En Qatar, y donde no es Qatar

En Qatar, y donde no es Qatar
En Qatar, y donde no es Qatar
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Empezando el artículo por la conclusión, diremos que, tal como se vio el domingo en el césped y en las gradas del estadio Al-Bayt, la celebración del mundial de fútbol en Qatar era completamente innecesaria. Claro, innecesaria para todos menos para los cuatro dirigentes que han puesto el cazo y para los cuatro sátrapas que se lo han llenado.

Y es innecesario porque se hubieran ahorrado la molestia y el desorden que genera a todo el mundo del fútbol (ligas, clubes, jugadores, aficionados -especialmente, los niños-, sponsors…) tener que ir a jugar a un sitio donde ni hay fútbol ni se le espera; pero, además, nos hubiéramos ahorrado la cínica exhibición de dignidad que están dando los mismos nuevos sepulcros blanqueados de siempre. Tan elevados, tan puros, tan pulcros, tan wokes como son ellos, no pueden contemplar cómo el mundo se rinde ante un país en el que Jorge Javier no podría conducir un programa o Cristina presentar las campanadas de fin de año.

Pero es lo que hay, amigos serafines. Este imperfecto mundo está lleno de qatares; en el atlas político y económico desde luego, pero también en presencia, en esencia y en conciencia dentro de nuestra avanzadísima y sofisticadísima sociedad. Veamos.

Ahora, y no hace 12 años que era cuando tocaba, nos hemos puesto melindrosos y nos escandaliza que sea el dinero el único motivo por el que la FIFA les dio el Mundial. ¡Pero si en España los clubes y los dirigentes del ramo y asociados (los Tebas, Rubis, Geris…) ya nos han explicado que un buen ingreso justifica cualquier amistad! En concreto, el Barça se pasó años publicitando a Qatar en sus camisetas y Xavi pasó en ese país, al que cree más moderno y democrático que la explotadora España, los mejores años de su vida; y el presidente de la RFEF no se cansa de repetirnos que gracias a los millones de los saudíes los clubes modestos siguen existiendo y los niños españoles pueden seguir jugando al futbol. Vamos, que el dinero no huele, aunque lo saquemos del mismo sitio en que lo llevaba escondido Papillon.

También ahora nos ha dado por empatizar con los emigrantes que trabajan en Qatar y por preocuparnos por todos los que murieron construyendo esos impresionantes y (cuando se acabe la competición) inútiles estadios. La realidad es que no se van a investigar los accidentes o las condiciones en que trabajaron en ellos, o en las que trabajan muchos de los dos millones de emigrantes que viven en Qatar y que suponen la mayoría de la población. Pero de no investigar crímenes recientes aquí sabemos bastante, que tenemos sin aclarar una buena parte de los atentados de ETA; y en no empatizar con las víctimas también tenemos experiencias muy recientes, ya sean víctimas del terrorismo etarra o de los ilegales actos y políticas secesionistas que excluyen y desprecian a la población más vulnerable. La empatía está enfocada en los criminales, a los que, de una forma u otra, se está mandando a su casa; y los crímenes que se investigan son, sectariamente claro, los de la Guerra Civil, que es como si en Qatar se investigaran los que se produjeron cuando eran parte del Imperio otomano.

Por último, y en referencia a la lucha contra el inaceptable maltrato y desconsideración hacia las mujeres, los homosexuales o algunas minorías étnicas o religiosas, tampoco podemos presumir en nuestro país de tener la puntería muy afinada. Especialmente en esta semana en que, con la obsesión de culpabilizar a todos los hombres por cuestión de su género, se está sacando a la calle, antes de tiempo, a algunos violadores condenados por gravísimos hechos ya probados y sentenciados. No sabemos si la aspiración es que su lugar en las cárceles lo ocupen los jueces machistas; de momento se conforman con enviarles a formación, pero ya sabemos cómo las ha gastado siempre el marxismo, ya sea soviético, cubano, chino o camboyano, y que después de la educación y de la formación del hombre nuevo viene la depuración.

En fin, hay veces qué crees que la columna te está saliendo demasiado irónica o demasiado exagerada, pero al final te das cuenta de que no hay ficción ni hipérbole en las comparaciones. Que lo que en realidad sobra es cinismo en toda la sociedad, ya que todos nos aprovechamos de vivir en la cara iluminada de la luna; y que nos basta con aliviar nuestras conciencias denunciando, pero sólo hasta que abren cerca de nosotros sus pobladas carteras, a ese hatajo de desahogados, corruptores y maltratadores.

Pues claro que hay cosas de las que hicimos el fin de semana que no las podríamos hacer en Qatar, pero en la tarde del domingo estábamos juntos todos los amigotes tragándonos el bodrio; y si no estamos hoy en Doha es porque el exceso de trabajo o la escasez de pecunio, que viene a ser lo mismo, no nos lo ha permitido.

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