Urkullu, tras la estela de Artur Mas

El error cometido por Artur Mas al promover una alianza con la izquierda radical republicana en Cataluña convirtió a CiU en un guiñapo, además de arrastrar a Cataluña hacia el caos y la división. Bien es cierto que no es la primera vez que ocurre. Como ya sucedió durante la Segunda República, la burguesía catalana se ha vuelto a inmolar en favor de una Esquerra dispuesta a acaparar todo el control político y social. Ahora le ha tocado el turno a Urkullu. Es infrecuente ver al partido fundado por Sabino Arana deambular por las arenas movedizas del cortoplacismo, poniendo en peligro su hegemonía en el País Vasco y el éxito final del soberanismo. Es muy posible que vieran en la extrema debilidad de Pedro Sánchez una ocasión perfecta para hacer crecer la influencia de sus escaños y afianzar, vía trasferencias, su poder. No obstante, han acabado metidos en un avispero.

El pacto suscrito entre socialistas, podemitas y herederos de ETA en el Congreso ha explicitado las intenciones de una extrema izquierda dispuesta a colaborar para utilizar a Cataluña y al País Vasco como dinamita contra el actual marco constitucional. Inmersos en una dinámica revolucionaria, el asalto al Palacio de Invierno peneuvista será, más tarde o más temprano, un hecho. «La geometría variable sin coherencia es un circo político» ha dicho el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, molesto con la operación auspiciada por Sánchez.

Nadie como Xabier Arzalluz fue capaz de relatar el papel del pragmatismo del PNV en el desarrollo del proyecto soberanista vasco: “Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas”. Desde el final de la actividad terrorista, el PNV ha sabido capitalizar ambos papeles: la agitación y la recolección de los frutos. El estallido de la vía catalana y la importación del socialismo bolivariano han precipitado una geometría parlamentaria ultra fragmentada, radicalizada y dominada por las izquierdas, que ha contado con la complicidad de los nacionalistas vascos. Pues bien, les han empezado a birlar las nueces. Si no corrigen la deriva, el PNV acabará como Convergencia. Tiempo al tiempo.

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