Un partido unipersonal

Un partido unipersonal

Vinimos para regenerar la política y no paramos de fichar gallos con espolones que se las saben todas. No tiene que ver con la edad, eso de los espolones; tiene que ver con el cinismo de quienes han vivido toda la vida de la política y que, antes de que parpadees, ya han visto toda la jugada. Ese es el tipo de fichaje al que ahora se dedica Ciudadanos. Celestino Corbacho las ha visto venir y ha salido pitando, dejando a Manuel Valls con un palmo de narices.

Después de posibilitar con su voto la elección de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona, ha preferido integrarse en el grupo de Ciudadanos para poder asegurarse un puesto en la Diputación de Barcelona. En una entrevista en televisión, aseguraba que no tenía “pretensiones nacionales”. Con un cargo en la Diputación ya se conforma. Un recado innecesario para Albert Rivera, que de todos modos no le tenía a Celestino ningún miedo.

Corbacho ha visto que sus posibilidades se reducían de manera considerable con Manuel Valls y no ha dejado pasar ni una semana. Al parecer hubo una reunión en casa de Valls a la que también asistió el concejal de Ciudadanos, Paco Sierra. Ahí se lo dijo clarito. Eres estupendo, Manuel. Todo mi reconocimiento y aprecio. Pero no tienes partido y Cs me ofrece unas posibilidades que tú no. Cierto. Sólo Ciudadanos le aseguraba un puesto en la Diputación, gracias a los dos votos de la formación naranja en el órgano supramunicipal, que él mismo presidió antes de ser nombrado ministro de Trabajo en 2008.

El desencadenante de la situación ha sido la independencia de criterio de Manuel Valls y el disgusto que le causa a Rivera y su “piñol” que él personal tenga ideas propias. Vean, si no, a Pericay e Igea. Lo importante en Ciudadanos es que nadie se mueva. Ríete de Alfonso Guerra. El partido que vino a regenerar la política es el partido de un señor. De uno. Y ese señor hace tiempo que puso el partido al servicio de su ambición personal.

La idea de apoyar a Colau como mal menor era acertada. Por lo menos ahora no tenemos al frente del Ayuntamiento a los independentistas. Que Colau no es lo mismo (aunque sea un desastre) lo prueban sus lágrimas del otro día cuando después de los abucheos se acordó de sus hijos. Si fuera lo mismo, no la habrían agredido con esa violencia. Dice que la llamaron “zorra” y “puta”. Bienvenida al club, querida.

Que Maragall no haya logrado la alcaldía es un consuelo. Pequeño, pues todo está que arde ahora mismo. Los empresarios con más seny han visto cómo perdían la Cámara de Comercio por vagos y confiados. Valls se queda, con un solo concejal: Eva Parera. Dice que ya no podrá contar con Ciudadanos. Desde luego, no con este Ciudadanos. No mientras en el partido no haya cambios ni apertura. Ciudadanos es el mejor proyecto, el más interesante, el más moderno. No sé si Valls sabe de verdad qué es Ciudadanos. Qué es en sus escritos fundamentales, en los debates de sus orígenes. Y todo eso sigue ahí para quien quiera recuperarlo.

Hay un vacío en Barcelona. Sólo hace falta que Valls, si es que tiene un objetivo serio, se deje de nostalgias de los Juegos Olímpicos. Vino con una idea de Barcelona más ficticia que real. ¡La cultureta, oh! Pero está capacitado de sobras para sacudirse el mito y avanzar. Valls dice que Ciudadanos era un partido liberal y europeísta. Pero es que sólo ha conocido esta versión de nuestro partido. Se equivocará de lleno si apuesta por nuevos partidos nostálgicos de una tercera vía duranlleidana que ha sido en gran parte responsable del desastre actual. Dejemos aparcado el catalanismo, por favor. Las palabras ya perdieron todo su sentido, si es que ésta lo tuvo en algún momento. Fuera la tentación de volver, como cónyuge maltratado pero añorado, en brazos de las ideas que nos causaron tanto daño. Se impone la superación por arriba: lo que une a Cataluña con España y con Europa.

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