Sánchez-Iglesias: el Gobierno más destructivo de todos los tiempos

Sánchez-Iglesias: el Gobierno más destructivo de todos los tiempos
  • María Fuster

Siendo objetivos, los españoles estamos teniendo muy mala suerte. Mala suerte porque en uno de los peores momentos de nuestra historia reciente tenemos al peor Gobierno posible. Yo creo que si hace unos años alguien me hubiera preguntado sobre cuál sería el peor Gobierno que pudiera imaginarme no habría sido capaz ni de acercarme a describir semejante monstruosidad.

Acerca de cómo han gestionado la pandemia antes (mintiendo y ocultando información), durante (improvisación, con retraso y autoritariamente) y después (dejación absoluta de funciones) sobra decir que han sido unos incompetentes. En lugar de ver el COVID-19 como el enemigo a batir, han preferido centrar el tiro en la oposición y en seguir con la hoja de ruta que se marcaron antes de que llegara el virus.

Se dice que el ladrón cree que todos son de su misma condición. Y eso les debe ocurrir a Sánchez e Iglesias, porque si de verdad piensan que con volver a sacar el tema del Valle de los Caídos o con la revisión de las señales de tráfico por ser «machistas» los españoles nos vamos a distraer y no vamos a seguir su gestión, se equivocan. Los españoles no somos tontos; ellos… ahí lo voy a dejar.

La reunión que mantuvo el lunes en Sol con la presidenta Díaz Ayuso, con esa entrada llevándose la mano al corazón, fue tan lamentable como fraudulenta. Sánchez no sabe lo que es dialogar. Su intención no era consensuar medidas para ayudar a revertir está segunda ola de contagios en Madrid. Él, fiel a su estilo, sólo quería imponer sus medidas: confinar a toda la capital para apretarnos así un poco más las tuercas y castigarnos de nuevo a todos los madrileños. Y así lo dejó claro el ministro Illa en la rueda de prensa que convocó al tiempo que comparecía el viceconsejero Zapatero.

En esta batalla yo estoy con Díaz Ayuso. Ya lo he dicho en otras ocasiones, la solución no es el confinamiento. La solución pasa por respetar las medidas (distancia social, higiene, y uso de mascarillas, sin despistarnos tampoco en las reuniones con amigos y familiares, que son el principal foco de contagios), tests en Barajas y en Atocha, tests para dar el alta a los enfermos y a los que han estado en contagio con ellos, contratar más rastreadores y reforzar el transporte público.

Pero dicho esto, vamos a hablar de lo que pasó esta semana en el Congreso y del asunto del Rey, que ambas cosas me parecen gravísimas. El protagonista no es otro que el ministro de Justicia, el señor Campo.

Que Sánchez no cree en la separación de poderes no es nada nuevo, pues ya lo dejó clarísimo en aquella entrevista de radio en la que dijo:»¿Y de quién depende la Fiscalía General del Estado? Pues eso, del Gobierno».

Si eso nos pareció poco, esta semana el ministro de Justicia, sí de Justicia, en sede parlamentaria, se dirigió a los diputados separatistas para decirles que él ya iba a dar trámite a los indultos de los golpistas, así que ahora les tocaba a ellos apoyar los Presupuestos.

¿Se puede tener más poca vergüenza? ¿Se puede mostrar más desprecio por nuestro Estado de Derecho y la separación de poderes? El pobre Montesquieu tiene que estar revolviéndose en su tumba.

Pero no todo queda ahí. El Gobierno, como comentaba al principio, sigue con su hoja de ruta previa al confinamiento y lo hemos podido ver esta semana con un nuevo desprecio a S.M. el Rey Felipe VI.

El viernes se celebraba la ceremonia de entrega de despachos a los nuevos jueces en Barcelona. Ceremonia que siempre ha estado presidida por el Rey y a la que en esta ocasión el Gobierno le ha prohibido asistir; primero, alegando motivos de seguridad (desmentido incluso por los Mossos d’Esquadra) y después, alegando «razones del día día», que nadie sabe lo que quiere decir exactamente pero que todos sabemos lo que subyacía realmente: cumplir con la enésima cesión a los separatistas.

Afortunadamente, Lesmes hizo una aguerrida defensa del Rey, quién le confirmó que él querría haber asistido. También la juez número uno de la promoción lamentó en su intervención la ausencia del Monarca, pues los jueces son al final los que imparten justicia en su nombre.

Pero esto no es todo. Una vez finalizada la ceremonia, el vocal del Poder Judicial, José Antonio Ballestero, se puso en pie y grito un «¡Viva el Rey!» respondido por el auditorio prácticamente al completo con el correspondiente «¡Viva!». Hasta aquí todo normal. Lo que no lo es tanto (hay que tener mucho cuidado con los micrófonos) es que el ministro de Justicia respondiera a esa proclama diciendo que Ballestero «se había pasado tres montañas». Otro desprecio más al Monarca.

En resumen, que mientras nuestro personal sanitario y nuestros gobiernos autonómicos y locales luchan contra la pandemia y nosotros peleamos por sacar adelante nuestros negocios, por llegar a final de mes o por no perder nuestro trabajo, el gobierno socialcomunista de Sánchez e Iglesias sigue a lo suyo. Y lo suyo no tiene otro objetivo que el de conseguir un cambio de régimen y acabar con la Monarquía, la única institución que a día de hoy nos representa con orgullo a todos los españoles y además nos mantiene unidos.

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