Regalo flores a cambio de votos

Regalo flores a cambio de votos

Palabras, palabras y palabras. Parole, parole, parole… que cantaba Mina. Sólo palabras se escucharán durante las próximas semanas saliendo de la boca de los políticos. No descartemos, además, que también les veamos regalando flores en los mercados, regando los oídos a los auditorios con benditas profecías económicas de una España mejor, llamada a liderar Europa! ¡O vayan ustedes a saber! ¡Por un voto, un millón de promesas y lindas palabras! Aterrizamos en el mundo real. el PIB per cápita en España está en 25.000 euros anuales, muy por debajo de la media de la Europa de los 28, casi 30.000 euros. Y el salario medio en nuestro país no llega a los 26.000 euros anuales.

Cerramos 2018 con 18,8 millones de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, a distancia considerable de los 19,8 millones de empleos de 2007. España está infectada por un crecimiento no inclusivo: desigualdades de renta, riqueza y oportunidades, con pronóstico severo tirando a peor. El 27% de nuestra población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Y el modelo productivo se concentra, como tantas veces reiteramos, en servicios de bajo valor añadido y con nuestro sector industrial manufacturero contribuyendo con menos del 13% al PIB.

Entretanto, los viernes al sol de nuestro Gobierno, ornamentados con vastas y generosas medidas de corte social, con toques populistas e ínfulas electoralistas, dan pábulo a un desbordado gasto público que, así por encima, podría suponer un agujero –si se suman las entregas a cuenta a las Comunidades Autónomas– de varios miles de euros para 2019. Quienes asuman las responsabilidades de gobernar España tras las inquietantes elecciones tendrán que lidiar con un repunte del déficit que solo podrá acarrear medidas nocivas bien por la vía de mayores ingresos que es lo mismo que decir más impuestos o a través de podar gasto social que es lo mismo que decir recortes de esos que enervan al respetable que da rienda sueltas a protestas callejeras.

¡Un beso y una flor!, como cantaba Nino Bravo por un voto, ¡todo vale! Pero, dicho lo anterior, la pregunta clave: ¿qué tal anda nuestra economía? Digamos que por el momento con cierta firmeza de la demanda interna frente a un entorno exterior algo complicado. El crecimiento actual de la economía española, no tan robusto como dicen, al menos es más sostenible: no todo son aquellos vientos de cola –bajo precio del petróleo, depreciación del euro…– que estimularon nuestra economía temporalmente.

Si la demanda interna tira del crecimiento, el sector exterior pierde brío, contagiado por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, que por el momento parecen relajarse a modo de tregua, y por la espada de Damocles de ese Brexit que podría dañar a Europa y, en particular, a nuestra economía, muy sensible a Reino Unido que representa un gran socio comercial y el principal emisor de turistas que llegan a España, con más de 18 millones en 2018, con superávit comercial en nuestras transacciones. Por añadidura, el panorama europeo está algo turbio, con un anémico crecimiento de la Eurozona. De momento, en 2019 tenemos avance económico, pero con tendencia a moderarse por la madurez del ciclo y el empeoramiento del sector exterior. Habrá que ver si el empleo sigue empujando y si las aún cómodas condiciones financieras animan al consumo y la inversión, con una inflación moderada y el temor a los ajustes fiscales a golpe de decreto-ley electoral que nuestro Gobierno vaya prodigando durante estas semanas.

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