malestar o vergüenza», recalca el Consejo.

También propone una pregunta orientativa: si se tratara del menor, ¿estaría contento de que esa imagen o historia se mostrara? Y advierte de que publicar cuando el niño o la niña no está «en su mejor momento» —por ejemplo, por cuestiones de salud o comportamiento— puede añadir consecuencias negativas y, además, transmitir el mensaje de que es aceptable difundir contenido de ese tipo.

Como alternativas prácticas, la BPS sugiere considerar otras formas de compartir cuando la intención es comunicar una noticia positiva o expresar orgullo: por ejemplo, optar por un mensaje directo por escrito, crear un grupo cerrado con familiares o amistades de confianza, limitar la visibilidad de determinadas publicaciones, cubrir el rostro del menor con emojis o elegir ángulos que no permitan identificarlo. En la misma línea, recomienda revisar publicaciones antiguas y eliminar contenido de años anteriores, sobre todo, si así lo solicitan los propios niños y niñas.

En conclusión, desde el Consejo se explica que el sharenting representa un desafío contemporáneo que cruza fronteras legales, éticas y psicológicas. Aunque compartir momentos familiares puede ser una forma de conexión, es crucial equilibrar el deseo de celebrar la vida de los hijos con la responsabilidad de salvaguardar su dignidad, privacidad y salud mental. Tanto la BPS, como la evidencia científica y las iniciativas regulatorias en Europa y España, subrayan que reflexionar antes de publicar no es solo una buena práctica, sino una forma de proteger el desarrollo integral de los menores en el entorno digital.