Pablo Iglesias: de ministro a “fistro”

Pablo Iglesias: de ministro a “fistro”

Nunca con menos se pudo llegar a más. He aquí la breve crónica del engañabobos, Pablo hiena Iglesias, a quien eso de “fistro”, le viene como anillo al dedo. El neologismo inventado por Gregorio Esteban Sánchez Fernández, alias Chiquito de la Calzada, cómico sin igual que hizo las delicias de todos, no pudo inventar palabra mejor para definir a dicho sacacuartos que llegó a la política mintiendo y hoy, ya desconceptuado y a la deriva, se agarra cual náufrago a una balsa, mendigando cualquier ministerio, aunque resulte ser el de su tumba. Aspiraciones en declive, obligan a pedir delirios. Por si cuelan.

Nunca antes tanta incultura, tanta inepcia intelectual y un desmedido apego a la traición, alcanzó el Olimpo del poder, con la salvedad del maniquí en funciones que, en cosa de fechorías y al disponer de una maquinaria mucho más engrasada y corrupta, ganó en la foto finish. Ahora, pues la vida da estos vuelcos, la hiena que le exigía al cisne cargos apoteósicos, ha de mendigar un empleo de ujier en algún gris gabinete y de no haber vacante, el puesto de aparcacoches en una de esas encantadoras y tan morbosas saunas gay que explota el suegro del maniquí. De panfletario a limosnero. Apasionante recorrido.

“¡Eres un fistro, trabajas menos que el sastre de Tarzán, cobarde!”. Así debutó el cómico en tv y sedujo a la audiencia. Un vocablo con connotaciones negativas, fruto del ingenio, una expresión marciana que también sirve para agrupar las necedades que sueltan la hiena y su portavoza, tales como: “Si nos sentamos en el Ejecutivo, seremos un país de referencia en la UE”. ¡Toma castaña pilonga! Los nuevos ricos horteras, que se las daban de revolucionarios, son propensos a proferir sandeces, sobre todo cuando les toca justificar su meteórico derrumbe. No obstante, ocuparán los escaños VIP en el Congreso.

Que para ser considerada gente de bien entre los podemitas, aparte de asearse poco, hay que aplaudir los crímenes de Nicolás Maduro y vejar a filántropos de la talla de Amancio Ortega. El fistro y su fistra tienen las horas contadas. Ni siquiera el motorizado Pablo Echenique, ni el alado Íñigo Errejón, son capaces de augurarles un lindo futuro. La choza se cae. El chollo se esfuma. Ya nadie cree en el fistro de hiena, que inicia una metamorfosis de urgencia para transformarse en rata, lo cual le permitiría huir por las alcantarillas. La legislatura del cambalache es culpable de que haya cada vez más especies en peligro de extinción.

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